Los perros que ya no queremos

  Leo con horror la noticia de que el abandono de perros se ha incrementado un 25% tras la desescalada, según la Real Sociedad Canina de España (RSCE). Así, a finales de mayo, se han contabilizado unos 2.000 desahucios de mascotas en el país. Un país que, según el último informe de la Fundación Afinity,…

Rita Abundancia

Foto de Amy Humphries en Unsplash

 

Leo con horror la noticia de que el abandono de perros se ha incrementado un 25% tras la desescalada, según la Real Sociedad Canina de España (RSCE). Así, a finales de mayo, se han contabilizado unos 2.000 desahucios de mascotas en el país. Un país que, según el último informe de la Fundación Afinity, Él nunca lo haría, es de los que más abandona a sus animales de compañía. En el 2018, cerca de 140.000 gatos y perros fueron recogidos por las protectoras españolas, y en esta cifra no entran los desaparecidos o muertos.

Algunos argumentan motivos económicos para prescindir del mejor amigo del hombre; que tiene sus propios gastos en comida, veterinario e higiene. Pero hay otra noticia igualmente alarmante, sino más, que la anterior.  La RSCE avisó de un repunte de un 50% en la demanda de cachorros en plena pandemia. Se buscaban perros como salvoconducto para salir a la calle, entretener a los niños o a los mayores. Existen personas tan descerebradas y estúpidas que se hicieron con un perro en la cuarentena, como quien acumulaba papel higiénico, mascarillas o guantes desechables.

Prescindir de este miembro más de la familia cuando ya no nos conviene en una forma de maltrato. Desgraciadamente, siempre ha habido gente que descarga sus iras y míseras existencias en los animales, perfectos chivos expiatorios. Lo malo es que ahora, esos mismos cazurros, graban sus acciones y las cuelgan en las redes sociales. Dos hombres en Rusia, en pleno invierno y con los torsos desnudos, entran en una cueva y matan a una osa que estaba hibernando con sus cachorros. Un policía, fuera de servicio, lapida en Australia a un wombat, esos marsupiales adorables que durante los incendios salvaron a tantos animales, dejándolos entrar en sus madrigueras. Una cazadora, en España, abate a una hembra de jabalí embarazada y, no contenta con eso, le abre la barriga y se hace fotos con las crías. Un parque temático en China fuerza a un cerdo a hacer puenting para inaugurar una atracción.

Algunos pueden pensar que mientras estos desgraciados se ensañen solo con los animales todo va bien pero, como apuntaba un artículo de La Vanguardia ,“los sujetos con antecedentes de maltrato animal son cinco veces más propensos a cometer violencia intrafamiliar. Por otra parte, según apuntan estudios recientes, el 36% de los asesinos en serie vivió episodios de crueldad hacia los animales durante la infancia. Un porcentaje que llega al 46% durante la adolescencia. El ex agente del FBI. Robert K. Ressler sostiene que “los asesinos a menudo son niños que nunca aprendieron que está mal sacarle los ojos a un cachorro”.

Pero el problema no está solo en estos individuos aislados, sino en la sociedad que sigue instalada en ese viejo concepto de especismo, una forma de discriminación que consiste en tratar a los miembros de una especie como moralmente más importantes que los miembros de otras, incluso cuando sus intereses son conjuntos. ¿Es el ser humano la especie más evolucionada, inteligente e importante en el planeta Tierra? En el hipotético caso de que así fuera (cosa que no está muy clara), ¿nos da esto derecho a acabar con los bosques donde viven los orangutanes y forzarlos a enfrentarse contra excavadoras? ¿En qué tipo de arrogancia autodestructiva nos han educado para pensar que el Ártico es más nuestro (de las petroleras o productoras de gas) que de las criaturas que lo habitan y lo sostienen?

Afortunadamente, mientras todavía hay especímenes que se preguntan si los animales tienen alma, sienten o sufren; otras muchas personas empiezan a exigir leyes protectoras, no solo para la fauna sino para otros organismos vivos. Autumn Peltier, una adolescente indígena de Wiikwemkoong First Nation, al noreste de la isla Manitoulin, en Ontario, Canadá, hace tiempo que lucha para que el agua tenga los mismos derechos que un ser humano; ya que, solo así, podremos protegerla.

Mientras, zoológicos, granjas, mataderos, atracciones turísticas con animales, acuarios, circos e industria farmacéutica y cosmética siguen haciendo negocio con la tortura animal. Algún día, espero que pronto, los zoológicos animales producirán tanta vergüenza como los humanos, que existieron en Europa de 1870 a 1930 y que exhibían tribus exóticas para solaz del hombre ‘civilizado’. Algún día la gente se dará cuenta de que no es bueno comer carne de animales que hayan sufrido cada segundo de su existencia (y no se trata de que todos nos volvamos vegetarianos, sino de que criemos a los animales en las condiciones adecuadas). Algún día, los laboratorios dejarán de torturar a monos, conejos u otros animales (algunas imágenes dejan al género gore al nivel de cine infantil); ya que solo en EEUU, el 96% de los fármacos que pasaron con éxito ensayos con animales fallaron en los ensayos con seres humanos, por ineficaces, dañinos o ambos. Y, por el contrario, un gran número de medicamentos comercializados han resultado tóxicos en humanos tras superar las pruebas con otros animales, como fue el caso de la talidomida.

Pero si todos estos argumentos no fueran suficientes para algunos, la reciente pandemia ha actualizado la idea de que la biodiversidad es favorable para todas las especies. Que el lémur de Madagascar, la mariposa monarca o el leopardo de las nieves sigan existiendo no solo es bueno para ellos sino para toda la humanidad. Según contaba la primatóloga Jane Goodall en una entrevista reciente,a medida que destruimos los bosques, los animales entran en contacto con especies con las que normalmente no interactuarían en absoluto y algunos virus y bacterias saltan de una a otra. Pasan de una especie, donde probablemente han estado cientos de años sin hacer daño a nadie y, al llegar a otro animal, aparece una nueva mutación del virus. Puesto que los animales salvajes están forzados a vivir cada vez más cerca de la gente, porque están perdiendo sus tierras, no es raro que esos virus puedan pasar a los humanos”. Se sabe ya que el dromedario puede ser el hospedador del MERS, un virus muy potente que deja al Covid19 a la altura del betún. Imaginen que pasaría si este bichito decidiera humanizarse.

Hay vídeos e imágenes de cooperación humana-animal que me emocionan y, a veces hasta me hacen saltar las lágrimas. Un grupo de personas en India invierten mucho tiempo en sacar a un bebé elefante de un hoyo. Mientas, la manada espera algo alejada y, cuando logran sacarlo, da las gracias levantando la trompa y emitiendo sus particulares sonidos. Dos canes custodian durante toda la noche a un niño autista, que se ha perdido en el bosque, hasta que llega el equipo de rescate. Un grupo de hombres hacen una cadena humana para salvar a un perro que se ha caído a un torrente. Entonces pienso que la raza humana todavía tiene algunas posibilidades de cambiar.

 

 

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