Trastornos socioemocionales derivados de la enseñanza de las matemáticas

  Nunca fui muy buena en matemáticas aunque, a decir verdad, mis profesores tampoco. En el instituto tenía uno al que llamábamos por su apellido, San Luís, y que se jactaba de suspender a toda la clase, hasta al cerebrito que sacaba sobresalientes en todas las asignaturas. “Es muy bueno”, decían el resto de profesores,…

Rita Abundancia

 

Nunca fui muy buena en matemáticas aunque, a decir verdad, mis profesores tampoco. En el instituto tenía uno al que llamábamos por su apellido, San Luís, y que se jactaba de suspender a toda la clase, hasta al cerebrito que sacaba sobresalientes en todas las asignaturas. “Es muy bueno”, decían el resto de profesores, “con él no aprueba nadie”. El truco en pasar con un cinco raspado esta dura materia consistía en ir a clases particulares. Allí un profesor  menos “bueno” convertía el misterio insondable de las derivadas e integrales en algo entendible y asimilable y, al final de curso, el dinero que tus padres se habían gastado en este extra se traducía en un aprobado y en perder de vista a San Luís; quien, incomprensiblemente, seguía en su puesto de manera incuestionable.

¡Qué quieres hija, lo tuyo no son las matemáticas! Esta era la conclusión de muchos padres y alumnos tras pasar por las manos de este magistral profesor. Sinceramente, no creo que las matemáticas hayan sufrido la fuga de un cerebro cuando decidí pasarme a letras, pero creo que entender ciertos conocimientos elementales de esta materia no es algo que esté reservado, exclusivamente, a mentes privilegiadas. El problema estaba más bien en los profesores, que no sabían enseñar; o en el sistema educativo, que mantenía en plantilla a alguien con la indecente tasa de aprobados de cero en una clase de, aproximadamente, 30 alumnos.

Las matemáticas siempre fueron un hueso duro de roer en nuestro país. De eso vivieron y viven academias de clases de repaso. Con la inepcia del profesorado un hermano mío ganó dinero enseñando números y física a universitarios y alumnos de instituto. Gracias a personajes como San Luís, David Calle se hizo famoso con su canal de Youtube, Unicoos, donde enseña matemáticas gratis y cuenta con miles de suscriptores en todo el mundo.

Con nuestra ya legendaria dificultad para el cálculo resulta que ahora la cosa se complica porque el nuevo curriculum de enseñanza primaria del actual gobierno contempla en su borrador, que ya ha enviado a las comunidades autónomas, incluir en la asignatura de las matemáticas un sentido socioemocional y una perspectiva de género.

El borrador, del que algunos diarios han adelantado algunos párrafos, pretende grandes cosas: “adquisición de destrezas emocionales dentro del aprendizaje de las matemáticas”, “fomentar el bienestar del alumnado y el interés por la disciplina y la motivación por las matemáticas desde una perspectiva de género a la vez que desarrolla la resiliencia y una actitud proactiva ante nuevos retos matemáticos, al entender el error como una oportunidad de aprendizaje y la variedad de emociones como una ocasión para crecer de manera personal”. Busca también “el progresivo descubrimiento de las profesiones y la generación de intereses vocacionales libres de estereotipos sexistas”.

Dentro del apartado dedicado a los principios pedagógicos, el borrador se compromete a tope en “la educación para la paz, el consumo responsable, el desarrollo sostenible y la educación para la salud, incluida la afectivo-sexual. Así, también se dará especial atención a la educación emocional y en valores y a promover la autonomía y la reflexión”.

Una no puede evitar imaginar que, de cumplirse esta utopía (cosa que dudo), los alumnos deberían emigrar nada más concluir sus estudios. ¿Qué empresa en España estaría interesada en contratar a librepensadores independientes, con autonomía de reflexión y con destrezas emocionales? ¿Amazon?

Pero no seamos malos, finjamos que la sociedad y el mundo laboral valoran todas estas cualidades y que en España necesitamos algo más que camareros y recepcionistas de hotel. Además, uno debería educar a los niños como como toca, independientemente del despiadado mundo al que luego serán catapultados ¿O no?

Sea como fuere, para empezar veo un gran problema, que es encontrar a profesores que sepan enseñar matemáticas, que sepan enseñar perspectiva de género, que sepan enseñar a manejar las propias emociones y que sepan enseñar resiliencia y proactividad. Que reúnan saberes tan dispares y los relacionen, y que tengan la habilidad de explicar esto a sus alumnos de manera atractiva, sin que les estalle la cabeza en mil pedazos. Buscamos, en realidad, a un hombre/ mujer renacentista, que sepa de números, de psicología, de filosofía y de género. Y no necesitamos uno ni dos, sino muchos para llenar las plantillas de todos los colegios de España.  ¡Créanme!. No disponemos de este espécimen en la variada fauna ibérica.

No suelo coincidir mucho con los políticos del PP; pero en este caso, y sin que sirva de precedente, secundo las palabras de Ana Pastor. “Si lo hicieran aposta no lo harían peor”. “Y yo quiero decir que es que han perdido el norte. Hablar de matemáticas socioemocionales… Las niñas estamos igual, o si me permiten, más capacitadas que los hombres para las matemáticas y para lo que se nos ponga por delante. Lo cual no quiere decir que tengamos que decir tonterías y bobadas todas las mañanas a ver si hacemos un titular”.

Ayer fui a la frutería y la caja no funcionaba, aunque las dependientas podían abrirla y manejar el dinero. Mi compra costó 6,30 € y yo le di a la chica que me atendió un billete de 20. Incapaz de contar mentalmente (70+30 céntimos hacen 7 euros+3= 10. Más 10 =20), tuvo que buscar una máquina calculadora para saber el dinero que tenía que darme de cambio. Con este panorama yo, de momento, me contentaría con que la gente supiera hacer estas operaciones. Pudiera sumar, restar, multiplicar y dividir. O pudiera entender lo que están leyendo, porque los informes PISA son bastante desfavorables para nuestro país.

El último, el de 2018, muestra los peores resultados en ciencias desde que arrancó el test en el año 2000. En matemáticas están estancados; la media ha sido de 481 puntos, cinco menos que en la última edición de 2015, cuando se alcanzó el mejor resultado de la serie histórica. En ambas disciplinas, los españoles están por debajo de la media de la OCDE, de 489 puntos.

En comprensión lectora, España se quedó fuera en esta edición, por anomalías detectadas en las pruebas. Y esto es algo que se comprueba a menudo en las redes sociales. La gente no sabe interpretar lo que escribes. ¡No digamos ya si se emplea la ironía o la metáfora!

No pretendo con este artículo ganarme el odio del profesorado y me consta que hay excelentes profesores con muy buenas intenciones, que se ven enterradas en las directrices y normativas del centro o de los planes de estudio. Así pues y estando las cosas como están, antes de matricularnos en inglés advance, sin saber nada de la lengua de Shakespeare, mejor que empecemos por el nivel básico.

Yo, de momento, dejaría esas pajas mentales y enseñaría matemáticas, física, geografía, historia, arte… Veo conveniente una asignatura que trate de todas esas cosas que no se enseñan en el colegio y que son fundamentales en la vida: filosofía, pensamiento crítico, enseñar a dialogar con otras personas que opinan de forma diferente sin acabar a palos (fundamental en nuestro país), salud, ética, ecología, moral, género. Llámenla como quieran, tal vez podría ser ‘Sentido Común’. Y luego, siempre he estado a favor de una educación sexual. De calidad y ajustada a la edad del alumno. Y dejemos ya de definir esta materia como ‘educación sexual y afectiva’, porque la sexualidad también engloba a los afectos.

Imagino, este mes de agosto, a los profesores de matemáticas temblando y preocupados en como hincarle el diente a las matemáticas socioemocionales, de género y proactivas. No creo ni que Hipatia de Alejandría lo tuviera claro. En España, en los últimos años, se han sucedido tantos planes de estudio que recitarlos todos se ha convertido en un trabalenguas: LODE (1985), LOGSE (1990), LOCE (2002), LOE (2006), LOMCE (2013) o LOMLOE (2020). Ninguno parece haber mejorado el nivel del alumnado o reducido la tasa de fracaso escolar. Más bien lo contrario. Se nos dan mal los números, pero en lo que somos maestros es en presentar algo como novedoso e innovador para que, finalmente, siga siendo lo mismo de siempre. ¡O peor!

Claro que ¿sirve de algo forjarse un curriculum brillante a base de esfuerzo cuando los políticos se lo inventan, a la carta, en una tarde?

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2 Comentarios
  1. Las mates no son difíciles. Nada es difícil si hay un buen metodo, un buen docente y unas ganas de aprenderlo.. muy buen artículo.

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  2. Yo recibí clsses de S. Luís ya hace unos cuantos años, en concreto en 2° de BUP . Recuerdo que fue duro y durante un trimestre fui a clases particulares y el otro profesor no era tan bueno. Después de buscar el solucionario de la materia trabajé duro y al final aprobé en junio. Dos años después, en COU fue otra vez el profesor de matemáticas este año las cosas fueron diferentes, todo resultó mucho más sencillo e incluso divertido. El problema fue el cambio radical en el temario de mates, pasar del mundo de lo concreto al mundo abstrato de las matemáticas. Ese año duro me ayudo a pasar las mates de 3° BUP sin problemas.
    Los profesores del tipo San Luís quizás no fueran los más adecuados para un curso de 2° de BUP, de cambios tan trascendentes como los que se iban a producir. Recuerdo que en ese curso también se estudiaba Latín y era para todos. El estudio en esa época resultaba más exigente, sobre todo para los estudiantes.

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