Homeschooling. El cole en casa

La opción de educar a los hijos en casa se populariza, gracias a padres que no creen en los sistemas educativos oficiales, obsoletos, generalistas y más centrados en los beneficios económicos que pedagógicos.

Rita Abundancia

Foto de Jerry Wang para Unsplash

 

En esta reciente, polémica y aséptica vuelta al cole hay muchos niños que no están incluidos, que no tendrán que llevar mascarilla seis horas al día y cuyos padres no deberán hacer un considerable desembolso en material escolar, carteras y uniformes. Se trata de los homeschoolers o niños educados en casa. Muchos no han pisado nunca las aulas y aprenden de la mano de sus padres con planes de estudios hechos a medida y hasta improvisados. Es difícil saber si el movimiento homeschooling crece en España o no, ya que es imposible dar datos y cifras porque no existe un registro y porque las familias que eligen esta opción prefieren pasar desapercibidas en un país donde esta modalidad educativa vive en un vacío legal, sin normas al respecto.

“La educación en casa es una opción educativa reconocida y regulada en la mayor parte de los países de nuestro entorno geográfico y cultural. Pero en España no está reconocida, lo que genera inseguridad jurídica y social a todas aquellas familias que educan sin escuela”, apuntan desde la Asociación por la Libre Educación (ALE), un colectivo que prefiere no dar nombres y proporcionar declaraciones como grupo.

ALE informa de la situación y da recomendaciones a los padres que apuestan por esta opción; “ya que al no haber una regularización expresa no hay requisitos ni planes de estudios para llevar a cabo esta educación”, comentan. Los que renuncian al colegio para sus hijos se encuentran, como los antiguos colonos, con una vasta tierra por explorar, sin leyes y con el único peligro de los ataques de los indios, en este caso la administración, que puede descubrir que el niño no está escolarizado y empezar a hacer indagaciones.

De momento, la gran pesadilla de los padres que no llevan a sus hijos al cole, es uno de esos monstruos que da más miedo que otra cosa; ya que según el abogado gallego especializado en homeschooling, Francisco Javier Fernández Tarrío, “ la mayor parte de las veces, si los jueces ven que es una decisión responsable y que el niño recibe una educación, el caso se archiva. Además, en los años 90, el Tribunal Supremo fijó la posición reservando la vía Penal para aquellos supuestos extremos en los que las enseñanzas impartidas difundan ideas contrarias a la convivencia o la tolerancia, hagan apología de la violencia, promuevan la discriminación por motivos raciales, religiosos o xenófobos, o favorezcan la prostitución o corrupción de menores. Fuera de esos casos, la vía correcta para dirimir la cuestión sería la jurisdicción civil y/o administrativa. Y otra cosa a tener en cuenta es que el homeschooling no está regulado por ley, lo que significa que no está aprobado pero tampoco expresamente prohibido, como en algunos países”.

Los criterios para la desescolarización pueden ser variados pero los más comunes son una diferente concepción pedagógica, el bullying o el hecho de que el niño no acabe adaptándose al colegio, por diversas causas. Retirar al pequeño de la escuela a mitad de curso es un acto que hace saltar las alarmas y que desata los protocolos de absentismo escolar. Hay, por tanto, que explicar las razones de ese acto y demostrar que el niño va a estar atendido en casa. “Generalmente, la trabajadora social debe elaborar un informe y se fija en que el menor esté alimentado, aseado, en una vivienda con las condiciones de habitabilidad y que los padres, u otras personas, se ocupen de su educación”, subraya Francisco Javier. “Tiene que acreditarse una situación de desamparo para que los mecanismos legales se pongan en marcha y, en su caso, para que se requiera forzosamente una matriculación o escolarización del niño en un centro oficial. Aunque estos criterios varían dependiendo de cada comunidad autónoma y el surrealismo también aparece de vez en cuando. Recuerdo uno de los juicios que tuve en Vigo, en el que el fiscal pretendía articular el desamparo en el hecho de que el niño no escribía bien las mayúsculas”, afirma este abogado.

Educar en casa sin volverse loco

Parece lógico pensar que la gente que toma la decisión de educar a sus hijos en casa es gente muy motivada, que cree en otro tipo de pedagogía más personalizada. Nadie que no enarbole estas convicciones se mete en este berenjenal.

Sara García (35 años) vive en la costa del Mediterráneo con su pareja (39 años) y su hija de 9 años, que nunca ha ido al colegio. “Nació a finales de año y tenía esa dicotomía de entrar antes o después, así que no la llevamos a preescolar. Luego nos encontrábamos tan bien que seguimos educándola en casa, aunque mi hija es libre de decidir si quiere ir al cole o no”, cuenta Sara.

La convalidación de los estudios no es algo que preocupe a esta familia, ya que el sistema educativo oficial ofrece muchas opciones para poder incorporarse de nuevo a él. Por ejemplo, desde cualquier curso de la ESO o de Primaria, dependiendo de la edad. “Es lo que hacen los hijos de los inmigrantes cuando llegan a España, que se les coloca en el curso que corresponda a los años que tenga el niño”, afirma Sara. “Con 18 años se pueden realizar exámenes por libre para obtener la titulación de ESO; o, con 17 ó 19 años, se puede acceder a los ciclos formativos de Grado Medio o Superior, respectivamente. Por último, a los 25 años se puede hacer una prueba de libre acceso a la Universidad”, informan desde ALE.

Diseñar los planes de estudio, las materias a tratar y sus contenidos se vislumbra como el mayor quebradero de cabeza para los padres; sin embargo muchos, como Sara, reconocen que carecen de ellos. “No tenemos un plan cerrado, nos hemos limitado a dar respuesta a los intereses de mi hija. Los niños tienen una curiosidad natural y un afán por saber innato. Se trata tan solo de contestar a sus preguntas y, si hay algún ámbito que no suscita su interés y que creemos que es importante que conozca, lo introducimos en el aprendizaje. Por ejemplo, en el caso de nuestra hija, tuvimos que enseñarle a multiplicar de una manera atractiva, con juegos de mesa”.

A día de hoy la niña de este matrimonio, con profesiones liberales, estudia inglés con una profesora nativa, astronomía con un amigo astrónomo de la pareja y tiene también una tutora de música, entre otras muchas materias. “No es verdad eso de que todo el peso de la educación de los homeshoolers reside en los padres. También delegamos en otras personas y, a menudo, las familias se juntan para que un mismo profesor enseñe a varios alumnos. Claro que el hecho de trabajar en casa ayuda mucho”, reconoce Sara.

Mapa de la situación legal del homeschooling en el mundo

¿Solo para ricos?

Existe la idea generalizada de que educar en casa es algo reservado para familias pudientes, que trabajan en casa o que tienen el suficiente tiempo y dinero para ocuparse de la enseñanza de sus hijos, o para pagar a profesores para que les echen una mano, pero no siempre es así.

Vicente (51 años), con residencia en Palma de Mallorca, se vio forzado a este tipo de modalidad pedagógica cuando, hace 10 años, no tuvo más remedio que sacar a su hijo, Eduardo, de la escuela por bullying. “Era un niño diferente y muy sensible y el colegio no supo estar a la altura. No podía ver como el chico iba cada día a clase como quien va al matadero y lo saqué de allí”, cuenta Vicente, que por aquel entonces era lo que él llama un ‘padre soltero’. De un día para otro, Eduardo, con 8 años, se quedaba en casa mientras su padre seguía con su trabajo en la administración pública de 9 a 15:00. “Por las mañanas, la chica que venía a limpiar le hacía compañía y la comida; y por la tarde, estudiábamos juntos. Como teníamos los libros del curso, nos limitábamos a seguir las lecciones. Soy contable y bueno en matemáticas y el resto de asignaturas las preparábamos con apoyo de Internet y libros de la biblioteca. Puedo decir que aprendí tanto como él y que, al final, resultó ser hasta divertido. Por otro lado, en las clases con 20 alumnos se pierde mucho tiempo. Se aprovecha más individualmente”, cuenta este padre.

Hasta que Eduardo sintió fuerzas para volver al colegio con otros chicos pasaron 3 años de homeschooling, que ambos recuerdan con añoranza. “Creo que la excelente relación que tengo con mi hijo se la debo a esa época” afirma Vicente.

“Evidentemente, las familias cuyas economías estén en modo supervivencia no se pueden permitir esta modalidad educativa”, apunta Sara García, “pero, en nuestro caso, nuestro nivel de ingresos es bastante básico. Renunciamos a vivir en Madrid y nos trasladamos a otro sitio con alquileres más baratos. Tuvimos que tomar decisiones y reorganizar prioridades. Pero, francamente, estamos lejos de que nos sobre el dinero”.

Youtubers del homeschooling

Existen ya numerosas cuentas en YouTube dedicadas a dar pautas para abordar la interesante pero abrumadora tarea de ser el profe del propio hijo. Youtubers con los que es imposible hablar y que no contestan a las peticiones de entrevistas, pero que resultan más eficaces a la hora de dar ideas a los padres primerizos.

Laura Mascaró es quizás la más popular en nuestro país, con 31.800 suscriptores y con varios libros publicados al respecto como Sin escuela o 10 preguntas que se plantea quien vive el homeschool (este último escrito junto con Madalen Goiria). El canal Nobis Pacem, con 3.370 seguidores, es otro de los mejores y más completos junto con el de la sudamericana Alex Kim (7.630 seguidores), muy metódica, o la gallega Meninheira (405 suscriptores) que comparte también vídeos de otras cuentas y en idiomas autonómicos.

En la red abundan también las charlas sobre el tema, casi siempre de padres, pedagogos o psicólogos que dan consejos, aunque escasean las de los verdaderos protagonistas, los niños criados sin cole. Por eso me llamó la atención la charla TED de Sophie Defauw, Crecer sin escuela, en la que esta adolescente mexicana, con 16 años, cuenta su experiencia de aprendizaje sin haber pisado las aulas.

Lo primero que llama la atención es la tranquilidad, desenvoltura y orden con los que Sophie expone sus opiniones. Enseguida se detecta que en su familia no se conocen los problemas económicos (su padre es economista y su madre arquitecta y antropóloga), pero en vez de ser una niña pija, interesada únicamente en los likes de sus posts en las redes sociales, esta adolescente tiene un sinfín de intereses, que han ido cambiando conforme cumplía años. Piano, navegación, pintura, ballet, costura, química, historia del arte. Y los planes de estudio se han ido amoldando a sus respectivas preferencias. A los 12 años empezó un negocio de pastelería, haciendo dulces para las fiestas de sus amigos. Su hermano, que tampoco va al cole, aprende de forma distinta; ya que, como cuenta esta chica, es muy inquieto. En la educación oficial se le pondría la etiqueta de niño con trastorno por déficit de atención e hiperoactividad y se le empezaría a medicar. En esta peculiar familia, sin embargo, se le enseñó la tabla de multiplicar saltando a la cuerda.

“Hay ocho tipos de inteligencia, pero el sistema educativo se centra solo en la inteligencia lógica y en la lingüística”, cuenta Sophie. “Los niños tienen diferentes habilidades y aprenden a ritmos distintos pero la escuela no tiene en cuenta estas variantes. Si un alumno es bueno en química y no lo es tanto en literatura, lo meterán a clases de literatura para no perder el año, en vez de centrarse más en la química para que llegara a ser un genio en esta materia”, cuenta esta adolescente mexicana, quien reconoce que, académicamente, está más avanzada que los chicos de su edad y tiene más tiempo libre que ellos.

Las empresas realmente interesadas en el talento empiezan a valorar más estos perfiles, salidos de una educación menos ortodoxa, que los alumnos de escuelas oficiales, con planes de estudios obsoletos. Como decía un artículo publicado en el periódico ABC, titulado Harvard se rifa a los educados en casa,  “según afirma Irene Briones, catedrática de Derecho Eclesiástico e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, “No se pide tanto una nota media elevada. Es más importante que el alumno posea destrezas y habilidades. Y los homeschoolers tienen agilidad mental, gran capacidad de trato, son personas más independientes y autónomas y tienen menos miedo a la vida”. Cada año muchas universidades norteamericanas reservan plazas para los niños educados en el hogar. Quieren jóvenes más maduros y responsables”.

 

¿Niños criados en una jaula de oro o personas maduras e independientes?

Una de las mayores críticas que recibe este sistema educativo autosuficiente es la de que al estar en casa, los niños interactúan menos con sus semejantes, promoviendo así seres individualistas y hasta antisociales.

Desde ALE argumentan que “somos seres sociales por naturaleza y, como tales, cualquier entorno es válido para socializar. La escuela no es, necesariamente, el único. Aunque el término literal de ‘educación en casa’ nos pueda llevar a pensar lo contrario, esta opción toma el hogar como la base desde la cual se plantean actividades que pueden desarrollarse también en el exterior, en familia, viajando, viviendo. Propiciando así, de una forma abierta y natural, la participación en la comunidad”.

La hija de Sara García se relaciona con niños de su edad fuera del colegio. “Generalmente, le dicen siempre que tiene mucha suerte por no tener que ir a clase, aunque en casa tratamos de no reforzar ese mensaje. No queremos que piense que la escuela es un mal sitio”.

Algo en lo que casi la totalidad de los profesionales de la educación coinciden, es en la urgencia de reformar el sistema educativo español. Estela Dangelo Menéndez es psicóloga y pedagoga, además de profesora, dentro del departamento de didáctica y organización escolar, de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid. Dangelo opina que “el sistema se niega a cambiar y obliga a que los alumnos sean los que deben adaptarse a él, cuando lo deseable sería lo contrario”. A grandes rasgos, las críticas de esta experta se concentran en una mejor y nueva formación de los profesores, en la necesidad de dejar espacio a la diversidad y en crear otros ambientes de aprendizaje.

Según esta pedagoga, los propios espacios hablan por sí mismos; en un país en el que, desde fuera, los colegios se asemejan a prisiones de máxima seguridad. “En Finlandia, nación que siempre se toma como referencia del ideal educativo, las escuelas se diseñan como casas, con lugares comunes, que recuerdan a saloncitos o cocinas, donde los propios alumnos recogen y ordenan las cosas. Aquí hay un excesivo control, en aras de la seguridad, que vuelve a los niños muy dependientes. Pero, a veces, es un control en cosas sin importancia o más arbitrarias, mientras que luego se ven casos de acoso que no han tenido la atención necesaria”.

Dangelo comprende el giro de muchos padres hacia la educación alternativa, pero apunta también un riesgo en el homeschooling, “el hecho de crear situaciones ideales y contextos en los que el niño es siempre tenido en cuenta, respetado y donde se aceptan siempre sus gustos. Esto puede crear un efecto invernadero, que aísla a los chicos del mundo exterior y les brinda un ecosistema ideal, pero la vida real no es así y puede que cuando salgan registren un choque importante”, puntualiza esta pedagoga.

Ante esta última objeción, la postura de los padres que educan en casa suele ser parecida a la que expone Sara García, “Desgraciadamente, la hostilidad del mundo está en todas partes y es difícil esconderla. Tan solo hay que encender la televisión o salir a la calle para ver cómo las personas se tratan unas a otras. Mi hija no es ajena a ese ambiente, pero pienso que el amor y el buen trato no hace mal a nadie. Probablemente, si todos hubiésemos sido queridos de niños, la sociedad sería distinta”.

En tiempos de pandemia, es casi seguro que el número de padres que se ha planteado desescolarizar a sus hijos es mayor; ya sea porque piensan que los colegios no son sitios seguros o porque quieren evitar que sus hijos vivan esa experiencia de regulación y control de las actividades más simples y cotidianas (lo que está provocando ya más de un trauma o fobia). El aumento del número de padres insumisos puede acarrear una mayor atención por parte de la administración hacia las familias que practican el homeschooling, aunque desde ALE dejan muy claro que ambas cosas son muy distintas.

“Hay un evidente posicionamiento, por parte de los estados, en que los niños reciban en exclusiva la enseñanza oficial”, cuenta el abogado Francisco Javier Fernández Tarrío, “hay muchos intereses económicos en juego (libros, material escolar, comedores, cuidadores) y también un afán de control e incluso, en muchos casos, de adoctrinamiento de las futuras generaciones. Siempre lo ha habido. Mi posición es que deberíamos hacer efectivo y real el derecho a una educación libre, para dejar elegir a los padres la formación de sus hijos. Todas las opciones deberían convivir legalmente porque, en última instancia, nadie está más preocupado e interesado en la educación y formación de los niños que sus padres”.

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