Entrevista a José Errasti y Marino Pérez Álvarez, autores de Nadie nace en un cuerpo equivocado (Deusto)

“La sociedad actual ha convertido el cuerpo de los jóvenes, sus genitales y su dimensión sexual en un campo de batalla”

En en su octava edición, este polémico libro cosecha detractores y adeptos a partes iguales por tratar de un tema altamente sensible: la teoría queer. Éxito y miseria de la identidad de género.

Rita Abundancia

Portada del libro de José Errasti y Marino Pérez Álvarez.

 

Como periodista, el fenómeno surgido tras la publicación de este libro no dejó de seducirme. Un título provocador, casi masoquista, en los tiempos que corren. Unos autores, dos psicólogos, dispuestos a enfrentarse al mundo y al chaparrón de insultos y amenazas para defender sus ideas en una sociedad que ya no cree en la libertad de expresión (al menos para ciertos temas, en los que hay que pensar lo que toca). Presentaciones de la obra que acaban antes de tiempo, con la presencia de la policía, por amenazas de ‘quemar la librería con todos los asistentes dentro’, cancelaciones de sus charlas en las universidades y un libro que, con solo cuatro meses de vida (salió al mercado en febrero), va ya por su octava edición.

Así que me compré la obra de la discordia y las superventas, la leí (contrariamente a muchos de sus detractores, que no la han tenido jamás entre sus manos) y sometí a sus autores a mis largas y enrevesadas preguntas. ¿Quién no tiene hoy en día a alguien cercano con un hijo/a que se declare transexual? Yo conozco a uno. Un chico que se siente chica y que acaba de realizarse su primera operación en Barcelona. Los padres la apoyan pero le pedían que esperara un poco más, ya que la opción quirúrgica es irreversible. Ella, sin embargo, confiaba al cien por cien en sus amigos trans, conocidos en las redes sociales, que la animaban a dar el paso contándole sus exitosos resultados.

Las cifras de niños y adolescentes que declaran no sentirse cómodos con su sexo biológico no han parado de crecer en los últimos años. Al mismo tiempo, las llamadas clínicas de reasignación de género se multiplican ante el aumento de la demanda. Este tipo de cirugía es un pozo sin fondo que ofrece intervenciones como la vaginoplastia, faloplastia, metaidoplastia (cirugía que permite la conformación de un micropene a través del clítoris del paciente), mastectomía, aumento de pecho, histerectomía (operación para extraer el útero de la mujer), cirugía corporal, cirugía de la voz, etc.

Las legislaciones de los distintos estados deben también ponerse al día, so pena de ser tachadas de tránsfobas. Así, como se apunta en el libro, “la lista de países que ha promulgando leyes que permiten la libre autoidentificación registral de sexo se hace cada vez más larga”. Diez ya en la Unión Europea. Irán es un caso curioso porque, según cuenta el libro, “sobresale como un estado especialmente promotor del cambio legal de sexo y las cirugías de reasignación de sexo, a pesar de mantener todavía en su código penal la homosexualidad (de hecho, la opción de la transexualidad es usada por parte de la población gay y lesbiana para evitar condenas jurídicas).

Al mismo tiempo, las voces que no están muy de acuerdo en cómo se están gestionando estos asuntos, o las que denuncian las muchas incongruencias de la filosofía queer, son pocas, tachadas de odio hacia los trans y acalladas en los grandes medios de comunicación. J.F. Rowlling, la autora de Harry Potter, fue una de las primeras insumisas, calificada de ‘bruja’, ‘puta’, ‘feminazi’ o ‘TERF’ (trans exclusionary radical feminist), que es lo peor que se puede ser hoy en día.

Abigail Shrier, periodista norteamericana del The Wall Street Journal, escribió el pasado año Un daño irreversible. La locura transgénero que seduce a nuestras hijas (Deusto). Una obra polémica, como la que nos ocupa, incluida en la lista de los libros del año por The Economist y The Times, al mismo tiempo que acusada de transfobia e ignorada por muchos medios.

Shrier llama a la reflexión ante el creciente número de niñas que se sienten niños. En el año 2016, en EE.UU., las mujeres representaron el 46% de todas las cirugías de reasignación de sexo; mientras que en el 2017, este porcentaje subió al 70%. Y si hace una década, una de cada dos mil alumnas se identificaba como transgénero, hoy es una de cada veinte. Es decir, que la cifra se ha multiplicado por cien en solo una década.

La autora denuncia como en algunos estados de Norteamérica se puede llegar a dar testosterona en la primera visita al médico, y como el gobierno paga el tratamiento u ofrece una forma de copago. La transición es fácil, barata y celebrada. Algo muy tentador, mientras en TikTok los médicos hacen publicidad de este tipo de cirugía. ¿Responden todos estos casos a una auténtica disforia de género o el cambio de sexo se ha convertido en una manera de dar salida a las angustias de la adolescencia, en un intento desesperado de búsqueda de popularidad entre los compañeros (ser trans es algo cool) o podría tener sus raíces en un contagio social?

Parece que plantearse esta simple pregunta es lo que nunca hay que hacer y, precisamente, lo que han hecho José Errasti y Marino Pérez Álvarez en su libro, para escándalo de muchos e interés de otros.

Nadie nace en un cuerpo equivocado. El mismo título del libro es una llamada al apedreamiento social, porque muchos lo traducirán como una negación de la condición transexual. Sin embargo, si se lee esta obra, se ve que no hay que interpretarlo en ese sentido sino que, como dicen casi todos los terapeutas, el cuerpo no es el trauma sino el medio donde se materializa el trauma. ¿Podéis explicar esta idea un poco más a fondo, además de dejar bien claro que no sois tránsfobos?

José Errasti. La idea de que en el momento de la fecundación ha tenido lugar un error, de tal forma que donde debería haber un par XX hay un par XY, o viceversa, es una idea que no tienen ningún fundamento. El cuerpo es el origen de la persona. La persona se va a construir en un cuerpo, en una interacción social con otras personas, en una cultura, y el cuerpo es el punto de partida.

Uno tendría que preguntarse ¿equivocado respecto a qué? Yo creo que, más bien, lo que ocurre es que la persona nace en sociedades equivocadas, o que tienen discursos equivocados que convierten al cuerpo humano, a los órganos genitales o a la dimensión sexual en un campo de batalla. De tal forma que se problematiza la vivencia de lo que tenga que ver con esos aspectos del cuerpo. Esto no se hace con los pulmones, ni con el corazón, ni con la función depurativa de los riñones, pero si con los genitales. Esta sociedad machista ha convertido el cuerpo de los jóvenes en un campo de batalla. Pero no es en el cuerpo donde está el error, aunque se manifieste ahí, ni es sobre el cuerpo donde hay que intervenir. Somos psicólogos y debemos intervenir en el ambiente y en la cultura donde aparecen estos problemas. Tanto en el macroambiente cultural, como en el microambiente de la familia, la escuela, el grupo de amigos o las redes sociales.

Marino Pérez. El cuerpo de los adolescentes parece ser el campo de batalla de problemas que se dan en otro lugar. La ideología transgénero trata de desestabilizar el sexo binario y, supuestamente, trascender las relaciones sexuales. Es una batalla ideológica, casi política, que se traslada al cuerpo de los adolescentes, creándoles problemas con la identidad de género que muchos de ellos no tendrían sino fuera por el tipo de discursos y pseudo explicaciones que han recibido.

Vosotros no negáis que haya personas que tengan disforia de género; pero, últimamente, las cifras se han disparado, empiezan a una edad más temprana y cada vez hay más más chicas que se sienten chicos, cuando antes era lo contrario. A mí me parece que cuando hay un cambio significativo, lo menos que puede hacer uno es preguntarse por la causa de ese cambio.

Marino Pérez. No negamos que estas experiencias de disforia sean reales. Lo que nos planteamos es cómo son reales. Y nos preocupa lo que señalas; que, de pronto, en los últimos cinco-ocho años esto haya aumentado de forma exponencial. Y como cada vez hay más chicas que se perciben como chicos. Esto es lo que habría que estudiar y lo que la ideología queer trata de impedir porque toman los sentimientos y las experiencias como evidencia de esa disforia, sin plantearse de dónde vienen. Desde la psicología se sabe que los sentimientos son muy influenciables por los demás, y que son muy pasajeros como para basar en ellos decisiones de por vida.

José Errasti. Hay una doctrina oficial que entiende que existe una esencia generista que se manifiesta, y que los adolescentes y los niños pequeños pueden llegar a manifestarla. Y que todo lo que sea preguntarse el por qué es una falta de respeto hacia ellos, porque el por qué es obvio. Ellos expresan su esencia. Por lo tanto, cuando una chica de 13 años, que a lo mejor lleva tiempo en las redes sociales, compartiendo con amigos contenidos de los movimientos transgénero, queer, etc, llega un día a su casa y dice: “papá, mamá, he descubierto que soy un chico”, cualquier pregunta, duda o estudio que no acepte que ha manifestado una esencia es considerado una falta de respeto. Una falta de respeto que niega la existencia de la persona, que niega el derecho más fundamental de todos, que es ser ella misma. Nosotros creemos que esta es una psicología basura, nefasta, un individualismo facilón y subjetivista; y los psicólogos estamos en la obligación profesional y ética de preguntarnos el por qué de las cosas. Y esto no es faltarle al respeto a las cosas. Al revés, es respetarlas aún más.

El libro va ya por la octava edición. Sin embargo, habéis sido objeto de muchas críticas, censuras y amenazas ¿Qué es lo más fuerte que os han dicho? ¿Cuál ha sido el episodio más tremendo, patético o, hasta cómico, que habéis vivido con motivo de este libro?

José Errasti. El libro no ha sido objeto de críticas. Se nos ha intentado expulsar a nosotros del debate, que es algo muy diferente. Nadie ha dicho: “bueno, el libro tiene esta idea que es equivocada, le faltan tales datos o tales otros, el desarrollo que hace de tal aspecto no es el correcto”. Lo que se ha dicho es que el libro ha sido escrito por malas personas, movidas por el odio, a las que no se les debe permitir hablar. No se debe editar, no se debe presentar y no debería estar permitido que se vendiera. Acusarnos de transfobia no es una crítica al libro, sino una excusa para no tener que explicarlo o rebatir los argumentos. Se inventan odios que no tenemos para expulsarnos del debate.

Éxito y miseria de la identidad de género, es el subtítulo del libro. La teoría queer ha tenido sus puntos positivos, acabar con la estigmatización de este colectivo, pero también tiene sus fallos, que vosotros exponéis. El primero es pensar que el sexo es subjetivo “los bebés nacen sin sexo”, “hay más de dos sexos”, y confundirlo con el género. Es curioso porque, contrariamente a esta idea, últimamente, se habla de la necesidad de una perspectiva de género en la medicina. Es decir, que los estudios, los experimentos, los tratamientos tengan en cuenta que hay dos sexos, que hay hombres y mujeres, porque no siempre se observa esta realidad.

José Errasti. En muchas ocasiones confundimos sexo y género como si fuese la misma cosa, y son completamente distintas. Deberíamos decir perspectiva de sexo en medicina, no de género. El concepto de género ha borrado al concepto de sexo. El género aparece en los años 80-90 para designar los estereotipos sexuales y para acentuar que no están vinculados naturalmente al sexo, sino que son construcciones políticas y culturales que perpetúan relaciones de poder. Pero de pronto, la palabra género se confunde con el sexo en todos los ámbitos. Y se habla de una perspectiva de género para detectar los infartos en mujeres cuando, en realidad, sería una perspectiva de sexo. Deberíamos empezar a hablar de estudios de sexo y no de género, de perspectivas de sexo, y no de género.

José Errasti, psicólogo y coautor del libro Nadie nace en un cuerpo equivocado (Deusto).

Si se borra la distinción entre sexo y género se retroceden muchas casillas en la lucha feminista. Vuestro libro denuncia que la filosofía queer, que pretende ser tan progresista y avanzada, en muchos puntos resucita ideas del pasado. Por ejemplo, que hay un cerebro de mujer y otro de hombre. Y las feministas lucharon mucho por acabar con esta visión que defendía que las mujeres eran menos inteligentes o tenían menos habilidades para hacer ciertas cosas, debido a su estructura cerebral.

Marino Pérez. La neurociencia es la que pone de relieve que no hay cerebros masculinos o femeninos. Y la ciencia se ha interesado en estudiar esto, pero lo que se ha descubierto, por ahora, es que los cerebros son un mosaico de diferencias y no existe una división taxativa de hombre-mujer.

José Errasti. Se ha usado con frecuencia la imagen del Caballo de Troya y es una imagen perfecta para explicar lo que ocurre. La teoría queer es un Caballo de Troya que se mete dentro del feminismo; pero que, en verdad, es una postura radicalmente antifeminista, que hace retroceder muchas décadas a esta lucha. El mero hecho de que desaparezca el propio concepto de sujeto político del feminismo, el mero hecho de que mujer sea cualquier persona que así se rotule, hace que el feminismo se desdibuje. Al fin y al cabo, ser varón o ser mujer es únicamente una palabra que la persona se atribuye a sí misma, pero que no implica nada, porque hay infinidad de mujeres que no tienen nada en común que las unifique.

El aborto es un tema que ha reaparecido en EEUU, pero ya no entra dentro de los derechos de las mujeres, porque ahora pueden abortar tanto mujeres como varones. Ahora se traslada a los derechos de las personas gestantes. The Washinton Post hizo hace poco un editorial de 700 palabras hablando de como se ha reavivado la polémica del aborto, donde no aparecía, ni una sola vez, la palabra mujer.

Algunas feministas han denunciado que esta ideología queer supone un borrado de la mujer como sujeto, en primer plano, de la lucha por la igualdad. Una lucha diluida ahora en una genérica identidad sentida, que también puede encarnar el varón biológico. La nadadora trans, Lia Thomas, se está haciendo con todas las medallas en natación femenina. La mujer del año, según la revista USA Today, es una mujer trans, Rachel Levine, subsecretaria de salud del gobierno de Biden. Calvin Klein acaba de sacar en su campaña para el Día de la Madre a un hombre trans embarazado, con el eslogan “nos podemos reproducir biológicamente o desde el corazón” (¡qué se lo digan a las mujeres que se someten a costosísimos tratamientos de fertilidad!). A lo mejor soy una mal pensada, pero veo a muchos hombres sustituyendo a mujeres y no al revés. No veo a un hombre trans siendo el hombre del año. ¿Es esta una nueva, sutil y enrevesada forma de machismo o patriarcado?

Marino Pérez. Absolutamente, se está reintroduciendo el machismo más recalcitrante.

José Errasti. Ciertamente, no es un tema simétrico, que esté ocurriendo por igual de un lado hacia el otro. El enorme boom de los problemas transgénero en la adolescencia no se está distribuyendo por igual entre varones y mujeres, y la presencia de mujeres trans en los medios no es igualitaria respecto de los varones trans. Es una nueva forma de machismo en la que la mejor mujer resulta ser un varón biológico.

Otra cosa a tener en cuenta es que se está confundiendo transexual y transgénero, que no es lo mismo.

José Errasti. Se está confundiendo sexo y género en todas partes. En su defecto se oye el término personas trans, pero trans es un prefijo y hace falta decir la raíz de la palabra. ¿Trans qué? Es como hablar de personas hiper o post. ¿Post qué? ¿Hiper qué? Se trata de confundir la transexualidad con el transgenerismo y lo que se oculta es someter al sexo bajo la alfombra del género.

Las personas transgénero son las que no se ajustan al estereotipo sexual asignado (el masculino o el femenino) en nuestra cultura y, en este sentido, nosotros defendemos que todos somos transgénero. No hay una sola persona que no lo sea. Nadie es al  cien por cien el estereotipo masculino o femenino. Ni siquiera Marilyn Monroe o Clint Eastwood. Todos estamos en medio, más cerca de un lado o del otro, ya sea en aspectos estéticos, emocionales, laborales, etc. Todos somos transgénero, aunque se hable de transgenerismo solo para las personas que estéticamente imitan al otro sexo. Pero esto no genera ningún tipo de conflicto, ¿Qué problema hay en que yo no conduzca, a parte de que Marino me tenga que llevar a todas partes?

Marino Pérez. La diferencia entre transexual y transgénero también tiene que ver con el momento y con la posición ideológica. Dentro del colectivo LGTBI, que no es homogéneo, hay también una posición más tradicional, que estaba vigente hasta hace unos años, que era hablar de transexuales. Y ese hablar de transexuales fue el que quedó reducido o arrasado por el transgenerismo. Pero, a día de hoy, al que es transgénero se le mete  en el mismo saco que al transexual.

¿Estáis diciendo que hay muchas personas que, siendo transgénero, se las clasifica como transexuales?

Marino Pérez. Sí. Y hay muchas personas transexuales que no quieren ni oír hablar del transgénero porque, en realidad, su disforia es con el sexo, no con una variedad infinita de géneros que, al final, se reducen a dos.

Es curioso el ejemplo de un tal Preciado, del que habláis en el libro. Defensor a ultranza de la ideología queer, que aboga por una renuncia al sexo. En su Manifiesto Contrasexual se declara disidente del sexo. Y en un contrato que redacta renuncia a mantener relaciones sexuales. A mí esto me resuena a transhumanismo y a puritanismo. La Iglesia Católica nos decía que el sexo, fuera del matrimonio y sin fines reproductivos, era pecado. Preciado nos dice que ya no es cool. Finalmente, el sexo (del que Einstein dijo que era la energía más potente del universo) sigue estando perseguido.

Marino Pérez. Aquí se presenta un cruce de tensiones, de ideologías que van en direcciones contrarias y el propio Preciado encarna esto. Como disidente del sexo, escribe ese Manifiesto Contrasexual, donde trata de desestabilizar el sexo normativo, algo que está en la base de la procreación. Pero su supuesta modernidad incurre en un tremendo puritanismo, donde el ser heterosexual queda como algo retrógrado, algo que habría que superar con un dildo, con un masturbador. Es todo muy contradictorio. En el caso de Preciado, da la impresión de que, ya fuera por mérito personal, por inteligencia o por formación, ha resuelto su caso personal con una especie de doctrina que trata de generalizar  y de imponer. Pero es una doctrina llena de contradicciones porque, si en un primer momento, está en contra del capitalismo (que es el culpable de todos los males); más tarde aboga por el capitalismo fármaco-quirúrgico, como una especie de superación del hombre, lo que entronca ya con el transhumanismo.

José Errasti. Nosotros comparamos en el libro la ideología queer con el agnosticismo antiguo que, justamente, despreciaba el cuerpo y el sexo en favor del alma, que es lo que está ocurriendo ahora. Es el cuerpo el que hay que remediar e intervenir quirúrgicamente. El que hay que superar en términos de sus deseos y órganos sexuales, mediante artilugios e intervenciones quirúrgicas que lo saquen de la categoría humana en donde está. Esta idea conecta con algunos líderes del transgenerismo como Martine Rothblatt, que es una mujer trans y que, además de medio fundar una nueva religión, está promoviendo el transcendentalismo del sujeto corpóreo. Diseñando, o bien robots que sustituyan a los humanos, o bien el hibrido hombre-máquina. No habría que perderle la pista a esta dimensión transhumanista, que salta a la vista, en el fenómeno queer.

Marino Pérez Álvarez, psicólogo y coautor del libro Nadie nace en un cuerpo equivocado (Deusto).

Esto se contradice con la supuesta sociedad hipersexualizada en la que vivimos. Y digo supuesta porque estudios demuestran que la frecuencia de las relaciones sexuales ha bajado, en proporción a las que tenían nuestros padres y abuelos. Como dice Bauman, vivimos en una sociedad líquida, con una sexualidad líquida; aunque yo diría que ya ha pasado a gaseosa. ¿Qué capacidad hay, tras estos tratamientos médico quirúrgicos que reciben las personas trans, de disfrutar de una sexualidad plena?

José Errasti. Estos tratamientos médicos, y excuso decir los quirúrgicos, tienen como efectos segundarios, en una gran cantidad de casos, la anorgasmia, la incapacidad para disfrutar, la pérdida de sensibilidad en la zona genital. Esto está documentadísimo. A pesar de que los tratamientos quirúrgicos intentan imitar, en la medida de lo posible, los genitales del otro sexo, es obvio que la sexualidad se resiente.

Marino Pérez. Con cierta ironía diré que hay una huida del sexo, que era el epicentro de las generaciones anteriores en tiempos universitarios, hacia la comida y las mascotas. La comida y las mascotas producen esa satisfacción que antes se buscaba en las relaciones sexuales.

¿Cómo explica la ideología queer el aumento tan exponencial de casos de disforia de género en los últimos años? Imagino que diciendo que al haber más libertad y tolerancia, la gente se anima a salir del armario.

Marino Pérez. La explicación oficial es esa. Que la mayor visibilidad y aceptación es la causa de que haya más disforia de género hoy en día. La disforia existía siempre en la misma proporción, lo que pasa es que ahora se expresa. Esa concepción es meramente metafísica y, por otro lado, contradice el fenómeno social.

José Errasti. Se intenta dar a este tema un tratamiento excepcional respecto a cualquier otro; porque, los psicólogos sabemos que hay un cierto contagio social que ocurre en todos los trastornos emocionales. A lo largo del siglo XX hemos visto aparecer y desaparecer, en picos, diversos trastornos, especialmente en la juventud  y en la adolescencia, y nadie discute la variante del contagio social, excepto en este asunto. Sabemos que la identidad se forja en las relaciones sociales y en la cultura donde uno se crea, menos en este tema. Ante cualquier problema, malestar o sufrimiento psíquico hay que preguntarse e investigar, y no aceptar de entrada la explicación que la persona da. Se valida su sufrimiento, nadie discute su sufrimiento, pero se valora la explicación que la persona da a ese sufrimiento, salvo en este asunto. Este tema es la gran excepción en todos los asuntos que tengan que ver con la explicación de su origen, de su naturaleza, de su tratamiento, de por qué ahora hay más que antes. Y todo en aras a un dogma indiscutible, completamente metafísico, que habla de esencias que las personas traen consigo y del uso del verbo ser sin predicado (‘exijo ser’). De hecho, si ahora sales a la calle y preguntas a la gente cuál es su identidad nadie va a decir: proletario, español, anciano, virólogo. Todo el mundo va a decir: hombre, mujer, no binario, fluido, intermedio… Se ha asumido que la identidad (a secas) es la identidad sexual.

Nosotros entendemos que esto es un elemento de desactivación política, que responde al subjetivismo y narcisismo de la sociedad actual y que da lugar a una sociedad inofensiva para el poder político y económico. Al mismo tiempo, los jóvenes están encantados porque se les está vendiendo que son las personas más revolucionarias de la historia. Una revolución que está vendiendo Amazon, Netflix, Disney y las grandes corporaciones. Un trabajador trans de Amazon tiene derecho a cambiar la foto en su ficha registral en la empresa, a medida que va progresando en la transición; pero no tiene derecho a contar con un representante sindical que defienda sus condiciones laborales.

Otra de las incongruencias a este respecto es la separación de cuerpo y alma. O, si se prefiere llamar, género, sentimiento, sentir. Expresada en la frase ‘soy un hombre atrapado en un cuerpo de mujer o viceversa’. Cuando en realidad cuerpo y psique se interrelacionan e interactúan.

Marino Pérez. Ciertamente, se reactualiza la distinción cuerpo-alma que se trataba de superar. Ahora la mente o el alma es la identidad de género que se lleva inscrita, sin estar localizada en ningún sitio, dentro del cuerpo. Y lo que marcaría la verdadera esencia es esa identidad de género. Sería el cuerpo el que estaría equivocado y habría que corregir para ajustarlo al alma. La terapia afirmativa viene a ser una psicoterapia con bisturí, que viene a ser algo que ocurre también en la cirugía estética. Para resolver problemas que tiene el individuo con su propia imagen o autoestima, uno se embarca en intervenciones quirúrgicas interminables, porque nunca va a quedar perfecto. Pero los cirujanos estéticos están encantados.

José Errasti. La teoría oficial dirá que cada caso será diferente y que cada persona pedirá unas cosas u otras. Habrá personas que pidan medicarse, otras no. Unas pedirán operarse y otras no. A mí esto me recuerda mucho a aquel axioma, que creo que es de Rousseau, que decía: “dejemos a los niños que hagan lo que quieran, que ya nos ocuparemos nosotros de que quieran hacer lo que nos interesa”. Así, en las redes sociales abundan los ejemplos de personas que declaran que sus vidas eran un desastre hasta que se operaron o se medicaron. Momento en el que todo empezó a funcionar maravillosamente bien. Esta forma de ver la psicología me recuerda mucho a las estrategias del capitalismo. Pida usted lo que quiera, pero el deseo de tener un iPhone no ha brotado espontáneamente de la persona, se le ha creado. Ha sido socialmente inducido a tener ese deseo.

La idea principal que ronda su libro es la de acabar con el enfoque afirmativo como única salida a la disforia de género. No es que rechacéis esta opción, pero subrayáis que no debería ser la única. ¿Qué proponéis entonces?

Marino Pérez. Lo que hacen los psicólogos clínicos, los médicos de atención primaria, los endocrinólogos, los pediatras y los psiquiatras con el resto de casos y problemas que les llegan a la consulta; que es estudiarlos. Tratar de entender lo que les pasa a los pacientes, haciendo los diagnósticos, preguntándoles y haciendo las valoraciones y exploración correspondientes. Sin asumir, para nada, el autodiagnóstico que el paciente trae de casa. Pero la terapia afirmativa se basa en afirmar el sentimiento del niño o adolescente que se siente del otro sexo. Cualquier otra cosa es interpretada como terapia de conversión.

¿Quién examina a un niño/a con disforia de género? ¿Un psicólogo, un médico?

Marino Pérez. Cuando los padres se encuentran con esta novedad, con esta situación, van a la escuela a preguntar y luego van al pediatra. Pero, generalmente, los pediatras ya tienen un protocolo de actuación. Donde se suele ir es a las Unidades de Identidad de Género, que tienen todas las comunidades autónomas y que suelen estar centralizadas en un sitio, un hospital. Estas incluyen psicólogos, psiquiatras, endocrinólogos y las derivaciones que pudiera haber.

Aquí, el papel del psiquiatra y psicólogo queda reducido a descartar un trastorno psicótico o delirante, pero no tiene la función de explorar, de preguntar de dónde surge ese malestar. Muy rápidamente, la solución queda en manos del endocrinólogo y, finalmente, en manos de los cirujanos. Los endocrinólogos tienen también sus protocolos respecto a la terapia afirmativa. Aplicar el bloqueo hormonal o la hormonización cruzada.

José Errasti. Nosotros dejamos claro que no nos oponemos a la terapia afirmativa, ni a la transición fármaco-quirúrgica, como última alternativa. Habrá casos en los que esa sea la mejor intervención que cabe hacer ante el sufrimiento de la persona. Pero sí que nos oponemos a que se vea como única opción para todo el mundo. Pensamos que hay que ir probando, de las soluciones menos agresivas a las más contundentes. Pero para ello se nos tiene que permitir evaluar cada caso, aplicar nuestros conocimientos, proponer otras ideas, acompañarlos, esperar y ver lo que va ocurriendo. Intentar detectar de dónde proviene esa forma de referirse a su sufrimiento. Esta es la postura más sensata.

La terapia fármaco quirúrgica es también un gran negocio. Las clínicas de asignación de género han florecido en EEUU y en todo el mundo. Porque, además, son tratamientos largos y costosos. ¿Se informa realmente al sujeto de todos los pasos del tratamiento, de los efectos secundarios? Porque vemos que ahora están tomando visibilidad los destransicionistas, personas que abandonan la transición o que se arrepienten de haber pasado por el quirófano.

Marino Pérez. Se supone que sí, porque los protocolos implican un consentimiento informado de todo lo que le va a pasar. Pero en la práctica, es posible que no estén presentes todas las consecuencias y todos los efectos secundarios que van a ir apareciendo, porque apenas se conocen, dado que se trata de procedimientos que están en fase experimental, De manera que los efectos a largo plazo no son conocidos. Se van conociendo ahora, y no son precisamente muy halagüeños, en el sentido de resolver todos los problemas.

Creemos también que el consentimiento informado no debería interpretarse como algo puntual sino procesual; de manera que habría que revisarlo cada poco tiempo, según vayan yendo las cosas. Y, finalmente, hay que tener en cuenta que los niños y adolescentes están continuamente expuestos, en las redes sociales, a casos a los que les ha ido muy bien, pero que no siempre dan la verdadera imagen, sino que presentan solo el lado más favorable.

José Errasti. Al hablar de información, lo fundamental es la credibilidad de la fuente de información. Hoy en día, para los adolescentes, tiene más credibilidad su grupo de iguales que, en esta caso, se canaliza a través de las redes sociales, que lo que puedan decir los padres o los médicos.

Los campus universitarios son, quizás, los lugares donde hay más adeptos a la filosofía queer ¿Por alguna razón en especial, aparte de que allí se congregan muchos jóvenes? Me ha extrañado mucho leer en el libro que ser gay, lesbiana y bisexual ya no es una opción muy cool en esos ambientes.

José Errasti. Este fin de semana un humorista norteamericano, llamado Bill Maher, hizo un monólogo devastador sobre este tema. Decía, más o menos, que ante los trans ser gay es como ser normal y ser heterosexual es como ser mormón.

Estamos ante un movimiento con una gran carga generacional. De ahí que sus principales seguidores sean gente alrededor de los 20 años o adolescentes; y, dentro de estos, aquellos con pretensiones intelectuales, que puedan estudiar carreras de filosofía o psicología. Caen muy fácilmente ante discursos que presentan una teoría vanguardista, revolucionara, sofisticada, totalmente nueva que demuestra que todo lo anterior estaba equivocado. Y mantienen, además, que esto de la libertad de expresión está sobrevalorado, que no es tan importante como creíamos, y que por encima del debate académico está la justicia social y esta moralidad, que no debe ser incumplida. Y, por lo tanto, no se debe permitir a la gente que hable de ciertas cosas.

Lo terriblemente preocupante de la universidad no es el alumnado sino el profesorado, los cargos, como los profesores se ponen de perfil y se inhiben ante este tema, ya que no quieren tener problemas con los alumnos ni tener una mala puntuación en sus evaluaciones. En Palma de Mallorca lo que nos pasó a nosotros (se canceló una charla que teníamos programada en la UIB) es que el propio rector depende a su vez de los votos de grupos que simpatizan con determinadas ideas. La universidad, hoy en día, es un lugar que destaca por su falta de libertad de expresión.

El apartado de la neolengua es uno de los más divertidos del libro. Esos 251 géneros distintos, que ya hay registrados, como se utiliza el término vagina para designar lo que tiene entre las piernas una mujer trans y como a la vagina de una mujer biológica se le llama ‘orificio delantero’. Es difícil creer todo lo que se lee. Pienso que si alguien ajeno al tema coge vuestro libro, le resultaría difícil creerse todo este compendio de surrealismo y pensaría: ¡No puede ser verdad. Estos dos tránsfobos exageran!

José Errasti. Nosotros utilizamos un juego de palabras y decimos que cuando explicas estas cosas a la gente que no está en el ajo, creen que no lo entienden, porque no pueden creer que lo están entendiendo. Dicen: “no, no espera, vuelve a contármelo que no lo entiendo”. Y tú les dices si, que lo entiendes. Lo que pasa es que no puedes creer que lo estás entendiendo.

Uno de los elementos más importantes en todo movimiento juvenil es un neolenguaje. Toda adolescencia tiene una jerga propia para reconocerse y, en este caso, el neolenguaje es más potente que nunca. Llega hasta los pronombres personales, los sufijos, los morfemas de género de las palabras, junto con toda una nueva revolución. La bandera gay, con los colores del arco iris, ahora se ha subdividido en cien banderas diferentes. Con lo cual, esta proclama que se hacía de estar en contra de las etiquetas (¡A mí no me encasilles!), está dando lugar al mayor número de etiquetas de la historia. Banderas con su palo, como apuntaban en las redes sociales las personas que acudían a nuestra presentación en Barcelona. Las proclamas decían: “venid con vuestras banderas y con sus palos”.

Marino Pérez. Ante tantas opciones de nombres, de géneros y de identidades, puede que alguien no encaje en ninguna y tenga que crear la suya (Ritagenero o Marinogenero) para ubicarse en este maremágnum de opciones.

¿Qué pensáis del anteproyecto de la llama Ley Trans en España?

José Errasti. Tenemos una opinión negativa de esta ley, que impone el enfoque afirmativo como talla única para todo el mundo y propone sanciones muy grandes para los profesionales que no se ajusten a él. Lo más terrible es que la ley se aprobará o no se aprobará. Y tanto una cosa o la otra será por estrategia política de los partidos integrantes. Unidas Podemos claramente apoya la ley, aunque Izquierda Unida no la apoya tanto y el PSOE también está dividido. Habrá negociaciones, intercambio de cromos, yo te apoyo en esto a cambio de lo otro; pero, en cualquiera de los casos, no habrá sido por una evaluación de la ley, una reflexión acerca de lo que pone o de su conveniencia, sino por motivos menores de política cortoplacista, completamente miserable. Y entonces chicas de 16 años podrán cortarse los pechos, o no. Ya se verá.

Marino Pérez. Lo irónico de esta ley, que posiblemente se apruebe, es que va en dirección contraria a lo que están haciendo ya otros países, que ya han pasado por leyes similares, como Suecia, Finlandia o Inglaterra. Dichos estados están dando marcha atrás, a resultas de las consecuencias obtenidas, y están posponiendo las terapias afirmativas a edades más allá de la pubertad o la adolescencia, cuando se cumpla la mayoría de edad. Y parecen también más partidarios de esperar y ver. Lo que se llamaría una psicoterapia exploratoria, que implique preguntar y retar a los niños, en vez de afirmarlos de forma estúpida. Darles la razón en todo, como a los tontos.

Pienso también que politizar tanto el sexo, convertirlo en un estandarte, en una cruzada, en un arma arrojadiza, en algo cada vez menos instintivo y más racional puede alejarnos a marchas forzadas de su capacidad de proporcionarnos placer. Como se está viendo ya en las consultas de sexología, que cada vez hay más gente sin deseo y con problemas sexuales.

José Errasti. Los estudios demuestran que estamos ante la generación que menos relaciones sexuales ha tenido de todos los tiempos; a pesar de que, digamos, las tiene más disponibles que nunca. A pesar de que hay menos tabúes o problemas. No es de extrañar que sea así, en un entorno donde el sexo se ha problematizado tanto, donde ha perdido tanta espontaneidad, donde se ha convertido en un acto político que compromete tu identidad y quien eres. Esta visión es contraria a la de un sexo con un importante elemento de placer, de espontaneidad, de inmediatez. Ahora todo ha de ser planteado en unos términos transcendentes, solemnes y las expectativas están altísimas respecto a cómo deben ser las parejas o las relaciones.

¿Qué colectivos os apoyan en vuestra visión de cómo tratar este asunto? Porque ya hay transexuales que no comulgan con la teoría queer ( la propia Veneno tampoco lo hacía, según se desprende de las declaraciones de algunos de sus vídeos).

José Errasti. El feminismo radical es quizás el más conocido, pero empiezan a aparecer colectivos LGB que ya prescinden de la T y la Q, porque entienden que son orientaciones sexuales diferentes. Solo lesbianas, gays y bisexuales, y luego nos apoya muchísima gente que no pertenece a ningún colectivo. Las simpatías que recibimos a diario son de gente que no tiene unas siglas: profesores de instituto o de la ESO, psicólogos, padres. Aunque a muchos todavía les da miedo significarse o ser tachados de tránsfobos por oponerse a este delirio.

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1 Comentario
  1. exelente reportage, Creo que Paul Beatriz Preciado dice cosas muy interesantes con respecto a lo normativo del genero y la nececidad de un cambio de paradigmas en la trancision hacia una nueva sociedad sin abordar este aspecto del sufrimiento del cuerpo como origen del traumatismo, creo que hay puntos muy interesantes y complementarios en la manera de ver de estos distintos autores .
    Gracias
    Pablo

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