Mascarillas al aire libre. ¿Cuál es la normativa en otros países europeos?

Las regulaciones en torno al uso del cubrebocas varían según los distintos países y España tiene una de las más estrictas.

Rita Abundancia

Una calle de Londres durante la pandemia.

 

¿Tiene sentido llevar mascarilla cuando uno va solo por el monte y no puede contagiar a nadie porque, simplemente, no hay un alma alrededor? Para el gobierno español lo tenía el 31 de marzo, cuando publicaba una nueva ley en el Boletín Oficial del Estado (BOE), que indicaba que el uso de mascarilla pasaba a ser obligatorio, siempre, al aire libre. Incluida la playa y la montaña, independientemente de si existía o no la distancia de seguridad.

No había pasado ni una hora cuando las críticas arreciaban contra la nueva norma. Las comunidades que viven del turismo se preguntaban quién iba a querer estar en la playa (una de las pocas actividades que todavía se permiten) con 36 grados y con mascarilla; y algunas se declararon desobedientes, al sugerir que no iban a acatar la nueva regulación (Galicia, Baleares y Canarias).

El presidente de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME), Alberto Ayora, declaraba al diario Heraldo, un día más tarde, que la regla le parecía “carente de sentido en una actividad deportiva en la que no existe contacto” y añadía que además “podía resultar peligrosa e incrementar las posibilidades de accidente, al aminorar la percepción por los sentidos y la comunicación entre los componentes del grupo en una actividad con riesgo”.

El líder de Más País, Íñigo Errejón, escribió también en Twitter que “la obligatoriedad de la mascarilla en espacios abiertos con suficiente distancia de seguridad (montaña, playa) solo produce cansancio, desconfianza y además es inútil. Menos ocurrencias y más protocolos de eficacia y vacunas”. Lo que no quita que su mensaje fuera incoherente con la postura de su propio partido, que votó en el Senado a favor de la enmienda que hizo posible el cara al sol con la mascarilla puesta, al eliminar de la ley la expresión “siempre que no resulte posible garantizar el mantenimiento de una distancia de seguridad interpersonal de al menos 1,5 metros”.

Al día siguiente Sanidad se desdijo y prometió revisar la norma, cosa que ha hecho. El Ministerio de Sanidad propondrá a las comunidades autónomas que la mascarilla no sea obligatoria en la playa durante el baño, la práctica del deporte o en los periodos de descanso en un lugar fijo, siempre que se pueda mantener la distancia de seguridad de 1,5 metros. Pero sí que habrá que llevarla durante los paseos.

La mayoría de las investigaciones confirman que el contagio en exteriores, cuando hay la distancia de seguridad, es muy raro. El Mundo sacaba recientemente un artículo que citaba un estudio del Centro de Vigilancia de Potección de la Salud (HPSC) que monitoriza la propagación del coronavirus y el origen de los brotes en Irlanda, donde se apuntaba que solo un caso entre 1.000 es atribuible a la trasmisión al aire libre.

Esto tiene que ver con el hecho de que la circulación del aire es mucho mayor a la intemperie. “El viento se desplaza y, por supuesto, provoca un efecto de dilución muy rápido”, explicaba a la revista DW Nico Mutters, director del Instituto de Higiene y Salud Pública del Hospital Universitario de Bonn.

Las regulaciones de los distintos países europeos varían en cuando al uso de la mascarilla al aire libre, y España figura entre los más estrictos respecto a este asunto.

Portugal

En el país vecino no es obligatorio llevar mascarilla al aire libre, siempre que haya distancia de seguridad. Sin embargo, cuenta Anabelle, dentista que vive en Valença do Miño, el pueblo fronterizo con Tui, “la mayoría de la gente la lleva en las ciudades, aunque la ley no obliga”.

En espacios cerrados como el transporte público, tiendas y colegios si es obligatoria.

“Portugal estuvo muy mal en enero y febrero, cuando los contagios subieron mucho, pero ahora está mucho mejor, aunque los bares y restaurantes permanecen cerrados por precaución”, comenta esta minhota que declara que “en el coche hay que llevarla solo si vas con no convivientes, como en España”.

Francia

“Aquí solo es obligatoria al aire libre si no se puede mantener la distancia de seguridad”, cuenta Melanie, que vive en Lille y se dedica a hacer tatuajes estéticos y maquillaje permanente.

“Generalmente, en ciudades grandes, la gente la lleva, porque hay mucha concentración de personas pero en los pueblos ocurre lo contrario”. En el transporte público es obligatorio pero la gente se la quita para comer, porque comer está permitido. Algo que Melanie no ve con buenos ojos en este preciso momento. “Se debería prohibir durante la pandemia”.

En tiendas y escuelas hay que llevarla y en coche privado la normativa francesa es igual a la española. En este momento, los bares y restaurantes permanecen abiertos solo para take away.

Reino Unido

Siempre y cuando se pueda mantener la distancia de dos metros, la mascarilla no es obligatoria en espacios abiertos en el Reino Unido que, aunque ya no pertenece a la UE, todavía no se ha mudado de continente.

“Aquí hay una tradición de que el gobierno no debe imponer demasiadas reglas sino que, más bien, aconseja y deja que sean los ciudadanos los que tomen las medidas para su bienestar”, cuenta Isabel, malagueña que vive en Londres y trabaja en la Oficina de Turismo de la Embajada de Cuba.

El pasado lunes, 12 de abril, se ha iniciado la desescalada, ya que más de la mitad de la población está vacunada con la primera dosis y la hostelería ha abierto ( de momento, solo las terrazas), al igual que las tiendas de productos no esenciales.

Isabel va tres días por semana a su trabajo, fuera de las horas punta, y el resto teletrabaja. La mascarilla es obligatoria en espacios cerrados, tiendas, centros comerciales y transporte público. En las oficinas la obligatoriedad de la mascarilla se deja a elección de los jefes, según cuenta esta malagueña.

“Las ayudas en Reino Unido a los trabajadores y empresas han sido bastante buenas. Los empleados que no podían trabajar porque sus compañías estaban cerradas recibieron el 80% de su salario durante un año y esto se quiere extender hasta el 30 de septiembre. Es lo que se llamó Furlough.  A los pequeños empresarios que tuvieron que cerrar se les concedió un préstamo de hasta 50.000 libras, con un interés mínimo y a empezar a pagar después de un año”.

“Por lo que me cuenta mi madre, que vive en Málaga, las ayudas inglesas han sido mucho más rápidas y generosas que las españolas”, cuenta Isabel.

Alemania

Tampoco en Alemania es obligatoria la mascarilla en lugares abiertos, siempre que se asegure la distancia de seguridad, aunque aquí la excepción son los parques infantiles, donde si hay que llevarla siempre. Según cuenta Patricia, periodista española que da clases de yoga y vive cerca de Colonia.

“Los niños tienen que llevar el cubrebocas a partir de los 6 años y van al colegio dos días a la semana. El resto, asisten desde casa a clases online. A ellos se les permite llevar mascarillas de tela pero la población adulta debe llevarlas quirúrgicas u homologadas”, cuenta Patricia quien recuerda como “en las escuelas alemanas se les ha ocurrido la peregrina idea de que los pequeños (a partir de los 7 años) aprendan a hacerse los test de PCR para testarse ellos mismos, introduciéndose los palitos por la nariz alegremente. La propuesta está causando mucha polémica entre los padres de los alumnos”.

El gobierno alemán propuso, hace no mucho, que la gente tuviera que hacerse test para entrar en las tiendas. Idea que fue descartada ante las protestas de los ciudadanos. “Para lo que si hay que hacerse una prueba rápida es para entrar en una peluquería”, comenta Patricia.

Las mascarillas son obligatorias en tiendas, transporte público, colegios, oficinas y coworkings, a no ser que uno tenga la suerte de tener un despacho propio. Los restaurantes y bares permanecen abiertos solo para ofrecer comida para llevar.

Italia

Como España, Italia obliga a sus ciudadanos a llevar mascarilla por la calle, independientemente de si se puede mantener la distancia de seguridad o no. Según Lorenzo, que vive en Palermo y que trabaja en el campo de las energías renovables, “las multas por incumplimiento de esta norma pueden ir desde 400 a 1.000 euros, aunque aquí en Palermo hay mucho insumiso, entorno al 30%, que van sin mascarilla”.

El cubrebocas es también obligatoria en transportes públicos, tiendas y lugares interiores. Los bares y restaurantes permanecen cerrados al público y solo sirven comida para llevar. Las playas están también cerradas pero, por lo pronto, no hay obligatoriedad de llevar mascarilla en la arena. Como tampoco la hay para los que hagan deporte al aire libre.

Dentro del coche, la norma italiana es igual a la de España. Solo hay que taparse la cara si se comparte el vehículo con no convivientes.

Luxemburgo

Siempre que no haya aglomeraciones y se mantengan las distancias, los luxemburgueses están exentos de llevar mascarilla al aire libre.

“Los bares y restaurantes permanecen cerrados desde el 15 de diciembre y solo preparan take away, pero desde el 7 de abril se han abierto ya las terrazas, con mesas a una determinada distancia y en las que solo pueden sentarse dos personas”, comenta Pablo, asturiano que vive en Luxemburgo con su familia y que trabaja en el departamento de recursos humanos del Tribunal Europeo de Cuentas, aunque desde que empezó la pandemia teletrabaja desde casa.

La mascarilla se reserva para los sitios cerrados, transporte público, tiendas, colegios, universidades y oficinas, cuando no se tiene despacho individual. “Aquí el gobierno repartió entre la gente paquetes con 50 mascarillas al principio de la pandemia y muchos centros de trabajo la proporcionan a sus empleados”, cuenta Pablo. El toque de queda en el pequeño país europeo es a las 23:00 horas.

Suecia

Los descendientes de los antiguos vikingos son los que parecen tener menos miedo al virus de toda Europa.

Los suecos no son muy partidarios de la mascarilla. De hecho, según cuenta Rickard, que vive en Malmö con su perro Otto y que trabaja como organizador de eventos y exposiciones, “nadie la lleva al aire libre, ni siquiera en el transporte público, donde se aconseja pero no se obliga”. “Los españoles tienen mucha fe en la mascarilla pero aquí no creemos tanto en ella. La covid castiga más otros comportamientos como comer, beber y socializar. Aquí hubo un grupo social muy golpeado por el virus, los somalíes, porque ellos tienen por costumbre comer todos juntos y coger el alimento con las manos del mismo plato”, cuenta Rickard.

En los colegios la mascarilla está prohibida hasta el punto de que en la ciudad de Halmstad, obligaron a una profesora a quitársela, justificando que el accesorio no mostraba un cambio en la situación epidemiológica y que, de hecho, su uso incorrecto alertaba de un ‘enorme’ riesgo para quienes la portaban.

A finales de año pasado, el primer ministro, Stefan Lofven, anunció un cambio en el uso de las mascarillas, especialmente en el transporte público. Sin embargo, se recomendó (que no se obligó) su uso entre siete y nueve de la mañana y entre cuatro y seis de la tarde, las horas punta; especialmente a los nacidos en 2004 y con anterioridad. La realidad es que solo la mitad de los usuarios la llevan en sus trayectos, aunque las líneas aéreas sí que obligan a llevarla dentro del avión.

Para Anderson, la explicación está en que “en Suecia el estado está concebido como una entidad que te proporciona servicios y a la que tú pagas por ello. No como un mecanismo de poder que impone sus normas a los individuos, que deben acatarlas sin rechistar, como ocurre en otros países, donde la población es más sumisa”.

Grecia

A día de hoy en Grecia las mascarillas son obligatorias en todo momento, al aire libre también, incluso cuando haya la distancia de seguridad, según cuenta Chris, que trabaja de recepcionista en el hotel The Stanley, en Atenas.

Son también imprescindibles en el transporte público, tiendas, colegios e universidades y en espacios cerrados.

A día de hoy bares y restaurantes permanecen abiertos solo para el take away y las playas están cerradas, aunque no hay normativa de usar mascarilla en la arena. “Se puede pasear por la playa pero no sentarse en ella a tomar el sol o bañarse”, cuenta Chris, “la única excepción a llevar mascarilla al aire libre es estar practicando algún deporte”.

Los griegos, cuya economía depende tanto del turismo, rezan para que la cosa mejore y los visitantes vuelvan en verano.

Holanda

Erna, holandesa nacida en Assen, con residencia en Palma de Mallorca, abandona la isla, en la que ha trabajado varios años para el turoperador Tui. Ante la falta de perspectivas laborales vuelve a su país natal.

“Mientras haya distancia de seguridad no hay que llevar mascarilla en los lugares al aire libre en Holanda”, comenta, “aunque si es obligatoria en sitios cerrados como transporte público, tiendas y supermercados”.

Según Erna, “los bares, restaurantes y terrazas permanecen cerrados al público (solo para llevar), lo que hace que los días de buen tiempo la gente se amontone en los parques. Algunos alcaldes de determinadas ciudades han pedido al gobierno que permita abrir a las terrazas para que la gente se reparta y no se congregue en los mismos sitios”.

En los coches, generalmente, la gente no lleva mascarilla y el toque de queda es de 22:00 a 4:30 de la mañana, cuenta esta holandesa que se despide de su vida mallorquina.

Irlanda

Tampoco hace falta llevar mascarilla al aire libre en Irlanda, donde solo un 40% de la gente la lleva en la calle, según una periodista irlandesa que prefiere mantener el anonimato.

“Hay que ponerla en el transporte público, hospitales y en tiendas esenciales, las únicas que permanecen abiertas, que son los supermercados y las de informática. Bares y restaurantes (solo aptos para el take away), tiendas, gimnasios, museos o cines están cerrados desde diciembre.

“En los colegios son obligatorias para los profesores y los niños mayores de 12 años. Las universidades funcionan online y la mayor parte de la gente teletrabaja. Los pocos que van a la oficina solo deben ponerse mascarilla si la distancia no está garantizada, lo que casi nunca ocurre porque hay muy poca gente. Y en el coche hay que llevarla si no se va solo”, cuenta esta irlandesa, que apunta que la sociedad está muy polarizada y enfrentada (los partidarios de seguir con los cierres y los que quieren reanudar la vida y la actividad económica).

“Somos uno de los países europeos que han tenido los encierros más largos, en parte porque nuestro sistema de salud es muy malo y tiene muy pocas camas para el número total de población. Somos también uno de los países más endeudados de Europa”, se lamenta esta periodista que vive en Dublín.

República Checa

Hace no mucho que el gobierno de la República Checa ha decretado que hay que llevar mascarilla en los espacios abiertos, incluidos parques y zonas verdes (exceptuando las personas que realizan una actividad deportiva). “La medida no ha gustado mucho a la gente que empieza a acumular un gran cansancio con todas estas normas que hacen la vida cada vez más ingrata”, cuenta Adela, empleada del Ministerio de Asuntos Exteriores, que vive en Praga y que habla un perfecto español.

Por supuesto, en los transportes públicos y lugares cerrados hay que llevar mascarilla; los únicos que permanecen abiertos, que son muy pocos, ya que las escuelas están cerradas en este momento al igual que los bares y restaurantes, que solo sirven comida para llevar. “La multa por no llevar mascarilla puede ascender a unas 5.000 coronas checas (192 euros); aunque no hay una cuantía muy clara para este tipo de infracción”, cuenta Adela.

Bulgaria

Milen vive en Sofía y es un desarrollador web que trabaja desde casa. Según este búlgaro, “las condiciones y normas han variado mucho a lo largo de la pandemia en su país, pero actualmente no hay que llevar mascarilla al aire libre, siempre que se pueda mantener la distancia de 2 metros. La excepción a esta norma es cuando se va a una manifestación o se está en una calle muy concurrida donde no haya el espacio de seguridad”.

En los lugares cerrados hay que llevarla siempre, como transporte público, tiendas y escuelas. “El interior de los restaurantes era el único lugar donde uno podía estar con la cara al descubierto; pero ahora están cerrados y solo puedes sentarte en los que tienen terraza o jardín”.

La normativa búlgara para dentro del coche es igual que la española.

Malta

Este pequeño país vive, desde hace algo más de dos meses, un repunte en los contagios, coincidiendo con la vacunación, lo que ha obligado a endurecer las normas.

Según Andrea, malagueña que vive en Sliema y que trabaja de administrativa para dos empresas diferentes, “han impuesto el uso obligatorio de mascarilla en los espacios abiertos, independientemente de si hay o no distancia de seguridad, lo que no gusta mucho a la gente”.

“Los bares y restaurantes solo sirven comida para llevar, las tiendas no esenciales están cerradas, lo mismo que las peluquerías y gimnasios. Y los colegios vuelven a abrir paulatinamente”, cuenta esta española, que trabaja desde casa.

En Malta no hay toque de queda y las reuniones entre no convivientes se reducen a dos personas. “Yo creo que han impuesto estás medidas tan severas para bajar las estadísticas y que los turistas puedan venir luego en vacaciones. Pero esto es sacrificar a los locales en beneficio de los visitantes”, comenta Andrea.

 

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