Strange Fruit. O los peligros de ser negro en EEUU

“Puedes ir vestida de raso, con gardenias en el pelo y no ver una sola caña de azúcar en varios kilómetros a la redonda, y aun así seguir trabajando en una plantación”. Así definía Billie Holiday en su autobiografía, Lady sings the blues, la situación de la comunidad negra en EEUU. Estatus que ella vivió…

Rita Abundancia

“Puedes ir vestida de raso, con gardenias en el pelo y no ver una sola caña de azúcar en varios kilómetros a la redonda, y aun así seguir trabajando en una plantación”. Así definía Billie Holiday en su autobiografía, Lady sings the blues, la situación de la comunidad negra en EEUU. Estatus que ella vivió con los agravantes añadidos de ser mujer y drogadicta.

Entre el repertorio de la dama del jazz había una canción que nunca faltaba, Strange fruit, (considerada en 1999 como la mejor canción del siglo XX, por la revista Time). El tema, que trataba del racismo, era ‘incómodo’ por lo que muchos empresarios lo prohibían; lo que hizo que la propia Holiday decidiera incluirlo como parte de la cláusula del contrato.

La primera vez que la cantante interpreta esta canción tiene solo 23 años, pero le afecta tanto que al acabarla debe correr a los baños del Café Society, de Nueva York, para vomitar. El impacto emocional de esta melodía era también visible en la audiencia: el silencio era sepulcral, se oía la respiración y los camareros dejaban de servir las mesas como hipnotizados por la música.

Strange Fruit, considerada por muchos como la primera canción protesta de la historia, fue antes un poema escrito por un blanco judío, Abel Meeropol, que militaba en el partido comunista, había crecido en el Bronx neoyorquino y era profesor. La letra, inspirada en las imágenes de los linchamientos de dos hombres de raza negra, colgados de un árbol, en Marion (Indiana) en 1930, ponía los pelos de punta al más templado. “De los árboles del sur cuelga una fruta extraña. Sangre en las hojas, y sangre en la raíz. Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña. Extraña fruta cuelga de los álamos”.

Noventa años más tarde, los estrangulamientos a personas de raza negra siguen en EEUU. Aunque ya no cuelgan de los árboles, yacen en el suelo mientras un policía les clava su rodilla durante ocho minutos, a pesar de que la víctima grita una y otra vez que no puede respirar. Mientras, otros agentes están más preocupados por la gente que graba en sus móviles el horrible acontecimiento, que por el hecho de que un compañero esté llevando a cabo un asesinato.

El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, ciudad donde Goerge Floyd (46 años) murió a manos de un policía cuando fue detenido por ser sospechoso de pagar con un billete falso de 20 dólares, ha dicho que la indignación que ruge en las calles de muchas ciudades de EEUU bajo el grito “I can’´t breathe” (no puedo respirar), “no es solo por los cinco minutos del vídeo sino por 400 años de racismo acumulado”. Y el actor de color Will Smith se ha apresurado a sentenciar “el racismo no está empeorando, solo es que ahora se está grabando”.

En abril del 2018 dos hombres de raza negra fueron detenidos en una cafetería Starbucks, en Filadelfia. Su delito fue que estaban esperando a un amigo, sentados en una mesa sin pedir nada. El personal los clasificó como ‘sospechosos’ y llamó a la policía.

El incidente de Starbucks incendió las redes sociales, que empezaron a ilustrar con ejemplos como, si eres negro, puedes ser culpable hasta que no se demuestre lo contrario. Como cuenta un artículo de Eldiario.es, “en Nueva Jersey, el personal de un gimnasio llamó a la policía tras acusar, injustamente, a unos clientes negros de utilizar las instalaciones sin ser miembros. La policía de California interrogó a tres mujeres que se disponían a dejar un apartamento que habían alquilado a través de Airbnb, después de que un vecino llegara a la conclusión de que estaban robando. Una mujer de Oakland llamó a la policía para informar de que unos vecinos negros estaban haciendo una barbacoa en un parque; y en la Universidad de Yale, una mujer blanca llamó a la policía porque un estudiante negro se había quedado dormido en una estancia de la residencia que compartía con otros compañeros”.

La ONG Mapping Police Violence, sostiene que las personas negras tienen tres veces más probabilidades de que las mate un policía que las personas blancas. Si bien la esclavitud y la segregación acabaron hace ya mucho tiempo, en la mentalidad de muchas personas siguen enraizadas determinadas nociones racistas. Los mismos que piensan que la policía es esa ‘guardia de seguridad’ que los protege de los ciudadanos oscuros, peligrosos y criminales en potencia.

Las protestas pacíficas y menos pacíficas (incendio de una estación de policía, varios bancos y locales comerciales), ya han hecho que el sheriff Trump, que en un principio manifestó su dolor por la muerte de Floyd y prometió justicia, enseñe sus dientes blancos, falsos y perfectos en Twitter. “Cuando comienza el saqueo, comienzan los disparos”.

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