Si no le gusta la realidad, cambie usted la ficción

Vería conveniente que Coco, el personaje de Barrio Sésamo, explicara al modo de sus famosos vídeos de ‘cerca y lejos’ o ‘arriba y abajo’, la diferencia entre realidad y ficción.  Claro que la ficción muchas veces se apoya en la realidad y ésta última supera a menudo a la primera en ingenio, barbarie o surrealismo,…

Rita Abundancia

Vería conveniente que Coco, el personaje de Barrio Sésamo, explicara al modo de sus famosos vídeos de ‘cerca y lejos’ o ‘arriba y abajo’, la diferencia entre realidad y ficción.  Claro que la ficción muchas veces se apoya en la realidad y ésta última supera a menudo a la primera en ingenio, barbarie o surrealismo, pero convendría no confundirlas. Estaría bien tener claro que cambiar la ficción no es suficiente para conseguir que la realidad se modifique, que aplicar la censura bienintencionada (en el caso de que esta modalidad existiese) no conseguirá borrar el pasado o el presente, que seguirá existiendo, mal que nos pese.

Pero la historia ha aplicado la fórmula que da título a este artículo en numerosas ocasiones, y lo sigue haciendo. Gestos simbólicos que pretenden correr un tupido velo sobre lo que realmente está pasando en el mundo de tres dimensiones. La retirada de la película Lo que el viento se llevó (1939) de la plataforma HBO ha sido una de esas iniciativas que, me temo, se verá secundada por muchas otras. Al racismo de las calles se le combate acabando con el racismo en la ficción. Y así, como los niños pequeños, creemos que si nos tapamos la cara nadie podrá vernos.

Hay también en este tipo de acciones una visión muy rupestre y de Perogrullo de la psicología humana, que sigue ciegamente esta ley: si usted ve una película de Jack el Destripador, sentirá unos deseos irreprimibles de descuartizar a los transeúntes. Si alguien lee Lolita, de Vladimir Nabokov, se convertirá, inmediatamente, en un pedófilo. Si se escucha mucho regueton se corre el riesgo de querer ingresar en una mara o, lo que es peor, hacerse fotos en una piscina con un flotador de flamenco junto a una chica en biquini, y luego subirlas a Instagram.

Desgraciadamente para los psicólogos, la mente humana es mucho más complicada y el mecanismo causa-efecto menos previsible de lo que se cree. Yo crecí viendo dibujos animados de El Coyote y Correcaminos y jamás se me ocurrió tirarle a nadie una caja fuerte desde una colina o crear un dispositivo para que, cuando la mala de la clase pasara por un camino volara en mil pedazos. He visto también muchos western en mi infancia, donde los indios eran tratados como escoria. Seres poco desarrollados, sedientos de sangre y que, cuando no tenían nada mejor que hacer, se divertían perturbando la apacible vida de los intachables colonos y cortando sus cabelleras. Tal vez por eso, desarrollé una especial simpatía hacia los pieles rojas y las tribus norteamericanas, sobre las que más tarde leí para descubrir su verdadera y triste historia. Por cierto, queda pendiente una revisión de todas las películas del salvaje oeste. ¡A ver si se salva alguna!

Es cierto que Lo que el viento se llevo es una película racista, que romantiza el sur de EEUU y maquilla los horrores de la esclavitud con bellezas de piel blanca bajo los magnolios. Que pinta a los ejércitos del norte como bárbaros violadores y ladrones que hacen pasar hambre a la protagonista, que presenta a los esclavos como perrillos falderos, agradecidos de llevar una correa al cuello y tener un amo que tire de ella. Aun así estoy en contra de censurarla u ocultarla porque pertenece al terreno de la creación, del arte y éste no tiene, necesariamente, que darnos una moraleja. El arte puede servir de válvula de escape, de espejo para mostrarnos nuestra propia podredumbre (lo que puede ser un potente mensaje subliminal para cambiar conciencias), de conjuro para exorcizar demonios, de lo que uno quiera. La idea de que, puesto que el arte influye en la gente, éste debería mostrar solamente mensajes amables y políticamente correctos, me da mucho miedo y me remite a los regímenes dictatoriales y su eterna lucha contra los artistas rebeldes, que no se atenían a sus normas.

Uno no va al cine a aprender historia, o no debería. Ésta se tendría que enseñar en las aulas. Por eso, cuando los directivos de HBO matizan que el largometraje volverá a la plataforma, sin cortes, acompañado de una aclaración sobre su contexto histórico “que sirva para comprender y denunciar la representación que hace de las personas negras y la esclavitud”; a mí me parece que nos están tratando de ignorantes. Personalmente, si hay algo de lo que huyo como de la peste, es de pensar que los lectores son idiotas. Críe a un hijo como si fuera tonto y, al final, acabará siéndolo.

La polémica racista sobre Lo que el viento se llevó no es nueva y nació con su rodaje. Al parecer se suavizaron partes y se contrataron a asesores (blancos) para supervisar el tratamiento de los personajes negros. Tras su estreno, el dramaturgo Carlton Moss, se quejó de que la cinta insultaba al público de color, señalando al personaje de Mammy, como “especialmente repugnante”. Paradójicamente, Harrie Mc Daniel, que dio vida a la criada que le aprieta el corsé a Scarlett, ganó el Óscar a la mejor actriz secundaria por su papel y se convirtió en la primera persona negra en hacerse con la estatuilla, lo que también derivó en que el gobierno de EEUU le dedicara un sello postal. En su discurso habló de su deseo de que el cine tuvieran más en cuenta a los actores afroamericanos, pero lo cierto es que la ceremonia se hizo en un teatro segregado, por lo que fue sentada con su acompañante en una mesa aparte.

Es relativamente fácil entender (nunca aceptar) el racismo que rezuma esa película en el contexto histórico en qué se rodó, cuando el propio Hollywood celebraba fiestas con zonas para blancos y negros. Lo que es más difícil de entender es que aún a día de hoy, en muchas películas o series, cuando un grupo de personas deben hacer frente a un peligro, el primero que muere es, muy a menudo, el negro. ¿Coincidencia o selección natural?

Y desde luego, lo que nos será muy difícil de explicar a las futuras generaciones es como en pleno siglo XXI, en la calle y a la luz del día, un policía apretó con su rodilla el cuello de un hombre de color hasta que éste murió, mientras varias personas lo grababan en sus teléfonos móviles.

11+
1 Comentario
  1. Ya se! creo que creen que como la realidad siempre supera a la ficción, pues lo que quieren es acabar con la ficción para acabar con la realidad… no, no se, no lo entiendo, creo que me estoy liando.
    Desde luego, si empiezan así vamos a acabar como en Fahrenheit 451.

    0

Deja una respuesta

Tu email no será publicado.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.