Javier Álvarez, psiquiatra y creador de la corriente ‘Nueva Psiquiatría’, en España.

“La psiquiatría clásica ha sido un fracaso porque trata los síntomas, no al paciente”.

En un mundo que apunta ya a que la nueva pandemia será en forma de enfermedades mentales, la Nueva Psiquiatría se perfila como una corriente revolucionaria, que busca un enfoque más humano, holístico y menos medicalizado para tratar los trastornos psíquicos.

Rita Abundancia

Javier Álvarez, psiquiatra y creador de la Nueva Psiquiatría.

Como nadie es profeta en su tierra (y menos en España), Javier Álvarez no frecuenta los grandes medios de comunicación de nuestro país, pero psiquiatras de Japón y otros países vienen a visitarlo, interesados en estudiar su nuevo modelo para afrontar y tratar los trastornos mentales.

Doctor en filología española y en psiquiatría y actualmente jubilado, sus últimos años de trabajo los pasó como jefe del servicio de psiquiatría del Complejo Asistencial Universitario del Hospital General de León.

A lo largo de su carrera Álvarez veía, con tristeza, como la psiquiatría se medicalizaba, se centraba en los síntomas, más que en el paciente, y se convertía en una disciplina pesimista y sin esperanza, donde los trastornos eran para toda la vida. Por eso creó una nueva corriente, la Nueva Psiquiatría. Un enfoque distinto y novedoso a la hora de tratar las enfermedades mentales que, como cada día nos recuerdan, constituirán la nueva pandemia de la sociedad del futuro.

¿Qué hay que entender por Nueva Psiquiatría, qué factores le llevaron a crear esta nueva corriente psiquiátrica y cuándo nació?

Nació en diciembre de 2015, como asociación. Lo que me llevó a crearla fue el descontento, a lo largo de mi vida profesional, con la manera en la que se estaba ejerciendo la psiquiatría. Sobre todo a partir de 1980, con la aparición del DSM 3 (los DSM son manuales de diagnóstico de los trastornos o enfermedades que elabora y publica la Asociación Americana de Psiquiatría y que sirven de referencia para el mundo entero). Entonces, se impuso un modelo de psiquiatría muy nocivo y con consecuencias muy catastróficas para la población implicada. Ese fue el motivo. Yo estaba trabajando como psiquiatra en activo (ahora estoy retirado) en el Hospital General de León y esta asociación la creé ya a punto de jubilarme.

¿Qué es lo que no le gustaba de los diferentes DSM?

Muchas cosas, el sistema en sí. A partir del DSM 3, que se publica en 1980, se establece un sistema de diagnósticos puramente categorial. Los diagnósticos son compartimentos estancos e, independientemente, de que haya mil elementos en el puzle de la psicopatología, si tienes varios síntomas te ponen un diagnóstico u otro, como si la mente se pudiese separar en conceptos categoriales diferentes.

Pero además, otro error es que esos diagnósticos son totalmente subjetivos. El DSM 1 tenía 105 trastornos y en el 5 hay ya más de 350. Esto no quiere decir que con los nuevos se hayan estudiado las causas, los fundamentos biológicos o bioquímicos. No se sabe nada de ellos. En psiquiatría no hay marcadores biológicos que corroboren la existencia de un trastorno. Son acuerdos a los que llegan un grupo de profesionales.  Como decía Ronald C. Kessler ( sociólogo norteamericano que estudia las causas sociales de las enfermedades mentales) en el año 2007, en un artículo que resultó muy alarmante, la mitad de la población de EEUU reúne criterios para tener un diagnóstico psiquiátrico y la cuarta parte para tener dos. Es decir, que se ha psiquiatrizado a la mitad de la población mundial. Se ha creado una falsa pandemia psiquiátrica en base a esos diagnósticos subjetivos.

Cuando salió el DSM 5, en 2013, Thomas Insel era entonces el presidente del Instituto Nacional de Salud Mental de EEUU (NIMH). Es decir, la persona con más capacidad decisoria del mundo, a nivel político, en cuestiones de salud mental. Pues bien, Insel dijo dos cosas. Primera: “Nuestros pacientes se merecían algo mejor”. Segunda: “El principal problema del DSM 5 es que no tiene validez para diagnosticar y, a partir de ahora, el NIMH retira toda subvención a investigaciones basadas en diagnósticos de ese DSM”. Otras muchas autoridades se han dado cuenta de que este sistema no vale.

Así, a bote pronto, a uno se le ocurre pensar que las farmacéuticas van a ser las primeras beneficiadas de este sistema, porque así podrán vender sus productos.

Efectivamente, mucha gente piensa que detrás de todo esto está la industria farmacéutica, porque cuantos más diagnósticos haya, más tratamientos y más pastillas se venderán. Pero el problema principal es que se ha psiquiatrizado a un grupo de población con diagnósticos que, siendo completamente subjetivos, se nos venden como enfermedades de las que ya se conoce su base biológica y bioquímica y para las que hay ya un tratamiento farmacológico específico, y estos hechos son mentiras.

No hay marcadores de esquizofrenia o de trastorno bipolar, ninguno. Pero ya se da por sabido que estas enfermedades son de naturaleza heredoconstitucional, se supone que ya conocemos las causas (alteración en los neurotransmisores neuronales) y que tenemos medicamentos para corregirlas. Pero eso sí, hay que tomarlos toda la vida. Un tratamiento que, a la larga, tiene más perjuicios que beneficios.

Eso sin contar con el estigma que uno deberá llevar el resto de su vida cuando un psiquiatra le comunique que es un enfermo mental. Porque los trastornos psiquiátricos son algo que la sociedad todavía no sabe cómo digerir. Una sociedad que, por cierto, presume de pretender que nadie se sienta excluido de ella.

Si, y los medios de comunicación contribuyen mucho a esta estigmatización. Todos recordamos las noticias de las cartas con balas que recibían algunos políticos durante la pasada campaña electoral en la Comunidad de Madrid. En una de estas cartas había una navaja, pero se aclaraba que la persona que la había enviado era esquizofrénica. ¿Qué aportaba a la noticia la palabra esquizofrénico? En primer lugar, es una violación de la ley de protección de datos, y un claro ejemplo de como la población psiquiátrica está muy marginada y estigmatizada.

De hecho, cuando a un chico joven se le diagnostica de esquizofrenia, el psiquiatra deja ya de atender al paciente y empieza a explicarle a los padres que es lo que tiene su hijo. “Una enfermedad muy grave, para toda la vida. Vayan pidiendo una discapacidad absoluta, olvídense de que pueda estudiar, hacer una carrera. Es una bomba de relojería que en cualquier momento puede estallar. Sabemos que se debe a la alteración de unos neurotransmisores y para paliar esto, en lo posible,hay que tomar una medicación que es para toda la vida y que le produce una serie de efectos secundarios…”

¿Qué cosas propone, entonces, la Nueva Psiquiatría para contrarrestar a la tradicional?

Volver a una psiquiatría más humana, que ya la hubo. Una psiquiatría más holística, más de contemplar al conjunto de la persona. Ya hubo épocas en las que funcionábamos más de esa manera. Por ejemplo, cuando yo me formé, el diagnóstico no era importante. Lo importante era que yo entendiese a la persona que tenía delante y acertase a guiarla de la manera que fuese. Ya fuera con un fármaco, escuchándola, buscando apoyos en la familia o en el entorno.

El diagnóstico empieza a tener valor con el sistema DSM. La psiquiatría moderna está basada en la necesidad de un diagnóstico, pero a mí me habían enseñado que no era lo fundamental. Cada persona es un mundo diferente, cada persona tiene su propio diagnóstico.

Esto es lo que proponemos, volver a un sistema no categórico sino dimensional. Voy a tener en cuenta a esta persona en su conjunto. Qué ha pasado en la vida de esta persona, cómo ha funcionado, cuál es su temperamento, qué traumas le han ocurrido. Tener en cuenta todos estos factores y, conforme a eso, hacerme yo una composición de lugar. Lo demás encasilla a la persona para darle una medicación y no resolver el problema. La Nueva Psiquiatría pretende acabar con este sistema de diagnóstico (si el paciente tiene alucinaciones e ideas delirantes, tiene esquizofrenia; si tiene ánimo depresivo e insomnio, tiene depresión) que yo creo que está muerto después del DSM 5 y las palabras de Thomas Insel. De hecho, no ha salido un DSM 6. Me gustaría pensar que en el futuro se tenderá a atender a la persona que tienes delante, y no a los síntomas que presenta.

Un punto que siempre recalca la Nueva Psiquiatría es que no rechaza el uso de la medicación, cuando es necesaria, pero actualmente hay una sobremedicación de los trastornos psíquicos. Según el último Informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, España encabeza el consumo mundial lícito de ansiolíticos, hipnóticos y sedantes, que en 2020 aumentó un 4,5% y superó las 91 dosis diarias por cada 1.000 habitantes.

Si, los países escandinavos, Alemania, Reino Unido y alguno de los Países Bajos también están entre los que más consumen este tipo de sustancias. Es decir, supuestamente, algunos de los países que mejor funcionan a nivel político y social. Así como hay una pandemia de diagnósticos, hay también otra de consumo de psicofármacos y la segunda es consecuencia directa de la primera. Es más, se sospecha que algunos trastornos se crearon después de que se tuviera el fármaco para ese trastorno.

El consumo de psicofármacos ha aumentado exponencialmente en el mundo desarrollado. Foto de Freestocks para Unsplash.

¿Cómo el de los niños hiperactivos?

Exacto. El trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Se sospecha que cuando las farmacéuticas vieron que la anfetamina en cuestión (la Ritaltina) calmaba la actividad en las ratas, pensaron que se podía aplicar también a los niños que tenían mucha actividad y entonces se creó ese concepto categorial, ese trastorno. Cuando ese niño llegaba a los 14, 17 ó 18 años tras haber tomado, ininterrumpidamente, este preparado y, si reunía criterios para ser esquizofrénico, entonces se le administraban antipsicóticos.

Es más fácil y barato dar pastillas a la gente que una terapia que le ayude a comprender o cambiar comportamientos. Lo último es más costoso y lleva más tiempo.

Y además exige una formación que, últimamente, a los psiquiatras no se les está dando, una formación psicoterapéutica; porque la biblia de la formación psiquiátrica, hoy en día, es el DSM.

La psicoterapia requiere una implicación personal mayor, que yo establezca una relación terapéutica con esa persona, que intente comprenderla, saber lo que le está pasando, empatizar con ella. Es mucho más exigente este enfoque pero mucho más eficaz y satisfactorio porque vas viendo el progreso de la persona. Tratar a los pacientes solo a base de fármacos es muy frustrante porque vas viendo como su trastorno se cronifica y como ellos se deterioran y se cumple la profecía inicial del psiquiatra: “ya le decía yo que esto tenía un pronóstico fatal”.

Otra de las cosas por las que aboga la Nueva Psiquiatría es utilizar todas las herramientas psiquiátricas que puedan ayudar a resolver ese sufrimiento psíquico. Nosotros sobre la medicación siempre decimos que hay que usarla en el momento en que hay que usarla, a la dosis que hay que usarla y el tiempo que hay que usarla. Y solo medicación tampoco.

Eso lo vemos en los grupos de Nueva Psiquiatría, en los que la gente se reúne cada semana y a fuerza de adquirir conocimientos sobre su propio proceso, van aprendiendo a manejar su problema psiquiátrico de otra manera, van recuperando un poder que habían perdido (este estaba todo en manos del psiquiatra) y estamos viendo que las personas consiguen salir de este círculo vicioso.

Háblenos de estos grupos. ¿Cómo se construyen, quienes los integran? ¿Tienen alguna similitud, en cuanto a la organización, con otros similares como Alcohólicos Anónimos?

Si, has citado el ejemplo clave porque este tiene una filosofía muy propia, muy característica. En los grupos participan usuarios, familiares, profesionales y también personas simpatizantes con la causa. Por ejemplo, hay mucha gente del mundo de la enseñanza que está muy sensibilizada con este problema. Y hay también profesionales de los medios de comunicación. Puede participar cualquiera que pueda aportar algo al conocimiento del problema psiquiátrico. Sobre todo usuarios y familiares.

En los grupos cada uno comparte su experiencia psiquiátrica y, a base de compartir y escuchar, se va aprendiendo a manejar el problema. Pero son grupos que requieren de un compromiso serio por parte de sus miembros. Con reuniones semanales a medio y largo plazo. Y tratamos de que los haya en el mayor número de lugares. Tenemos chavales que llevaban 20 años diagnosticados de esquizofrenia y están funcionando muy bien, prácticamente sin medicación.

Ha comentado alguna vez que la psiquiatría es una disciplina que se acerca más a la filosofía que a la ciencia. En parte porque sus fármacos tratan los síntomas pero no curan y, como ha apuntado antes, los diagnósticos son muy subjetivos. Las enfermedades casi siempre son incurables y para toda la vida y se ha avanzado muy poco en el conocimiento del cerebro y sus mecanismos. A simple vista, la psiquiatría parece una disciplina asentada en el pesimismo y la desesperanza.

Pues sí, salvo honrosas excepciones de algunos profesionales de la psiquiatría que se empeñaron en trabajar de otra manera, a contracorriente y con mucho esfuerzo, la psiquiatría ha sido siempre un fracaso. Y, en parte, esto se debe a la pretensión de los psiquiatras, sobre todo a finales del siglo XIX, de convertir la psiquiatría en una disciplina médica, como todas las demás, que tienen una base orgánica clara, cuando esto no es así.

Yo creo que la psiquiatría debería enfocarse de una manera completamente diferente. Salvar lo poco que ha aportado como disciplina médica, que es el uso de algunos fármacos en determinados momentos, y poco más. Todo lo demás debería enfocarse desde el punto de vista de la psicología, del acompañamiento, de la visión holística, de ver a la persona y no los síntomas. De actuar como verdaderos médicos. Yo creo que la mejor definición de médico es la de una persona que cuida de los enfermos. Entonces el psiquiatra sería la persona que cuida de otro que tiene un sufrimiento psíquico.

A muchas personas con trastornos mentales se les vulneran sus derechos más fundamentales. Foto de José Pena para Unsplash.

¿Qué opinión le merece la psiquiatría, a nivel asistencial, en España?

Últimamente se ha implantado lo que se llama la Psiquiatría Comunitaria, cuya idea principal era sacar al paciente del manicomio y traerlo a la sociedad, pero esto no ha pasado de ser un buen propósito. Hoy no hay manicomios, es decir no hay grandes hospitales psiquiátricos, hoy hay unidades de larga estancia, donde van los pacientes que antes iban al manicomio, y son centros pequeños, de 30 ó 40 pacientes, y que si vas a muchos de ellos verás que se cometen los mismos errores que se cometían antes en los grandes manicomios. ¡Y si me apuras, te diré que hasta más!

Estos centros están ahora en manos de fundaciones privadas, en principio sin ánimo de lucro, pero que cobran 2.500 € al mes por cada paciente (que suelen tener el grado 3 de dependencia) y que se pagan con nuestros impuestos.

El trato en estos sitios no siempre es muy humano. A menudo los pacientes pierden sus derechos más fundamentales.

Mira, yo me encontré con una chica que había sido paciente mía y que estaba en una residencia de estas privadas, sin ánimo de lucro. Pues a esta chica la obligaban a tomar el sol desnuda en el patio, delante de los demás pacientes, y cuando nos enteramos en el servicio de psiquiatría hablamos con ella y nos decía que quería volver a Santa Isabel (la unidad supuestamente “manicomial” en la que había estado antes).

A menudo, en estas fundaciones privadas el trato al paciente es perverso, con el agravante de que no hay posibilidad de inspección, por parte de los organismos públicos, porque son entidades privadas, que cobran dinero de los servicios sociales.

En realidad, lo que se ha hecho es dividir a la población psiquiátrica en casos agudos (para dos o tres semanas), unidades de media estancia (entre seis meses y un año) y unidades de larga estancia (a veces para toda la vida).

Lo único que se hace con estos pacientes es darle fármacos y algunos talleres. Los pacientes les llaman talleres terminales porque no sirven más que para perder el tiempo, Te enseñan, por ejemplo, a leer el periódico. Entonces yo puedo haber tenido un brote psicótico pero eso no quiere decir que sea tonto y que necesite clases para volver a leer. O te hacen rellenar de colores un dibujo. Esto puede tener sentido en algunos pacientes que se han vuelto como niños de dos años pero no en una persona que sigue conservando sus capacidades psíquicas, que es lo más habitual.

¿No cree que muchos de los problemas que aquejan a la gente son más sociales que psicológicos? ¿Que se está llevando al terreno de la salud mental conflictos cuya solución sería más social o política?

De ahí la visión holística. Yo cuando tengo un paciente delante tengo que ver qué problemas sociales, laborales o familiares tiene. Un buen ejemplo de lo que dices es lo que ha ocurrido con la pandemia y ahora, anuncian los medios, que vienen las secuelas psiquiátricas del Covid. Entonces estamos reconociendo que esas secuelas se deben a un factor social. Problemas económicos, de aislamiento, de soledad. ¿Y qué proponen nuestros políticos para solucionar esos problemas psiquiátricos? Pues que se incremente el sistema asistencial que tenemos. Es decir, que nos receten más pastillas, en vez de darnos herramientas sociales o psicológicas para trabajar esos problemas.

Miedo, incertidumbre, problemas económicos, laborales, aislamiento social, soledad. ¿Qué puede provocar todo esto en personas sanas?

Lo primero es estrés. Situación de alerta, miedo, peligro. Pero, además, un estrés mantenido en el tiempo. Esto puede dar lugar a cualquier tipo de problemas, y no solo psíquicos, físicos también. Fíjate tú, en una pandemia donde se supone que la herramienta fundamental para luchar contra ella son las defensas del organismo, este estrés constante lo que está haciendo es debilitar el sistema inmune, que es el que nos protege de virus y bacterias.

¿Por qué no nos dieron mensajes positivos o consejos para mejorar nuestra salud tipo: haga usted deporte, tenga una alimentación sana, tome usted vitamina D, tome el sol, relájese, haga meditación? Yo no he visto a ningún político ni médico que saliera en la televisión diciendo estas cosas. Todo esto hace pensar que, bueno, que lo que quieren es meternos miedo y crear inseguridad; porque que no se les haya ocurrido dar ningún mensaje positivo a mí me resulta inexplicable.

Ya antes de la pandemia vivíamos en una sociedad enferma. Una sociedad sin sentido donde convivían los contrarios, sin opciones reales de vida. Hay una gran incongruencia en todo. Por ejemplo, los jóvenes deben estudiar y prepararse; sabiendo ya que la mayoría están condenados a trabajos basura con salarios basura, donde les va a resultar muy difícil tener una casa o una familia. Pero, al mismo tiempo, deben ser felices, consumir mucho y pagar muchos impuestos. ¿Vivir en esta incongruencia no nos pasa factura a nivel psíquico y hasta físico?

¿Esto me lo preguntas como psiquiatra o como filósofo? Pero además, a todo eso hay que añadirle que hemos creado una sociedad en la que, supuestamente, somos el Primer Mundo y luego hay un Tercer Mundo que lo que aspira es a imitar al primero, a vivir la vida que tú estás describiendo. A malvivir para poder consumir y luego no poder disfrutar de ese consumo. Uno se pregunta: ¿Qué sociedad hemos construido?

Yo creo que, en el fondo, todos nos damos cuenta de que vamos por el camino equivocado que desemboca en un abismo, pero somos incapaces de cambiar el rumbo. El grupo humano es tan gigantesco y tiene tanta inercia que ya no sabemos cómo variar de dirección. Cuando hablan de esas supuestas élites que controlan el mundo pienso que no son muy inteligentes porque finalmente vamos todos al abismo. ¡Aquí no se va a salvar nadie. Ni Bill Gates!

Esta visión de las cosas, que casi todos tenemos interiorizada, aunque sea de una manera más o menos consciente, genera mucho sufrimiento psíquico. Yo prefiero hablar de sufrimiento psíquico que de trastorno psiquiátrico.

Los suicidios han aumentado alarmantemente, en los últimos años, especialmente entre jóvenes ¿Es el suicidio un fracaso social?

Sí que hay indicios de que es un indicador de fracaso social y, curiosamente, donde más se da es en los países desarrollados (Centroeuropa y países escandinavos). Nada que ver con los índices que se dan en África, muchísimos más bajos  Parece que este sistema social que hemos creado está fracasando. De todas formas, el suicidio es algo mucho más complejo porque ha existido siempre y hay muchas variantes y motivaciones. En algunas culturas está bien visto, incluso es necesario. Un militar japonés que perdía una batalla tenía que suicidarse, porque si no lo hacía era un cobarde.

Puede que esté aumentando algo entre los jóvenes, pero el suicidio siempre es más alto entre personas de edad. Tal vez si aumenta entre los jóvenes es porque se ven sin futuro y otro elemento importante es la cantidad de información que tenemos. Pero, además, el suicidio es contagioso. Y si sale uno en los medios de comunicación no es raro que se produzcan 3 ó 4 después. Esto lo hemos vivido mucho en los dispositivos psiquiátricos.

Muchos de los problemas que aquejan a la gente, y que se clasifican bajo el apartado de psicológicos, son en realidad sociales. Foto de Finn para Unsplash.

Antes hablaba del exceso de información. Hay tantos datos que provienen ininterrumpidamente de todas partes y de los que no sabemos muy bien si son ciertos o no. Demasiada información desinforma. ¿Cómo nos afecta esto?

Todo esto favorece de nuevo el estrés, que las personas estén permanentemente en guardia, en sufrimiento, en ansiedad. Los que vivimos en ciudades pequeñas cuando vamos a Madrid y entramos en el metro tenemos la misma impresión.

Pero detrás de esta cantidad y exceso de información, está el consumo. Lo que interesa no es informar sino que la gente compre cosas. El fin último sigue siendo el dinero. En mi fuero interno creo que hemos perdido una dimensión importante de la persona humana. Aunque no sé cómo llamarla.

No sabemos disfrutar ya del descanso, la soledad, la vida tranquila y eso nos mantiene en un estado de insatisfacción permanente.

¿Somos más frágiles, a nivel mental, que generaciones anteriores? Me refiero a la hora de encarar las dificultades, la incertidumbre, el miedo. ¿Nos hemos vuelto tan cómodos que cuando vienen las vacas flacas ya no sabemos qué hacer?

Puede ser, no lo sé. Lo que sí parece es que nos hemos vuelto más dependientes. Nos hemos desempoderado de nuestra vida, de nuestra toma de decisiones y lo hemos puesto todo en manos del Estado, o el Estado lo ha absorbido. Esperamos que el Estado nos lo resuelva y nos diga lo que tenemos que hacer. Somos menos capaces de tomar decisiones por nosotros mismos. Y la prueba es que ante cualquier situación conflictiva pedimos ayuda externa. Eso explica el consumo sanitario y farmacéutico que hay.

Y hay también una cierta infantilización de la sociedad. Por ejemplo, en los pasos de cebra de muchas ciudades pone: “pare, mire y cruce”. Y yo digo: ¡qué pasa, qué somos tontos!

Otro punto que reivindica la Nueva Psiquiatría es el de cambiar la legislación en materia psiquiátrica. ¿Qué leyes chirrían todavía en España?

En estos momentos, y con 13 años de retraso, está en el parlamento, pendiente de aprobar, una legislación que España se había comprometido a tener en el año 2008. En ese año, España se adhirió a la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Pero aún estamos pendientes de actualizar la legislación conforme a esa convención que firmó también nuestro país.

Por ejemplo, en todo ingreso involuntario (cuando el paciente está muy enajenado) a la persona se le limita la libertad, pero hay que limitar esa libertad con unas garantías jurídicas, que en España son inexistentes.

Aquí un psiquiatra puede ingresar, desde su casa y sin ver al paciente, a alguien de forma involuntaria. Eso es inconcebible en otros países. Pero aquí viene un familiar y dice: “Fulanito está descompensado”. Y el médico le contesta: “no se preocupe, ingreso involuntario, mañana lo veré”. Y la familia va con ese papel al juez y lo ingresan involuntariamente. Solo con la información de un familiar. ¡Imagínate todos los fraudes que esto puede propiciar! En otros países es obligatorio que el psiquiatra vea primero al paciente y, para poder retenerlo, debe haber un peligro inminente y objetivable para esa persona o para los del entorno. Y con eso, el juez autoriza el ingreso y además nombra un comité de seguimiento (que defenderá los derechos del paciente) de ese ingreso involuntario, para que no quede solo en manos del psiquiatra. Todo esto está legislado en otros países, aquí no. Aquí basta con el aviso de un cuñado, que a lo peor lo que quiere es quedarse con el dinero.

¿Qué países están más avanzados en materia de psiquiatría?

Hace años en Finlandia, en Laponia Occidental, implantaron un sistema que se llamaba Diálogo Abierto, en el que cuando alguien se trastornaba, en lugar de mandarlo al hospital, acudía todo el equipo sanitario a la casa donde vivía el paciente y se reunían con la familia, con los compañeros de trabajo y con los amigos para estudiar el problema, ver en qué consistía, qué desencadenantes podía haber habido, etc. Con ese sistema se vio que el 80% de los pacientes no necesitaban medicación y, además, el grado de recuperación a medio plazo era mucho más alto que con el modelo habitual. Esto se dejó de hacer. El director de este modelo es un psicólogo finlandés, Jaakko Seikkula, que ahora se dedica a formar a personas para que sigan este modelo.

Los psicólogos de la seguridad social te ven cada seis meses e ir a un psiquiatra privado es muy caro. ¿Cómo afrontar un trastorno mental cuando la economía es de subsistencia?

Los psicólogos de la sanidad pública se han psiquiatrizado y la verdadera piscología la hacen en su consulta privada. En parte, porque ver al paciente cada seis meses no sirve para nada. La psicología en la red pública no existe, por eso mucha gente aboga para que los psicólogos pasen a atención primaria, aunque estaríamos en las mismas.

Hay signos esperanzadores. El otro día un psiquiatra joven, pero ya con 10 ó 15 años de experiencia, me decía que cuando él empezó era muy raro el psiquiatra que, por su cuenta, se buscaba una formación psicológica, psicoterapia sistémica, familiar, cognitiva, gestalt, etc. Era raro y además mal visto por los compañeros y ahora ya hay muchos residentes que al primer o segundo año buscan formarse en algún tipo de psicoterapia. Es decir, que parece que el péndulo de la biologización ha llegado ya a un extremo y empieza a moverse en el otro sentido.

En Nueva Psiquiatría conocemos las dificultades económicas de muchas personas con problemas psiquiátricos, por eso aunque la cuota para hacerse socio es muy asequible (60€ al año), a las personas que ni siquiera puedan pagar esa cantidad de dinero se les exime de hacerlo.

¿Qué hábitos deberíamos tener para mantener la salud mental?

A mí me ayuda mucho el deporte, la actividad física. El ser humano ha pasado de ser activo a sedentario en poco más de 100 años pero sigue necesitando mover el cuerpo, porque este no ha sido diseñado para permanecer estático. Una alimentación sana (que no haya excesos ni defectos) y el tercer elemento es el descanso mental. No se cómo llamarlo, no quiero llamarlo meditación pero hay que buscar espacios para estar tranquilo, relajado. Y no me refiero a ir al bar con los amigos; porque lo que nos ocurre, a veces, es que las supuestas distracciones pueden causar también mucho estrés. Alguna gente se va de vacaciones 15 días y vuelve peor que antes. Estoy pensando en actividades que te ayuden a estar a solas contigo mismo, tranquilo, en comunión con la naturaleza. Estos tres elementos deberían formar parte de la rutina diaria de las personas.

¿Cómo ves el futuro de la psiquiatría? ¿Por donde va y por qué se sabe tan poco del cerebro?

Se sabe muy poco. Se ha avanzado mucho pero el camino que falta por recorrer es muy largo. Y esto me recuerda a la astronomía. Se ha avanzado mucho en el conocimiento del universo, sabemos que Andrómeda es una galaxia que está a miles de millones de años luz pero no tenemos ni idea de lo que pasa en Andrómeda o cómo se constituyen los planetas o nacen las estrellas, ni si el universo sigue expandiéndose o no.

Por ejemplo, hablando de neurotransmisores, yo siempre le digo a la gente en los grupos que cómo se va a conocer la neurotransmisión cerebral si  hay cientos de miles de neurotrasmisores y solo conocemos 10 ó 12. Pues entonces, lo que estamos haciendo es dar palos de ciego.

El cerebro es muy complejo porque, suponiendo que solo fuésemos materia, son cientos de miles de millones de neuronas con decenas de miles de conexiones cada una. Y todo eso cambiando a cada momento. ¡Imagínate ese ordenador tan sofisticado y complejo!

¿Hay algún psiquiatra antiguo, poco valorado en su época, que habría que rescatar?

Era un psicólogo norteamericano, pero tenía conocimientos médicos y psicoanalíticos. Es una figura que siempre me impactó. Lo utilizamos mucho en los grupos como base de relación. Se trata de Carl Rogers (1902-1987) y su obra fundamental es la psicoterapia centrada en el cliente. Propone un modelo de relación con el cliente que es en sí mismo terapéutico. Aquí lo terapéutico es la relación. Busca una relación de autenticidad, empatía y aceptación integral de la persona. En base a estos tres rasgos, cliente y terapeuta van creciendo mutuamente en el proceso.

Me gustaría acabar con una frase de Dalí: “la diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco”.

Yo la frase la conocía de otra manera. “La diferencia entre un esquizofrénico y yo es que el esquizofrénico es esquizofrénico, y yo soy Dalí”. Y yo la interpreto siempre de esta manera: La diferencia es que yo tengo medios suficientes para defenderme de la estigmatización y el pobre esquizofrénico no tiene esos medios y queda convertido en un desecho. Porque yo creo que a Dalí, en algún momento de su vida, es probable que le diagnosticaran algún tipo de trastorno.

Hay también un matemático, John Forbes Nash, que del que se hizo una película Una mente Maravillosa (2001). Este prodigio de las matemáticas desarrolló en su juventud una esquizofrenia paranoide y sufría delirios. Empezó a tomar medicación pero como veía que eso mermaba sus capacidades intelectuales la dejó y aprendió a ignorar sus alucinaciones, o a convivir con ellas. En 1994 ganó en Premio Nóbel de Economía.

Esto es un poco lo que propone la Nueva Psiquiatría. Adoptar la estrategia de Dalí o Forbes Nash. Si tienes depresión, aprende de ella hasta que se vaya.

 Más información sobre Nueva Psiquiatría en: www.nuevapsiquiatria.es

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4 Comentarios
  1. Entrevista sin filtro, que lujo decir lo que sientes sin temor a juicios y represalias con esa sinceridad y humildad que te caracteriza.
    Gracias Javier por tu impagable labor al servicio de quien lo requiera y tus enseñanzas transmitidas a través de Nuevapsiquiatria, aprendiendo unos de otros para recuperar nuestra fuerza y autonomia y con ello nuestra liberación.
    Gran legado estás dejando a la humanidad.🙏

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  2. Hace un tiempo que estoy indagando en este tema.. De ver un cambio en esto de los tratamientos para las llamadas patologías mentales… Sin darme cuenta llegue a ud… Al concepto de Nueva Psiquiatria… M parece increible y muy interesante.. Encontré muchas respuestas a mis dudas.. Soy de Chile.. Pais “tercermundista”, enfermera intensivista de profesión, actualmente incursionando en Psicología.. Me parece todo este vuelco en Psiquiatria un gran paso adelante en lo q respecta a romper el estigma del ” enfermo mental”, a abocarse solo a fármacos y tomar a la persona en forma holistica.. como un Todo.. Creo q hay q que hacer el cambio.. Vamos por buen camino… Mis felicitaciones y mi admiración..

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