La paga de los pobres

    Por una vez en la vida coincido con la postura de la Iglesia católica que, en boca del cardenal y arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, ha declarado que “no es lo ideal vivir subvencionado”, en referencia a la aprobación del Ingreso Mínimo Vital (IMV). Ciertamente, no es lo ‘ideal’ que alguien sin trabajo…

 

 

Por una vez en la vida coincido con la postura de la Iglesia católica que, en boca del cardenal y arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, ha declarado que “no es lo ideal vivir subvencionado”, en referencia a la aprobación del Ingreso Mínimo Vital (IMV).

Ciertamente, no es lo ‘ideal’ que alguien sin trabajo ni recursos económicos reciba 462 € al mes. En parte, porque si tiene que pagar un alquiler o una habitación se queda ya en pelotas, en el mejor de los casos. Pero no sé si el cardenal se ha dado cuenta de que hace ya tiempo que estamos muy lejos de vivir en una sociedad ‘ideal’. La verdad es que nunca lo estuvimos y, si como religioso lee la Biblia, sabrá que el mundo ‘ideal’ se fastidió por una simple manzana y, a partir de ahí, la mayoría estamos condenados a ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente.

El problema está en que éso es cada vez más difícil. Uno no siempre tiene la oportunidad de sudar para ganarse la vida (aunque quiera) y el pan se cotiza cada vez más alto, demanda más y más gotas de sudor. Siempre sostuve que el mundo empezó a irse a la mierda cuando empezaron los empleos y  salarios basura, cuando la gente empezó a dejar de poder vivir de su trabajo, cuando éste perdió su verdadera naturaleza y se prostituyó, cuando las cuentas empezaron a no cuadrar y cuando aparecieron los mileuristas, allá en la España del 2005 anterior a la crisis (hoy, quince años más tarde, el salario mínimo interprofesional es todavía más bajo, de 950 €).

Un buen baremo para saber si uno vive en el Tercer Mundo o no, es tratar de imaginar las economías de amigos, familiares y conocidos. Si no se entienden, es qué estamos bajando a tercera o cuarta división. ¿De qué vive la gente, se pregunta uno cuando visita países subdesarrollados, sabiendo lo precarios que son los sueldos? Antes, en España, las economías de los otros eran entendibles (a pesar de la terrible aversión de nuestros compatriotas a decir lo que ganan), pero hace ya tiempo que han entrado en el reino de lo esotérico. ¿Cómo puede vivir mi amiga que tiene una hipoteca de 700 €/mes y trabaja como periodista freelance en Madrid, ganando 500 € y pagando 280 de autónomos? Misterio insondable. Pero, además, en las conversaciones de la gente se adivina la poca fe que se tiene en el noble ejercicio de ganarse el pan con el sudor propio, y no ajeno. “Yo necesito trabajar para cotizar”, he oído tristemente muchas veces. Ya no somos trabajadores, se nos ha rebajado a la mera condición de cotizantes.

En un mundo donde el trabajo ya no garantiza la independencia económica (y ya no solo por el sueldo, véase a los temporeros de Lleida durmiendo en la calle, sin posibilidad de encontrar una cama entre cuatro paredes), el IMV es un mal necesario. No es lo ‘ideal’, pero tal vez mantenga vivos a muchos hasta que encuentren una solución mejor y, como nos recuerda constantemente la Iglesia católica, nadie más a favor de la vida que ella.

Me pregunto por qué la gente se rasga tanto las vestiduras con este subsidio. ¿No han caído en la cuenta de que casi todo lo que existe en nuestro país recibe subvenciones? ¿No se han detenido a pensar que este capitalismo mutante y con los días contados hace ya lo que sea por sobrevivir; incluso parecerse cada vez a su enemigo acérrimo, el comunismo, y vivir del dinero o la ‘vista gorda’ de los estados, que no dudan en patrocinar a empresas o cambiar sus leyes para que las multinacionales puedan operar a sus anchas?

La Iglesia católica, según el diario Europa Laica, se embolsa cada año 110.000 millones procedentes del estado (ya ve cardenal, que ustedes están en las antípodas de la situación ‘ideal’). El 80% del dinero con el que se financian los partidos políticos es público, y este año han recibido 52,7 millones de euros a repartir entre las diversas formaciones. Hablar de los bancos es ya innecesario y en la pasada crisis les regalamos 62.000 millones en concepto de rescate financiero (a los mismos que engañaron a la gente con las preferentes, a los mismos que nos pusieron los pelos de punta con las violentas imágenes de los desahucios). Las televisiones han recibido está primavera 15 millones de euros y la lista de empresas, fundaciones y organismos a los que el estado regala dinero es larga. ¿Puede alguien, con un mínimo de coherencia, molestarse porque a la gente se le de 460 €/mes en calidad de ayuda para salir del bache?

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6 Comentarios
  1. El reparto de la riqueza siempre ha sido muy desigual Pero los que se benefician de esta desigualdad no caen en cuenta que tambien pueden tener muchas dificultades en un momento.

    Gracias por el articulo; invita a reflexionar.

    Abrazos,
    Marco Aurelio

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  2. Buena entrada Rita. No con todo estoy de acuerdo. Destacaré, no obstante, lo que me parece más importante y que tú enfocas. El énfasis en la base de toda subsistencia: el trabajo. Más, en mi humilde opinión, que la “mera ciudadanía”. Entiendo que también lo ves así porque no veo alusiones explícitas a un “derecho ciudadano”. No debería ser “con el sudor de su frente” (ni la tuya ni la mía, claro), aunque desgraciadamente lo es. Y, desde luego, debería ser sobre la base de un nuevo “contrato social” en el que cualquier diversidad pudiera expresarse productivamente o, en caso de imposibilidad, encontrar la solidaridad natural de los demás. En todo caso con suficiencia y holgura (ahorrar). Enhorabuena. Ah, por cierto, no se rescató a “la banca”, sino a las Cajas de Ahorro, la gran esperanza popular del siglo… XIX. La banca es mucho más antigua, aunque no se merezca que la amemos.

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  3. Primera visita y primera alegría, aunque la reflexión se refiera a las «limosnas» que el gobierno de no sé qué progeso aprobo a toda hostia para paliar su desastroso plan antiviral.
    La alegría es saber que das en el clavo, utilizando un sarcasmo más que necesario en estos tiempos de denuestos desaforados, descalificaciones e insultos varios.
    Prometo seguir leyéndote.

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  4. No cabe duda; las oportunidades no parecen ser iguales para todos. A veces, sin querer, me acuerdo de los políticos que reciben dietas aunque vivan en la misma ciudad donde trabajan. A cambio nos ofrecen un espectáculo lamentable cuando todos esperamos que se pongan de acuerdo y encuentren soluciones

    Pero también ha habido una actividad de solidaridad por parte de las empresas y particulares realizando aportaciones de alimentos a las entidades benéficas que reparten alimentos a los mas desfavorecidos. Lo vienen haciendo desde hace mucho tiempo y gracias a ellos ha muchas familias que pueden alimentarse; aunque lo ideal seria que no tuvieran que recurrir a estas organizaciones.

    Un ejemplo es la labor del cocinero Jose Andres ( de Mieres, Asturias ) que ha creado el World Central Kitchen. que preparan menus de comida para repartir diariamente. Ya son varias ciudades y paises que tienen esta ‘cocina’.

    Hay muchas personas que tienen esta vocación de solidaridad y en estos momentos se puede apreciar mas.

    Muchas gracias por sus artículos y un abrazo,
    Marco Aurelio

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  5. He leído con gusto todo lo publicado en este blog . Yo soy una de esas personas que viven sin tele. Hace cinco años que dejé de verla (veo películas en el IPad) y estoy encantada. Tengo más tiempo para leer. Seguiré leyéndolo. Sílvia Escobar

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