Conversaciones guarras

Valérie Tasso: “Hemos retrocedido, en el 2003 podía decir cosas y ahora tengo que medir mis palabras”.

Iniciamos esta sección de ‘conversaciones guarras’ con personalidades, con Valérie Tasso. Sexóloga, escritora, conferenciante, ex prostituta, francesa y sin pelos en la lengua. Un curriculum inmejorable para hablar de sexo.

Rita Abundancia

La sexóloga y escritora, Valérie Tasso

 

En el mundo de la sexualidad y el erotismo, Valérie Tasso tiene un lugar de honor por muchos motivos. Sus libros, cuando todavía casi nadie hablaba de sexo en España, huían de esa forma tan poco atractiva y aséptica de abordar la sexualidad y se sumergían en cuestiones fascinantes como las tigresas blancas (una sociedad secreta taoísta formada por mujeres, cuyo objetivo era restaurar su juventud y conseguir la iluminación a través del sexo), el mundo de las dominatrices o los mirones de la Casa de Campo, en Madrid. Paris, La Nuit (2004), El otro lado del sexo (2006), Antimanual de sexo (2008), Diario de una mujer pública (2011), El método Valérie (2013), Confesiones sin vergüenza (2015) o Sexo 4.0-¿Un (des)orden amoroso? (2017), son altamente recomendables.

Con Diario de una ninfómana (2003), su debut como escritora que alcanzó medio millón de lectores en veinte países, sembró la semilla del escándalo, confesando al mundo que la que iba para cónsul había trabajado como prostituta en una determinada época de su vida. Y al alboroto del libro le siguió el de la película y su ‘provocativo’ cartel, que perturbó las vidas de las gentes de bien y de mal, como el propio Berlusconi.

Por si fuera poco dedicarse a estas cuestiones peliagudas y salir del armario de la prostitución, reivindicando el papel de las trabajadoras del sexo, Valérie tiene la buena-mala costumbre de decir lo que piensa y de pensar cosas a las que la reputación se la trae floja. Todo esto aderezado con su condición de francesa y su peculiar e interesante forma de concebir la sexualidad y el erotismo, que transita elegantemente por la infidelidad, las parejas abiertas o los amores posesivos y delirantes, con esa fascinante unión de contrarios. El sexo es zafio y elegante, exquisito y miserable, glorioso y triste, en blanco y negro o en tecnicolor. Es una mujer que deambula con ligueros y sin bragas por las calles de París y que, de repente, echa un kiki con un desconocido en un portal, para volver a su casa con las baguettes y los croissants para el desayuno familiar.

Ahora mismo, Valérie trabaja sobre un nuevo libro para una editorial francesa que, si todo sale bien, verá la luz en 2021 y que no estará exento de polémica. Además de sus artículos periodísticos y conferencias, ejerce como terapeuta sexual y de pareja (es miembro de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología, AEPS) y es embajadora para España de la marca sueca de juguetes eróticos LELO, donde también escribe en el blog Volonté de la web de esta firma.

¿Cómo una mujer con carrera diplomática, acaba en el mundo de la sexualidad?

Mi trayectoria es muy curiosa porque iba para cónsul pero después de hacer unas prácticas en el consejo de Europa en Estrasburgo, me di cuenta de que la carrera diplomática era fantástica para ganar mucho dinero, pero que allí nadie hacía nada. Ser un alto funcionario es muy aburrido y yo soy un culo inquieto, no me gustan nada las cosas tibias. Decidí que tenía que cambiar y empecé a viajar mucho, estuve cuatro años viviendo en Latinoamérica y en México para mejorar mi castellano y luego me vine a España.

¿Qué pasó? Pues que me junté con un tipo asqueroso. Yo era directiva en una multinacional, había dejado el mundo de la diplomacia y este señor, que era loco, acabó con mis ahorros y mi dinero (aunque también la culpa fue mía, porque en las parejas cuando algo pasa es porque los dos dejan que pase). A raíz de esto me encontré en la calle sin un duro y empecé a ejercer la prostitución. Descubrí un mundo sórdido pero a mí me ayudó a cambiar el chip. Gracias  a esa actividad conseguí remontar poco a poco y me di cuenta que el sexo era mucho más que hacer gimnasia y follar. Y me interesó tantísimo que escribí Diario de una ninfómana, mi primer libro. Más tarde, un amigo que era médico me recomendó estudiar sexología. Lo hice en el IN.CI.SEX (Universidad de Alcalá de Henares, Madrid).

Hay que reconocer que se necesita valor para salir del armario de la prostitución, aún a sabiendas de que la sociedad la iba a lapidar. Que, por cierto, siempre que se habla de prostitución se entiende que es femenina, a los hombres se les deja fuera.

No se habla de los hombres porque dicen que son minoría. Yo no estoy de acuerdo pero, además, las minorías tienen también que estar representadas. Pero, curiosamente, yo tenía más facilidad para explicar mi trayectoria en la prostitución en el 2003 que ahora. Hoy en día se te echan a la cabeza porque mezclan muchas cosas. Por un lado te dicen, haz lo que te dé la gana pero luego quieren protegerte, que no vendas tus servicios sexuales. Hay un tutelaje hacia la mujer insoportable, como si fuéramos débiles mentales. Tomar la decisión de ejercer la prostitución no es nada fácil pero de lo que se olvida la gente es de que somos muchas las que hemos decidido, en un momento determinado, hacerlo de forma voluntaria. Siempre sale a la palestra el argumento de que, “si, pero necesitabas dinero”. Y también la top model que desfila en bañador y el jugador de fútbol que usa su cuerpo y se puede lesionar. Pero cuando hablamos de genitales ya es otra cosa porque los hemos sacralizado durante siglos. Este intercambio de servicios sexuales contra un pago está muy mal visto porque se confunde la prostitución con la trata de personas. Yo siempre he dicho que intentar prohibir la prostitución porque hay trata es como intentar abolir la política porque hay corrupción.

Yo no hago apología de la prostitución pero tampoco creo que haya que demonizarla. Yo jamás he pensado que estaba vendiendo mi cuerpo, yo estaba vendiendo un saber hacer, como lo puede hacer un abogado u otro profesional. Pero este discurso a fecha de hoy es incomprensible. La gente se te echa encima. Hemos retrocedido, porque en el 2003 podía decir cosas y ahora tengo que medir mucho mis palabras, cosa que no hago.

¿Habría entonces que regular el trabajo de prostituta?

Sí, pero un paso previo es recuperar la figura moral de la prostituta. Porque si no acabas con el estigma, por mucho que regules va a seguir siendo una puta, una zorra, una frívola, una inmoral. El gran debate que se suele tocar en los medios es la rehabilitación de la figura de la trabajadora sexual. Pero para esto hace falta educación sexual. Ahora que estamos en el Orgullo, si a mí me dicen que puedo ser libre, amar a quien quiera, hacer lo que quiera con mi cuerpo, ¿por qué no puedo ejercer la prostitución, si es una decisión libre?

Yo con el libro tenía claro que había que dar la cara. Luego salieron otras mujeres, que también contaban que ejercían la prostitución, pero desde el anonimato. Lo entiendo pero no lo comparto. Si luchas por el derecho a ejercer una actividad que está mal vista, estás luchando contra el estigma, contra la mujer puta 24 horas al día, porque a la puta nunca se la ve mujer, madre o abuela. Siempre se la ve puta. La visión de que una prostituta es una pobre chavala que no tiene estudios, que es vulgar, que no sabe hablar y que lo único que sabe es abrirse de piernas. Yo quería luchar contra esta imagen porque no siempre es así. Hay pobres chicas que están tratadas pero eso no es la prostitución. Cuando comparo la trata de personas con la industria textil la gente se me echa encima. Vais a grandes almacenes a comprar una camiseta de 5 €, sabiendo perfectamente que la ha hecho un niño por medio dólar al día. ¿Por qué no hablamos de la trata de personas?

El cartel de la película Diario de una ninfómana, basada en su libro, dio también mucho que hablar, rasgó muchas vestiduras. A mí me parece exquisito. Muy francés.

Si, y no solamente en España sino en Italia. En el 2009 me fui con la actriz protagonista, Belén Fabra, a Italia para la premier de la película, que se compró a 43 países. ¡Una locura! Tenía muchas entrevistas en la radio y televisión italiana, pero todo se anuló porque estábamos en el ‘bunga bunga’ del señor Berlusconi, todo ese escándalo de sus fiestas con menores y prostitutas; y entonces llego yo para hablar de prostitución en el peor momento, cuando él estaba intentando lavar su imagen.

Me anularon mis apariciones en los medios, porque pertenecen a Berlusconi y el cartel de la película no salió en ninguna parte del país, solo en los cines. Yo me cabree muchísimo y dije lo que pensaba en una rueda de prensa y, al día siguiente me invitaron ‘amablemente’ a abandonar el país. En la rueda de prensa había una señorita que me estaba dictando lo que tenía que responder y lo dije allí mismo, porque eso no lo podía admitir. Recuerdo que en el aeropuerto era una pesadilla porque te veías en todos los periódicos y revistas, como si fueras el mismo diablo. Estuve una temporada sin volver a Italia.

Era divertido porque, mientras en la televisión italiana las chicas salían enseñándolo todo, la gente criticaba el cartel, que yo creo que es muy elegante. Siempre he pensado que lo que más molestó no fue tanto la imagen de una chica que se toca, sino la palabra ninfómana.

El cartel de la discordia, censurado en las marquesinas y en las vallas publicitarias.

El sexo puede entenderse de muchas maneras, como un instinto, un juego, una dimensión importantísima del ser humano, un mero relajante natural. ¿Qué es el sexo para Valérie Tasso?

Probablemente, al ser sexóloga peco de teorizar demasiado. Es un concepto muy amplio y, a menudo, confundimos sexo y sexualidad. Todos somos seres sexuados. Un sistema endocrino, unos genitales, una escala de valores. Eso es ser un ser sexuado. Y luego está la sexualidad, la condición de ser sexuado y si lo pones en práctica o no. La sexualidad es un juego maravilloso, una actividad lúdica que nos permite conocernos a nosotros y al otro, aunque el otro siempre sea el extraño.

Existe esta expresión “follar como animales”, pero el sexo no nos hace más animales, nos hace más humanos. Es una de las condiciones para nuestra humanidad, como el lenguaje. No en vano el psicoanálisis decía que había dos cuestiones importantes en el ser: el sexo y lenguaje. Otra cosa es el discurso que nos han vendido alrededor del sexo, que es muy masculino coitocéntrico y falocéntrico. Yo recuerdo que antes se hablaba de ‘sexo completo’, la relación sexual completa era con penetración. No en vano, Bill Clinton declara no había tenido relaciones sexuales con Mónica Lewinsky porque solo había tenido sexo oral. Esto para los americanos no entra en la idea de sexo completo.

¿No cree que el sexo tiene una connotación muy atávica y profunda? La gente puede admitir que es mal cocinero o bailarín o que se le dan mal los idiomas, pero nadie dirá que folla mal, aunque lo pongan en el potro de tortura. Es algo que puede herir profundamente nuestra sensibilidad, muy misterioso y provoca mucha ira en los demás ( las que escribimos de sexo somos, a menudo, el blanco de insultos y susceptibilidades). Es la Caja de Pandora de nuestros miedos, inseguridades, frustraciones. Definitivamente, algo oscuro.

Si a mí también me ponen a parir, obviamente. ‘Esta nos va a enseñar ahora a follar’, ‘¡qué tonterías dice!’, cuando realmente el tema del sexo es apasionante. Pero es que cuando tocamos el sexo tocamos los miedos, bloqueos, la vulnerabilidad del otro. La gente intuye que en el fondo de esto hay algo muy gordo.

Yo siempre soy partidaria de hablar del sexo como un valor, pero un valor que es problemático. Porque está tocando lo más hondo de la persona, en carne viva, y me gusta hablar de sexo sin banalizarlo, porque ahora que estamos en esta época en la que tiene que haber sexo por todas partes. El sexo necesita algo de prohibición, algo de interdicto, como decía el antropólogo francés Georges Bataille. Si no le ocurrirá como a la violencia, las películas la han banalizado tanto que ya nos parece algo normal. El sexo debe tener algo sagrado para poder generar morbo. Si todo se destapa, todo se dice, todo se experimenta (que luego, tampoco es verdad), puede que lleguemos a la banalización del sexo. Pero este debe conservar esa connotación misteriosa y oscura, que es muy interesante.

Cada época ha tenido su forma de entender el sexo. ¿Cómo ve la actual? ¿No cree que con el capitalismo sexual, donde prima la cantidad a la calidad, estamos perdiendo el feeling? Es algo visible incluso en el porno. En el vintage, todo parecía más real. O eran grandes actores, o realmente se lo estaban pasando bien. Ahora parecen robots.

Hay una autentica mercantilización del sexo. Estamos en el fetichismo de la mercancía, como decía Marx, pero este ha llegado a los cuerpos a través de apps y plataformas diversas. Hay una hipersexualización en la que el que no folla es que tiene un problema y lo único que está generando esto son más problemas.

No hay que hacer del sexo algo terriblemente solemne pero algo de solemnidad estaría bien. No hay que volver a una sociedad represiva, prefiero esta mil veces, pero se ha roto el modelo antiguo para generar otro, que es una antítesis y ya sabemos que los polos opuestos nunca son buenos. Ahora la mujer tiene que eyacular, tener varios orgasmos en una sola sesión de sexo, masturbarse constantemente y tener una variada selección de juguetitos sexuales. En el fondo, hemos mercantilizado la sexualidad y la hemos convertido en una obligación.

¿No cree que esta mercantilización también afecta a la forma de acercarse al otro, a la seducción? Parece que ese juego ya no se lleva y la gente alardea de que es muy directa, como algo positivo. Hay una forma más burda de tratarse, por parte de los amantes.

La sociedad busca euforias a toda costa. Hay un imperativo de gozo (eso lo dijo Jacques Lacan, el psicoanalista francés) que hace que todo sea más urgente; y la seducción, si nos la podemos pasar, mejor. La prisa nos impide este juego de seducción, fundamental para generar el morbo, y lo sustituimos por una búsqueda infantil de la euforia. En las redes sociales se llama mucho al ser emocional. La gente ya no razona, se mueve por las emociones. La emoción es buena pero si te mueves por ella todo el día acabas convirtiéndote en una niña que patalea. El deseo desaparece porque lo que pensamos que es deseo es más la pulsión, lo que define al niño, que no tiene un objeto claro de lo que quiere. Yo creo que nos están infantilizando, generando una serie de búsquedas de euforia, y vendiendo esto como la verdadera felicidad.

Hay un imperativo de gozo, una falta de tiempo y una vitrina de cuerpos a tu disposición. Antes la gente se divorciaba porque no se llevaba bien, ahora lo hacen porque pueden conseguir algo mejor. ¡Fíjate que gordo!

Portada del último libro de Valérie Tasso.

Una oferta tan extensa no es buena. La gente dice: ‘me gusta este chico/a pero quizás haya alguien mejor’. Es como cuando vas a esas tiendas de EEUU y hay tanta ropa, que los percheros están a rebosar. Generalmente no compro nada. Me abruma esa abundancia. Demasiadas posibilidades de elección es casi como que no haya ningunas.

Se ha generado esta facilidad de reemplazo, el ‘si no está conforme le devolvemos el dinero’. Hay mucha gente perdida con el erotismo que nos están vendiendo, con la abundancia y la obsolescencia del ser (cuando ya no me sirve, lo tiro). Yo lo veo mucho en mi consulta. Me gusta alguien, pero… También nos han vendido el estar permanentemente enamorados. A la sociedad no le va bien que haya parejas que cultiven el amor, que es algo muy farragoso. Parece ser que las parejas ‘enamoradas’ consumen más. El enamoramiento es ese boom químico que te da durante un tiempo y que luego dices ¿cómo he podido estar con esta persona que es absolutamente estúpida?

¿En esta época de deshumanización total, donde se tiende a la robotización (se dice que las máquinas quitarán el trabajo a las personas, pero yo creo más bien que nosotros les quitaremos el trabajo a las máquinas), no cree que el sexo puede ser una buena herramienta para evitar perder nuestra humanidad, con esa parte instintiva que nos hace vulnerables?

Estoy de acuerdo pero eso no es posible con el sexo que nos venden. En España hace falta educación sexual. La educación sexual de ahora se reduce a lo que no es: ponte el preservativo, no te quedes embarazada si no quieres. Eso es salud sexual, que es parte de la educación sexual pero es una pequeña materia. Ahora bien, trabajar los deseos, los afectos, entender lo que realmente quieres o no quieres. El maltrato a hombres y mujeres (es cierto que hay más mujeres maltratadas, pero también hay hombres y, como son minoría, no se tocan). Todo eso forma parte de la educación sexual, pero no debería estar en manos del Ministerio de Sanidad, sino del de Educación, porque necesitamos una educación sexual integral.

Estoy de acuerdo contigo, el sexo nos puede devolver la humanidad pero para esto hace falta educación, si no todo irá a peor. Y entramos ya en la era del transhumanismo. Me preocupa mucho este tema.

¿Cómo se definiría sexualmente: aventurera, transgresora, hedonista…?

Como una hedonista que está en paz consigo mismo. Empecé mi vida sexual muy pronto para la época. Soy del 69, tengo 51 años. Empecé a follar pronto y mal. Provenía de una familia muy represiva y yo era muy rebelde, curiosa y quería probar y probar. Eso me ha permitido, en la madurez, saber elegir mejor. Evolucionamos mucho en el sexo, lo que es fantástico. Nunca des por hecho lo que le gusta a tu pareja, porque lo que le agradaba hace 20 años puede que ahora ya no le apetezca.

Nunca he tenido problemas con mostrarme muy sexual, incluso cuando se le pedían a las mujeres que no lo fueran (tal vez porque soy francesa y hemos tenido más educación sexual). Nunca he tenido problemas para hacer explícitos mis deseos hacia un hombre. Y esto me ha cerrado muchas puertas pero me ha abierto a muchos amantes. He follado con muchos gilipollas y desde aquí aprovecho para lanzar un mensaje “hay que follar con gilipollas”. Porque solo puedes llegar al éxito a través de algunos fracasos.

¿Es mejor, entonces, tener mal sexo, que no tenerlo?

Bueno ahora voy a serte sincera. A mi edad prefiero un buen libro. De joven leía mucho pero si se presentaba la ocasión la aprovechaba. Ahora prefiero un libro a una sesión de sexo con un tonto que no se ha enterado de nada y lo único que va a hacer es tocarme y mal. Y también he tenido amantes mujeres, porque he querido probar de todo. Pero no me defino por mi sexualidad. Creo que es un error, soy ante todo Valérie. Nunca me he considerado lesbiana ni hetero rígida. Creo que ahora hay demasiadas etiquetas y la gente se hace la picha un lío. Hay cada vez más colectivos pero, al mismo tiempo, cada uno quiere su etiqueta personal, lo que resulta una paradoja.

¿Las personas inteligentes follan mejor con los años, al margen de los límites de la edad?

No es lo mismo tener 20 añitos que 50. Yo a los 20 no había experimentado un orgasmo jamás, a los 50 me doy permiso para tenerlos. Sí, imagino que una persona que evoluciona normalmente tendría que follar mejor con los años. ¡Por supuesto! Aunque también está el que no aprende nunca.

Las mujeres con cierto bagaje tienen ya las ideas muy claras. Hay algo que nos define y es que, como decía Ovidio, del siglo I después de Cristo, “prefiero una mujer de 35 años (que entonces era una anciana) porque ha conseguido pasar del espanto del sexo al placer”. Ya no hay tantos miedos y una mujer o un hombre, con cierto bagaje y madurez, debería ser un buen amante o, al menos, saber lo que está haciendo. Aunque tampoco me gusta generalizar. Cada uno es un mundo y, además, por mucha experiencia que se tenga con el sexo cada vez es una primera vez, y eso es muy bonito.

Si pudiera viajar en el tiempo, ¿qué época elegiría en materia sexual, cuándo cree que el sexo se ha vivido de forma más placentera?

Yo me iría a la Grecia Clásica. No existían etiquetas, no había homosexualidad ni heterosexualidad. Tal vez elegiría vivir como una hetaira, prostitutas sagradas, que eran muy respetadas y tenían mucho prestigio social. Eran las únicas mujeres que podían participar en los simposios, reuniones festivas de políticos, filósofos, artistas y eruditos.

¿Cree que asistimos a un cierto desencuentro y fricción entre los dos géneros?

Sí, yo creo que hemos hecho cambios; pero, en el fondo, y no hemos cambiado nada. Hemos luchado contra un modelo muy machista (hombre deseante, mujer como elemento deseado), donde había una víctima y un verdugo, pero hemos instaurado nuevos roles.

Hemos luchado contra un modelo de cuerpo que se nos vendía y, al final, hemos instaurado muchos modelos más. Puedes entrar en el modelo de mujer obesa, en el de mujer que no se depila, en el de mujer natural, que no se maquilla. Hemos generado otros muchos patrones. Eso no es revolución, son cambios que vuelven a generar lo mismo, modelos a seguir. Lo deseable hubiera sido el no generar más conductas, ni intercambiar papeles.

Siempre he pensado que hombres y mujeres deben trabajar de la mano. En mi consulta me encuentro con señores que tienen un miedo atroz, por el tema del consentimiento. Porque el lenguaje es ambiguo. Un no es un no, eso está claro. Pero en una relación tú puedes jugar con el lenguaje. No somos robots, no somos binarios, no somos uno-cero. En el BDSM también hay muchos juegos. Hay gente que llega a mi consulta y me dice ‘me gusta esta chica y nos gustamos mucho pero ¿qué pasa si me acuesto con ella y no se descifrar su comunicación no verbal?’ Por eso aquí insisto en la necesidad de una buena educación sexual. Así todo esto quedaría más claro.

¿Se atreve a dibujar cómo será el sexo de la nueva normalidad? El Covid nos ha relegado a las relaciones digitales y nos ha hecho añorar la carnalidad, el flirteo, la seducción.

No lo sé, si fuera así escribiría un libro, me forraría y me iría al Caribe (jajaja). Me da miedo que la pandemia sirva de excusa para dos extremos: volver a una ola muy puritana, que demoniza al sexo (esas olas puritanas que vuelven cada X años y que nacen en los países anglosajones). Y, también puede ocurrir todo lo contrario, nos quitamos las mascarillas y follamos como conejos (ese follo con cualquiera de la píldora y los hippies, que fue un desastre). Pero siempre he pensado que el sentido común iba a ganar la partida. Espero que la gane. De aquí a 20 años generaremos otras herramientas. Un abrazo, un juego de seducción no pueden desaparecer porque, entonces, desaparecemos todos.

¿Qué tienen los franceses que parecen vivir la sexualidad de forma tan intensa y chic? O, ¿es solo un mito?

Los amantes franceses que he tenido (y no soy nada chovinista con los franceses, más bien soy muy crítica con mi país) eran grandes amantes, tal vez he tenido mucha suerte, ¡quién sabe! Hemos sido el país de la libertad, aunque ahora Francia está volviendo para atrás, desafortunadamente. Hemos sido el país de Madame Claude, de los burdeles. Te vas a Paris y hay clubs de todo tipo, abiertos hasta el amanecer, donde puedes practicar todo tipo de sexualidad. Hemos tenido más educación sexual, a Francia iba la gente a ver cine que estaba prohibido en otros países, como España. Hemos tenido una relación más natural con el sexo y hemos podido acceder a libros de sexualidad, desde muy jovencitos. En el cole había educación sexual, aunque dependía de la biología. Un error, porque el sexo es más cultural que biológico. Se nos enseñaba partes de películas. Y luego, también está el hecho de que se idealiza mucho el acento francés, jajaja.

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