Porque encontrar pareja es casi tan difícil como encontrar trabajo

Match. Cómo encontrar pareja en la postmodernidad, no es solo otro libro sobre el difícil arte de ligar; sino un análisis de los intentos de acercamiento con fines sexuales del ser humano. Según su autora, somos nómadas del amor con poca capacidad de emprendimiento emocional, que hemos convertido al sentimiento universal en una commodity.

Rita Abundancia

Foto de Clem Onojeghuo, en Unsplash.

 

El pasado 26 de mayo, cuando el mundo estaba en plena lucha contra el Covid19, salió a la luz Match. Cómo encontrar pareja en la postmodernidad (Alienta editorial). La castidad obligatoria para los que no disponían de pareja estable; el empacho de realidad digital, a falta de la de tres dimensiones, y la perspectiva, al menos a corto-medio plazo, de que la cuarentena sexual se va a prolongar más de lo deseado, pueden ser un buen escenario para reflexionar sobre el hecho, nada banal, de buscar y encontrar pareja.

Gracias a Internet, el mundo se ha hecho tan accesible que nos produce vértigo, las posibilidades de elección son tan ilimitadas que nos ha entrado la desgana y la gente está tan sola que se ha vuelto extremadamente exigente hacia los demás.

Montaña Vázquez, además de autora del libro. es también la fundadora y directora de Tu pareja perfecta, una agencia de matchmaking, con base en Madrid, en la que también colabora, como psicóloga y sexóloga, Lorena Berdún.

Sus años de experiencia en la tarea de buscar personas afines y su afición a la poesía y la escritura, que vierte en su blog Ardillas a las nueces, han ayudado a Vázquez a escribir este libro, en el que promete convertir al lector en un ‘partidazo’ y ayudarle a conseguir todo lo que le pide el cuerpo y la cabeza, que no es poco.

Existe la sensación de que a la generación actual le cuesta más ligar, encontrar pareja, que a nuestros padres o abuelos. ¿Cree que esto es cierto y, de serlo, cuál sería el problema de fondo? ¿Nos hemos vuelto demasiado exigentes, hemos perdido la capacidad de seducción, el instinto de acercarse al otro?

Estoy de acuerdo con esa apreciación y, en parte, es porque lo que esperamos de nuestras relaciones de pareja ha cambiado muchísimo. Hemos pasado del amor romántico, que implicaba una relación para toda la vida y que se basada en la idea del yo incompleto que necesita a otra persona para completarse, al amor confluente de Anthony Giddens; que es un modelo de relación equilibrada, donde cada miembro aporta el 50%. Ahora estamos instalados en lo que Zygmunt Bauman llamó ‘amor liquido’. Éste se caracteriza por la inmediatez, lleno de comienzos y finales, sin profundizar nunca en nada. Todo lo queremos ya, en el momento oportuno y lo más rápido posible.

Por otro lado, Internet ha puesto a nuestra disposición un ilimitado catálogo de personas en todo el mundo, lo que hace que la elección sea todavía más difícil, y nos convierte a la vez en clientes y productos. Vivimos en una obsolescencia programada de las relaciones porque es muy difícil encontrar pareja estable. Aunque queremos el amor verdadero, nos cuesta mucho abrirnos y mostrar una vulnerabilidad, que sentimos como peligrosa cuando en realidad es un plus. Preferimos dar una imagen perfecta desde el monitor o la pantalla a mostrarnos tal y como somos. Por eso cuando se pasa del mundo digital al analógico hay muchos traumas. Es un gran bache en el que es fácil descarrilar

Por otra parte, existe una cierta contradicción. Porque, si es verdad que vivimos en el amor líquido de Bauman, donde implicarse mucho está mal visto y nos remite al amor romántico de nuestras abuelas; por otro lado, las nuevas generaciones tienen pareja antes. La pareja es la tabla de salvación en una sociedad de solitarios y de economías inestables, en la que muy pocas personas pueden ya pagarse un piso para ellas solas.

Lo que pasa con los adolescentes es que lo están haciendo todo mucho más pronto que sus padres. A lo mejor nosotros empezábamos a tener lo que llamábamos pareja a los 20 años y ellos lo hacen ya a los 14. Viven muy deprisa y todo lo adelantan.

El utilizar la pareja como salvavidas es un error, no se puede pensar en alguien externo como el dador de tu felicidad. Tenemos que ser felices por nosotros mismos y no podemos delegar ese poder en nadie más. La sociedad nos ha llevado a ver el modelo perfecto de felicidad en una pareja, unos hijos, un trabajo seguro y estable. Y al llegar a los 50 uno ya tiene que tener la vida asegurada y haber triunfado, pero eso no siempre es así. El problema está en que no somos emprendedores emocionales. No deberíamos estancarnos en algo que nos propone una sociedad y no nos gusta, pero hay que saber primero qué modelo queremos.

Montaña Vázquez, autora del libro.

¿Por qué la gente ve siempre el fin de las relaciones como un fracaso, aunque sea de común acuerdo y de forma respetuosa? ¿Nos falta madurez sentimental?

Desde luego pero además, estamos muy desconectados de nosotros mismos, lo que nos impide avanzar en la vida. Aquí hemos venido a crecer y brillar lo más posible, pero si no tenemos conexión con lo que queremos, difícilmente vamos a conseguirlo. La gente ve las relaciones de pareja como un proyecto, una decisión que tomaron, al igual que a los 16 años tienes que saber lo que quieres ser de mayor y a lo que te vas a dedicar el resto de tu vida (lo que es ya bastante inquietante). Pero ese proyecto se acaba cuando dejas de crecer junto a esa persona. Es un fin, pero implica un comienzo; aunque la mayoría de la gente lo ve como algo que han hecho mal de nuevo, como que son incapaces de mantener una relación. Convendría desdramatizar y verlo como parte del propio crecimiento.

Sin embargo, en el libro recomienda hacer un parón, una pequeña cuarentena al acabar una relación antes de embarcarse en la búsqueda de un nuevo candidato.

Es importante un tiempo para asimilarlo y no aplicar el dicho de ‘un clavo saca otro clavo’. Eso no te llevará a conocer personas interesantes sino personas que parten de la carencia como tú. Yo recomiendo reflexionar sobre lo que nos ha pasado, por qué, para qué. Parar y hacer una cierta introspección. Y sobre todo, diseñar lo que quieres en tu próxima relación. Además, si tu no sales a buscar pareja estando al 100% es difícil que vayas a encontrar otro 100%. Pero la gente se enreda en relaciones liana. O les entra el miedo y vislumbran un futuro aterrador de soledad.

Existen los que tienen ansiedad por encontrar su media naranja y los que, al llegar a cierta edad, se resignan a estar solos. Y, si alguna vez van a una cita a ciegas que les organiza un amigo o conocen a alguien y sale mal, retroceden aún más en sus posiciones. Se reafirman en la idea de que a determinada edad los buenos/as están ya cogidos y no hay nada que hacer. ¿Qué les diría a este grupo?

Vivir en pareja no es obligatorio, ni un requisito esencial para ser feliz. Otra cosa es que quieran compartir su vida con alguien. En ese caso, la barrera de la edad es una limitación que ellos se autoimponen, pero el proceso de enamorarse es el mismo a los 15 y a los 60 años.  El otro día un señor de 81 años vino a la agencia porque quería encontrar pareja. Me parece perfecto. ¿Por qué no?

Ahora, es importante disfrutar del proceso y desligarse del resultado, porque sino entras en una rutina que te supera. Además, la gente madura tiene ya una mochila de vida importante, se vuelven muy exigentes, piensan: “como voy ahora a convivir con alguien, con lo bien que estoy solo en mi casa”. Pero hay muchos modelos de relaciones. Mucha gente llega a la agencia buscando pareja pero, puntualizan, que no quieren vivir con ella o él, sino cada uno en su casa. Y esto es muy válido. Hay que definir el tipo de relación que queremos, sin importarnos si está bien vista o no.

Eso es algo que subraya en su libro, que hay que ir con la lista de la compra hecha. Sin embargo, a mucha gente esto le parecerá poco romántico, porque todavía hay esa idea de que este tipo de asuntos deberían dejarse al azar, vivir en el reino de lo espontáneo.

Es fundamental saber lo que se quiere y no asustarse por querer cosas que no están dentro de las prioridades de la mayoría. Y esto implica una relación abierta, poliamorosa, verse solo los fines de semana. Lo que sea, siempre que la otra persona coincida en estos gustos. Pero hay que tener muy claro el objetivo. Tienes que convertirte en tu propia startup.

En cuanto a las personas que ven poco romántico hacer una búsqueda activa de la futura pareja, les preguntaría si ellas pretenden encontrar trabajo sin hacer nada, simplemente estando en casa, esperando a que alguna empresa las llame. ¡Hay que ayudar un poco! Y hay ciertas edades más difíciles que otras. Por ejemplo, en la edad madura (a partir de 50) uno empieza inevitablemente a plantearse cosas, a hacer un balance de su vida. Lo que ha conseguido y lo que no; aunque uno no sienta que tiene esa edad y se vea más joven. Ese grupo que, por cierto, constituye la mayoría en la sociedad española, puede tenerlo más complicado porque no hay nada diseñado para ellos. Todo se hace pensando en la juventud.

¿Cuáles son los errores más comunes a la hora de buscar pareja?

El numero uno es partir de una necesidad, porque sales pidiendo limosna, mendigando, instalado en la necesidad y entonces no puedes elegir. Crees que necesitas a la otra persona para ser feliz, y hay que salir ya feliz de casa. Hay que partir de un sentimiento de abundancia y eso se entrena.

En segundo lugar, y para las personas heterosexuales (en nuestra agencia atendemos a clientes de cualquier orientación sexual), hay todavía muchos clichés respecto a los sexos y a los comportamientos masculino y femenino. Y eso es una barrera. Algunos hombres están todavía muy despistados. Hace ya mucho tiempo que el varón no es el único proveedor (el que lleva el alimento a la casa), pero algunos se han instalado en una relación que exige una admiración hacia él (lo que no es malo, porque el amor conlleva una cierta admiración), pero le cuesta mucho admirar a la mujer. Un hombre maduro de 55 años no busca una mujer de su edad, busca otra más joven para que lo admire. Ahora está resurgiendo el tema del cubbing (mujeres que salen con parejas menores que ellas), fruto de que las generaciones más jóvenes no tienen esos prejuicios hacia las mujeres que tenían sus padres. Les gustan y las admiran.

Hay un cierto desencuentro entre ambos sexos. Y no soy partidaria de clasificar a una persona, ni atribuirle unas determinadas características por su género. Somos diferentes, no me gusta generalizar. Cada persona es un mundo y el adjetivo ‘masculino’ o ‘femenino’ ha traído muchos malentendidos.

Portada del libro, publicado el pasado 26 de mayo.

En su libro hace hincapié en que no hay que confiar la búsqueda de nuestra media naranja a un algoritmo, aunque muchas personas la han encontrado en webs o apps y asumen que ahora son los nuevos bares, discotecas y lugares de encuentro. ¿El matchmaking no tiene también algo de algoritmo, de metodología?

No estoy en contra de las apps. Lo que veo es que en las webs de citas no todo el mundo tiene claro su objetivo, no se comparte un mismo criterio. Eso supone un gran trabajo, porque tienes que ir descartando a la gente. Por otro lado, Internet es un magnifico parapeto de personalidades. Nadie se muestra hasta llegar a la cita analógica y, en muchos casos, viene el bajón. Y una cadena de fracasos te hace perder ilusión en tu objetivo. En Internet eres producto y cliente, hay que afinar mucho la preselección de perfiles. Por eso muchos de nuestros clientes vienen desengañados del mundo digital.

Nosotros en la agencia lo hacemos todo manualmente. Yo conozco a todos los clientes y a todos los candidatos y buscamos el más indicado para cada uno. El perfil más compatible. Para eso hay que quedar con ellos, observarlos, hablar mucho para conocerlos bien. Otra cosa que nos diferencia es que no enseñamos fotos, y esto les parece raro a los que vienen de Internet. Y no lo hacemos porque creemos que resta más que suma, que pierdes oportunidades si te basan solo en una imagen. Generalmente, hacemos contratos de 8 a 12 meses, aunque depende del perfil que sea. Damos prioridad a la calidad y no a la cantidad (no le prometemos que van a conocer un determinado número de personas a la semana). Mi rasero es que no sientan que hayan perdido el tiempo cuando han tenido una cita. De hecho, aunque no se formen parejas, muchos acaban como amigos.

En su libro también apunta como la idea “me gustas pero quiero conocer a más”, ha hecho mucho daño. Y esto es fruto de la globalización, de las inmensas posibilidades que nos brinda la red, ese espejismo que nos hace creer que siempre puede haber otro mejor, y que nos impide decidirnos por alguien.

Básicamente crea mucha ansiedad. Tengo muchos amigos que me han contado esto: “sí, he conocido a alguien que me gusta mucho pero es que a lo mejor hay otra que me gusta más”. No damos tiempo a nadie en aras de encontrar a otro mejor.

Parece también partidaria del sexo ocasional, de no de reservarse para el príncipe azul y de ir viviendo y no dejarlo todo para cuando la pareja llegue.

Practicar sexo es positivo para la salud en general. Porque eso contribuye a tu felicidad y te va a hacer una persona más atractiva. Pero todo depende del objetivo de cada uno. Habrá gente que tengan una menor capacidad de separar el sexo del amor, o le será muy difícil no tener vínculos emocionales con las personas con las que se acuestan. Y, desde luego, buscar el amor mediante el sexo es otra forma de mendicidad. Necesito eso y creo que así puedo conseguirte. Dar por hecho que una cosa te llevará a la otra es totalmente erróneo.

¿Qué beneficios tiene la meditación, que recomienda a la hora de buscar pareja?

Es parte del proceso de transformación personal para convertirse en lo que yo llamo un ‘partidazo’. Meditar, y lo digo por experiencia, calma mucho la mente, te hace centrarte en el presente y quita mucho miedo. Es algo que no necesita una gran técnica y que cualquiera puede hacer en su casa.

Cambiar el diálogo interior es otro de los pilares de esta transformación. Generalmente, nos criticamos mucho, “estoy gorda”, “¡qué mal aspecto tengo!”, “soy un desastre” y todo este discurso conforma una respuesta y una creencia. Hay que empezar a tratarse bien y elegir cuidadosamente las palabras con las que nos referimos a nosotros mismos. Y este simple ejercicio es muy poderoso. Aconsejo también hacer deporte, cuidar el cuerpo, porque la imagen también importa. El deporte te centra en el presente y crea endorfinas, que proporcionan bienestar y ahuyentan el miedo.

¿Cómo definiría al ‘partidazo’? Antes era alguien con un buen trabajo, generosa cuenta corriente, casa en propiedad y, a ser posible, bien parecido/a.

Es una persona que es lo que quiere ser. Un sujeto que se respeta a sí mismo y se quiere, que cuida su cuerpo y su mente y que tiene un objetivo claro. Alguien en el que se puede confiar porque no basa su felicidad en los otros. Un ser completo que cuando busca el amor lo hace de forma hedonista, desinteresada, no por necesidad.

 

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