Teletrabajo, ¿trampa o bendición?

La crisis del Covid ha puesto sobre la mesa la modalidad del teletrabajo. Pero esta opción, en principio atractiva para muchos, puede desembocar en una herramienta muy poderosa para empresarios obsesionados en abaratar costes y sueldos, si no se regula adecuadamente.

Rita Abundancia

Foto de Sincerely Media para Unsplash.

 

Tras la caída del estado de alarma, el pasado 21 de junio, el carácter preferente del trabajo a distancia frente al presencial llegará a su fin el 21 de septiembre (si todo va bien y no hay rebrotes, ni una segunda oleada del virus). Así, el experimento masivo e improvisado de teletrabajo habrá cumplido seis meses en un país en el que la faena sigue siendo una maldición bíblica y el presentismo, la virtud más valorada por los jefes. ¡Hombre, es de los últimos que se van a casa, a las ocho todavía está en la oficina! Expresión que he oído muchas veces por parte de los superiores y que para ellos es sinónimo de excelencia; cuando en la mayoría de los países del mundo significaría todo lo contrario, alguien que necesita más horas que sus compañeros para hacer su tarea.

Recuerdo que cuando me echaron de la revista Elle, en la que estuve ocho años trabajando, la directora, que entonces era Susana Martínez Vidal, me llamó a su despacho para darme la feliz noticia. Como se supone que las empresas deben darte un motivo de despido (o al menos, antes tenían esa deferencia), ella alegó que a menudo me marchaba a mi hora (cosa que tampoco era cierta, porque hacíamos muchas horas extras no pagadas). En opinión de Martínez, aquello era el peor de los delitos y una causa justificada de despido, que luego resultó ser improcedente. La anécdota resume a la perfección lo mal valorado que está en España cumplir con el horario.

Durante la pasada cuarentena, EADA, Business School, una escuela de negocios en Barcelona, realizó un estudio titulado Teletrabajo en tiempos de Covid, en el que se pretendía analizar la forma de teletrabajar, el grado de satisfacción y productividad, sus efectos en la conciliación y la opinión de directivos y empleados. La muestra comprendía a 600 profesionales de más de 18 años en Cataluña y las encuestas se realizaron entre el 16 de abril y el 6 de mayo.

A grandes rasgos, los resultados decían que casi la mitad (46,4 %) reconocía trabajar más de ocho horas diarias y las interrupciones familiares eran la primera barrera para concentrarse (42%), seguida de un espacio físico inadecuado (33%). Las mujeres tenían más problemas para separar el tiempo de trabajo del de ocio (59%), que los hombres (47%). Más de la mitad de la muestra (53,8 %) preferiría seguir trabajando presencialmente y un 48, 1% cree que con esta modalidad se trabajarán más horas, frente a un 36,3 % que sostiene que eso solo sucederá en casos específicos, y un 15,6 % que piensa que no tiene por qué ocurrir.

Aline D. Masuda, autora del estudio, junto con Luciano Strucchi y Edgar Quero, tiene un doctorado y un máster en Psicología Organizacional Industrial, por la State University of New York, y es profesora e investigadora en EADA Business School.  Ella subraya que esta implantación improvisada del teletrabajo ha tenido, por lo pronto, sus primeras víctimas, “las madres con hijos o mujeres con personas mayores a su cargo, que se han visto sobrecargadas en sus tareas. Algo que ya denunció Sheryl Sandberg (COO de Facebook) a la cadena CNN, diciendo que si antes de la pandemia las mujeres tenían una doble jornada (el trabajo fuera y el de casa) ahora tiene una triple (cuidar a los niños en casa, al mismo tiempo que teletrabajan).

¿Están los altos cargos cualificados para el teletrabajo?

“El teletrabajo puede ser una excelente herramienta para la conciliación; el problema está en la mentalidad de los directivos y altos cargos, que son los que organizan y coordinan a sus trabajadores”, apunta Ernesto Poveda, presidente de ICSA, empresa especializada en investigación, consultoría, sistemas y aplicaciones en recursos humanos, con sede en Barcelona.

“Conozco muy pocos directivos que sepan asignar tareas y que tengan los objetivos claros”, continúa Poveda, “la mayoría no saben planificar, piden por pedir (sin tener una idea clara de lo que quieren y buscándola por descarte) y practican el ‘aquí te pillo y aquí te mato’. Esto lo único que crea son equipos que no consiguen sus objetivos, con un nivel de productividad muy bajo y una gran toxicidad en las organizaciones. El teletrabajo puede ser un excelente facilitador, un gran generador de productividad pero en manos como estas se convierte en un machaque, con jefes que son capaces de llamar a un empleado un sábado a las 14:00 para que tenga un informe a las 17:00”.

Otro de los aspectos positivos del teletrabajo es que con este sistema es más fácil reconocer a la gente válida de la no válida. Se avecinan malos tiempos para los que hacen que trabajan, los que roban ideas ajenas y las convierten en suyas y los pelotas, que tantos frutos cosechan con su adulación reiterativa e incondicional; aunque los imagino ya trabajando en una nueva modalidad online.

“El peloteo es todavía muy rentable. Arreglar en el bar, con cuatro bromas, lo que no se ha hecho en la oficina es muy español; pero con el teletrabajo esta tarea se vuelve más complicada, porque la presencialidad es un requisito esencial en este arte”, sentencia Poveda, quien sostiene que el teletrabajo ideal debe guardar también momentos en los que el equipo se reúna face to face, para tratar temas importantes y porque eso crea espíritu de grupo. “En mi empresa tengo una socia trabajando en Orlando (EEUU), es responsable del área de administración y proyectos y con las nuevas tecnologías no hay problema. Actualmente pago 1.200 € de alquiler de mi despacho pero estoy pensando que, como no lo utilizo a tiempo completo, tal vez pueda compartirlo con otros colegas”. La reorganización de los espacios laborales será otra consecuencia del teletrabajo que, nos guste o no, ha llegado para quedarse.

Las virtual water cooler time

Aun cuando muchos trabajadores celebren la opción del teletrabajo, hay que ser consciente de sus defectos. Uno de ellos es la falta de comunicación con los compañeros, por eso muchas empresas han ideado ya lo que llaman virtual water cooler time. Según Aline D. Masuda,los empleados que trabajan desde casa suelen tener relaciones más débiles con sus colegas en comparación con los que no trabajan a distancia. Fuera de la oficina uno pierde la oportunidad de compartir buenos momentos con los compañeros durante las horas de café. Esas charlas informales son valiosas; ya que no solo crean vínculos, sino que también sirven para compartir ideas y resolver problemas. Algunas empresas afrontan este problema programando un ‘virtual water cooler time’ que sería un café virtual donde sus empleados se reúnen 30 minutos para chatear”.

“Lo que no creo que vaya a haber es una vuelta a la situación laboral anterior tras el fin de la pandemia”, sentencia Poveda, “será un nuevo escenario con muchas incertidumbres y no va a haber un retroceso en el uso de la tecnología. Ya hay aplicaciones para medir y optimizar el trabajo de alguien a distancia, como WorkMeter, que muchos utilizarán para tener controlados a sus empleados. A mí me gustaría que en esta nueva etapa laboral que empieza imperase la confianza. Una nueva relación jefe-empleado que acabara con el estereotipo del empresario-trabajador; que más que una relación de interdependencia era una lucha fratricida. Los directivos tenemos el deber de elegir a personas competentes, y luego darles autonomía y fiarnos de ellas”.

La necesaria regulación del trabajo a distancia

Mientras el gobierno elabora un anteproyecto de ley (ley de trabajo a distancia), que recoja una regulación para esta nueva modalidad laboral; algunos empresarios, que han visto como el teletrabajo puede suponer un gran ahorro (alquileres, costes), ya han expresado sus quejas e, incluso, sus amenazas.

Desde la patronal CEOE, su presidente, Antonio Garamendi, ha advertido que el Gobierno tiene que tener “mucho cuidado con lo que se regula porque si es estrictamente rígido, habrá menos empleo”. Según Garamendi, con unas medidas laborales disuasorias el empresario podría “contratar a trabajadores para teletrabajo en cualquier parte del mundo porque la digitalización es global. Hay un asunto en el teletrabajo del que la gente no es consciente. Si yo tengo que contratar y se me ponen unas condiciones totalmente imposibles, donde yo no pueda gestionar a mi plantilla, mañana puedo contratar en Portugal”, ha argumentado el presidente en una entrevista en Más de uno de Onda Cero. “La misma labor que puede hacer una persona en España la puede hacer en Brasil o en Argentina otra persona que esté teletrabajando”.

Desde Comisiones Obreras, Cristina Torra, secretaria de acción sindical de CCOO de Cataluña, subraya la necesidad de “luchar para que la posible situación de precariedad no derive en reducción de salarios y pérdida de los derechos laborales. Hay que crear un marco normativo que garantice el trabajo digno y las salud de los trabajadores”.

Torra enumera algunos de los puntos que debería recoger esa futura ley sobre trabajo a distancia. “Para empezar, el teletrabajo debe ser algo voluntario y reversible, no impuesto al trabajador (lo que ha ocurrido no puede ser un ejemplo, porque se deriva de una situación de alarma sanitaria). Hay que garantizar la salud de los empleados y proporcionarles material adecuado y ergonómico (sillas, escritorios, etc) y sería recomendable que se pudiese evaluar el domicilio del trabajador para comprobar si reúne los requisitos necesarios”.

La formación para poder desempeñar tareas a distancia deberá, según Torra, “correr a cargo de la empresa, lo mismo que los gastos que se deriven de la actividad laboral, como conexión a Internet e incluso algunos más como, por ejemplo, pago de parte de la factura de la luz, que aumenta debido a la actividad laboral. Por ejemplo, en verano, el uso de aire acondicionado”.

Es importante también hacer un registro de los horarios para que el teletrabajo no se convierta en una modalidad de disponibilidad absoluta. A juicio de esta sindicalista, “la tecnología nos brinda un montón de herramientas para contabilizar las horas trabajadas, y la desconexión digital es ya un derecho. Es esencial que el salario sea el mismo y que el trabajador tenga los mismos derechos y posibilidades de promoción empresarial; ya sea teletrabajando a tiempo completo o parcial (unos días en casa y otros en la oficina)”.

Y si el señor Garamendi nos amenaza con contratar personal en Portugal o en la India (¿sabe él portugués o inglés?, me pregunto. ¡Yo sí!); existe también la posibilidad de que los sueldos bajen tanto en España que muchos profesionales cualificados y con idiomas sean solicitados por empresas de otros países, que valoren más el talento y paguen mejor. La digitalización global es una carretera con doble sentido.

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