Primavera

  Cuando era pequeña, al llegar estas fechas en el colegio siempre nos ponían a escribir una redacción sobre la primavera. Yo era muy mala escribiendo y lo que se me daba bien era dibujar, por eso cuando había que pintar algo en la pizarra me llamaban a mí. Por eso empezaba siempre mi composición…

Rita Abundancia

Foto de Junel Mujar para Unsplash.

 

Cuando era pequeña, al llegar estas fechas en el colegio siempre nos ponían a escribir una redacción sobre la primavera. Yo era muy mala escribiendo y lo que se me daba bien era dibujar, por eso cuando había que pintar algo en la pizarra me llamaban a mí. Por eso empezaba siempre mi composición con el aburrido párrafo: “La primavera comienza el 21 de marzo y acaba el 21 de junio”; mientras otros compañeros esgrimían fórmulas más creativas y ganaban concursos de redacción.

Ya no me doy cuenta de que llega la primavera por los deberes escolares sino por una planta que tengo en mi terraza y florece por estas fechas, o por los árboles que hay en un parque y que veo desde mi ventana. Cada año me propongo hacer un detallado seguimiento de su evolución, desde la desnudez del invierno hasta que se pueblan de hojas de un verde fresco, pero siempre sucumbo. Enfangada en mis miserias o las de la sociedad, un buen día, de repente, me doy cuenta de que ya se han vestido con la tendencia primavera-verano. Los árboles son más listos que yo y siempre consiguen sorprenderme.

Hay una poética vegetal que escribe versos entre el asfalto. Junto a una mascarilla sucia, una lata abollada de cerveza San Miguel y un paquete de tabaco de una marca ya indescifrable aparece un pequeño arbusto de flores silvestres, como un milagro. El borde de algunas aceras se llena de hierba salvaje, fuerte, agreste que nos recuerda lo que realmente hay debajo de este decorado de cartón piedra, que es la sociedad. Una naturaleza exuberante que alardea de ese sentimiento ya tan ajeno que se llamaba alegría de vivir.

La primavera, como las cosas auténticas, no cansa nunca. Como esos actores legendarios es siempre diferente y siempre la misma y nos devuelve en toda su intensidad una sensación ya conocida de infancia. Y todo esto nos lo ofrece gratis, sin coste alguno y sin el valor añadido del diseño, tan caro en estos tiempos en los que todo pretende ser tan original y es tan repetitivo. En los que lo realmente diferente, lo distinto, lo que supuestamente es tan ansiado, se ha convertido en un delito a perseguir.

Contrariamente a lo que me pasa con los árboles, a mi planta sí que la sigo de cerca. Veo como sus capullos asoman entre las hojas; como se abren, primero tímidamente y luego de forma obscena durante algunos días hasta que luego caen al suelo. A mi planta la espío sin que ella se dé cuenta, finjo hacer otras cosas mientras practico con ella el voyerismo.

Afortunadamente, la primavera aún no cotiza en bolsa, como el agua. De momento, no puede ser reducida a un recinto cerrado. Si así fuera cobrarían entradas para ver el espectáculo o quedaría reservada para las economías más pudientes, para los que se desplazan en jets privados y entran en los aeropuertos por zonas VIPs, sin colas ni tantos controles. Al resto de la población nos librarían de ella, por nuestro propio beneficio, eso sí, porque ya se sabe que la primavera la sangre altera y porque así nos evitarían las molestas alergias y la fastidiosa inestabilidad atmosférica.

Sin duda, algún avispado empresario pondría a disposición de las clases con menor poder adquisitivo un ‘Kit Primaveral’ disponible en Amazon a low cost  que consistiría en una pequeña maceta con flores (que moriría en un periodo máximo de dos semanas), un ambientador con olor a flor de azahar, una pequeña alfombra de césped artificial y una cesta con un mantel de cuadros para picnic. Todo bajo el eslogan: “Celebre la primavera en casa, sin las molestas hormigas y avispas del mundo real”.

Últimamente, lo que más me alegra y consuela es la naturaleza y los animales, porque son las únicas cosas seguras, que jamás podrán defraudarte. Lo único que sigue su curso, su esencia, al margen de pandemias, de normas (más o menos racionales), miedos y coacciones. Ahora que ya nos dicen hasta que emociones debemos experimentar; cuando debemos tener pánico y sumergirnos en gel hidroalcohólico o cuando recibir al toro de los ensayos clínicos a porta gayola; cuando la muerte es una tragedia o, simplemente, un efecto colateral, triste pero necesario y anónimo; tal vez ahora es el momento de centrarse en la primavera, en la naturaleza. Estudiar de cerca esos hierbajos que crecen en los bordes de las aceras y tratar de imitarlos. Mirar al sol, asentar las raíces, crecer y darle la espalda al viento. Muy pronto vendrá mayo y las jacarandas florecerán tapizando el suelo de flores lilas, sin coste alguno. ¡Aprovechen antes de que la primavera empiece a cotizar en bolsa!

10+
2 Comentarios

Deja una respuesta

Tu email no será publicado.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.