Historias del NO-DO

Un periodista, una documentalista y un cámara que trabajaron en el NO-DO cuentan cómo era, por dentro, la maquinaria de propaganda franquista que se exhibía en los cines españoles, antes de la película.

Rita Abundancia

 

¡Vamos, que no quiero perderme el NO-DO! Era una frase célebre de cualquiera que fuera al cine durante los años de la dictadura. La sala oscura no solo servía para soñar con las estrellas de Hollywood sino para estar al tanto de lo ocurría en el mundo, ver secuencias de los partidos de fútbol, admirar a las ‘suecas’ que llegaban a nuestras playas, comprobar como Franco, su estrella indiscutible, inauguraba pantanos y obras públicas o escuchar los delirios del genial pintor Dalí, uno de los representantes de la marca España de entonces. En una época en la que todavía no había llegado la televisión, el NO-DO era el telediario de la dictadura, su mayor órgano de propaganda, que creaba un mundo y un país al gusto de la cúpula de poder, donde lo que no agradaba o no beneficiaba al régimen, simplemente, dejaba de existir.

Cuando se creó el NO-DO en España (acrónimo de noticiario y documentales cinematográficos), corría el año 1942 y este tipo de boletines de noticias eran ya frecuentes en muchos países. De hecho, antes de él, en los cines españoles se exhibían ya otros noticiarios como el UFA (alemán) y el Fox Movietone (estadounidense). Ambos seguían la ‘línea editorial’ de sus respectivos gobiernos y narraban la actualidad a su antojo. Según cuenta Jaime Moreno, 83 años, periodista que trabajó en el NO-DO y actual socio y creador de Trabensol, una cooperativa de viviendas para mayores en Torremocha del Jarama (Madrid), “el atentado de Begoña fue clave para que Franco se decidiese a crear un noticiero cinematográfico dirigido por el régimen. Este suceso ocurrió frente a la basílica de Nuestra Señora de Begoña, en el barrio bilbaíno de Begoña, el 16 de agosto de 1942. Un grupo de falangistas, entre los que estaba Juan José Domínguez Muñoz, lanzaron unas granadas de mano provocando setenta heridos leves. El acto fue interpretado como un atentado fallido contra el general carlista José Enriquez Varela, entonces ministro del ejército. El atentado salió en los noticiarios y eso no gusto a la dictadura que pensó que debería filtrar la actualidad con sus propias noticias”.

Al ser obligatoria su exhibición en los cines, el NO-DO se convirtió en la perfecta plataforma para mostrar a los españoles y al mundo las bondades del régimen. La España que dibujaba este noticiario era la de un país que se recuperaba a marchas forzadas de los estragos de la guerra, que inauguraba fábricas, altos hornos y obras públicas; en el que todo el mundo tenía trabajo y podía permitirse un mes de vacaciones. El Spain is different al que llegaban las estrellas de Hollywood, las ‘suecas’ y los turistas que tantas divisas generaban. La nación de los niños Plus Ultra, héroes a los que el estado recompensaba generosamente; la de las viviendas sociales, que se entregaban a los leales al régimen o a los antiguos combatientes en el bando nacional; la de la Sección Femenina, donde las solteras encontraban su particular forma de servir a la patria; la de los toros y el fútbol, los dos entretenimientos dominicales patrios. Lo que no contaba el NO-DO era la otra cara de la moneda: las represalias y el encarcelamiento de los disidentes, los exiliados, la pobreza, el racionamiento, los asentamientos chabolistas, el analfabetismo o los barrios chinos de las grandes ciudades que crecían al calor del hambre.

El NO-DO trataba también temas de política exterior pero con suma delicadeza; ya que, según cuenta Jaime Moreno, “por un lado Franco tenía una deuda económica con Alemania e Italia, que le ayudaron a ganar la guerra (exportaba volframio al país germano) pero, al mismo tiempo, no le quedaba más remedio que estar a bien con Inglaterra y EEUU; ya que la flota inglesa controlaba la llegada de suministros por mar desde Argentina y Venezuela, naciones que mandaban a España productos de primera necesidad. Así que se podría decir que había que ‘templar gaitas’ y no declarase muy partidario de ninguno de los dos bandos”.

El NO-DO censuró a Sofía Loren por ser demasiado exuberante.

La censura previa y la posterior

El NO-DO tenía su sede en Madrid y una corresponsalía permanente en Barcelona; además de disponer de dos personas, una en Valencia y otra en San Sebastián, que oficiaban de corresponsales.

“Más que de censura habría que hablar primero de autocensura”, señala José Delgado, 72 años, que trabajó de cámara. “Yo entré a los 15 años, en 1963, por recomendación, como todo el mundo, y empecé en paquetería, envolviendo cajas y enviándolas. Luego me apunté en una academia de fotografía que había en Manuel Becerra, a la que iba por las tardes, y así me convertí en ayudante de cámara y luego en cámara”.

El NO-DO ya tenía muy claro que temas entraban y cuáles no, así que no había muchas sorpresas porque, además, el programa pasaba la censura antes de su emisión. Sin embargo, sí que hay anécdotas curiosas como cuando vino Sofía Loren a rodar a España El Cid (1961). “El NO-DO cubrió la llegada de la actriz y luego se pasó en los cines pero una asociación de padres de familia puso una reclamación por considerar a la Loren demasiado exuberante y amoral, y se censuró a posteriori”, cuenta Delgado. “En estos casos un técnico debía ir, cine por cine, cortando la secuencia indeseada, corte que era bastante evidente para el espectador. Muchos cortes se hacían por razones morales. Alguna asociación o alto cargo del régimen veía algo que no le gustaba y lo denunciaba. Por ejemplo, imágenes de las ‘suecas’ en las playas, si exhibían demasiada anatomía, porque podían ser un mal ejemplo para las decentes mujeres españolas”.

Otros comportamientos podían ser más graves y llegar, incluso, a cortar cabezas. Es el caso de un programa que se hizo (el NO-DO también realizaba documentales por encargo de los ministerios , y este fue del Ministerio de Información y Turismo) sobre los teleclubs. “En los años 60 no todo el mundo podía comprarse un televisor y aparecieron lo que se llamó los teleclubs, especialmente en los pueblos”, cuenta Jaime Moreno, “lugares donde la gente se reunía en un espacio público para ver la tele. Se decidió hacer un programa sobre esto y se grabó en diferentes poblaciones de España, en Cataluña, Galicia, País Vasco. La cinta se montó y salían vecinos hablando entre ellos en sus lenguas autóctonas (catalán, gallego, euskera). Fue todo un éxito y se premió en el Festival de Bilbao, pero acabó con el despido de joven realizador del documental, Alfonso Umgría, porque al régimen no le gustó la imagen tan real que daba de la gente y menos que hablaran otros idiomas que no fuera el castellano”.

Franco practicando uno de sus deportes favoritos, inaugurar obras públicas. En este caso, el embalse de Ullíbarri-Gamboa, en 1958.

Franco, la estrella indiscutible

El tratamiento de la figura de Franco exigía especial delicadeza por las consecuencias que podía tener. “He ido muchas veces al Pardo a cubrir eventos o consejos de ministros”, continúa Delgado, “para empezar había que ir con un traje azul marino o gris oscuro (el NO-DO te compraba uno) porque si no, no te dejaban entrar. Había mucha rigidez y si llevabas el pelo un poco largo te lo tenías que asentar bien con agua para que no se notara mucho. Allí estaba Fernando Fuertes de Villavicencio,  jefe de la Casa Civil de Franco, que siempre estaba observando. Si llevabas las patillas muy largas te decía “¡chaval, esas patillas!” y ya sabías que tenías que cortártelas. Franco era un señor muy callado y serio y no admitía los planos cortos. Solo un día al año nos saludaba y nos daba la mano a los periodistas: el día de su cumpleaños. Entonces tenías que hacer cola y darle las felicidades. No era obligatorio pero te convenía hacerlo”.

“El caudillo era dibujado en el noticiario como el héroe que venció al comunismo, el triunfador, el que se anticipó, con las ideas claras, detectando al verdadero enemigo cosa que, al final, tuvo que reconocer hasta EEUU. El guardián del catolicismo ya que, como él mismo decía, “España era la reserva espiritual de Occidente”, señala Jaime Moreno.

Como la historiadora e hispanista británica, Sheelag M. Ellwood cuenta en su libro Franco (1994), una biografía sobre el dictador. “La carrera cinematográfica del Generalísimo se ve dividida en tres fases distintas, que mantienen un notable paralelismo con otras tantas etapas del desarrollo político y económico del régimen. Entre 1943 y 1960, Franco figuraba de manera irregular en el NO-DO y por lo general el número de apariciones fue inferior a la media anual de 27, registrada en todo el período 1943-1975. La tendencia ascendente es patente en los cuatro años comprendidos entre 1951 y 1954, época del retorno de los embajadores extranjeros y de la firma del acuerdo económico y militar con los EEUU. Entre los años 1960 y 1969, Franco fue la estrella de los reportajes de NO-DO, más largos y detallados, con frecuencia creciente, alcanzando su punto álgido en 1965, alrededor de la época en la que el aparato propagandístico celebraba los 25 años bajo la paz de Franco. Las aperturas de las obras públicas, 55 noticias de media en ese período, contribuyeron a que Franco, inaugurando pantanos, quedara de forma imborrable en la memoria colectiva del pueblo español. Entre 1965 y 1975, la última década del régimen, disminuyeron las apariciones, paulatinamente. En 1970, la decrepitud física de Franco ya era innegablemente visible. Un régimen que durante treinta años había alardeado de las cualidades suprahumanas de su jefe no podía permitir que la cámara cinematográfica demostrara su inexorable mortalidad”.

El famoso baño de Fraga y el embajador estadounidense en Palomares, para demostrar la inexistencia de contaminación nuclear en la zona, que el NO-DO cubrió.

Reportajes internacionales

El NO-DO intercambiaba noticias y reportajes con noticieros de otros países y, en sus mejores años, elaboraba también documentales en el extranjero. Jaime Moreno recuerda viajes memorables, como cuando fue a cubrir los actos de la independencia de Guinea Ecuatorial (1968) con Fraga Iribarne, en representación de Franco. Paradójicamente, la dictadura instaura una república y crea la República de Guinea Ecuatorial. “Estuvimos en los actos oficiales, yo iba entonces como técnico de sonido, y luego nos quedamos un mes más para hacer algunos reportajes. Cuando llegué no necesitaba pasaporte, puesto que era territorio español, pero cuando me fui y en el aeropuerto me pidieron el documento, me dí cuenta que estaba en mi equipaje, en las bodegas del avión. Afortunadamente, me dejaron salir”, recuerda Moreno, quien también estuvo en el conflicto del Sahara, haciendo un amplio reportaje sobre la extracción de fosfatos en Fosbucraa, unas semanas antes de la Marcha verde; en Florida, grabando documentales en los Everglades y sobre la pesca viva del tiburón, o cubriendo la información de los viajes por el territorio español de don Juan Carlos y doña Sofía, entonces príncipes de España.

Los quince minutos de fama presagiados por Andy Warhol se traducían entonces en salir en el NO-DO y los pueblos y pequeñas comarcas celebraban, especialmente, verse en la gran pantalla. “Al principio, el noticiero tenía sus propios coches para que el equipo se desplazase”, recuerda José Delgado, “eran de la marca Ford, americanos, muy largos y con cortinillas en las ventanas. A menudo los confundían con coches fúnebres y a su paso la gente se santiguaba. Recuerdo que una vez fuimos a entrevistar a Lole y Manuel y él, que era muy supersticioso, se negaba a salir mientras estuviera ese coche aparcado frente a su casa. Cuando íbamos a grabar a los pueblos (las fiestas o cualquier otro evento), casi nunca te dejaban pagar nada. Estaban muy agradecidos de que los sacaras en el NO-DO”.

El NO-DO también se moderniza

Hasta su desaparición total, en 1981, el noticiero cinematográfico fue adaptándose a los nuevos tiempos. La llegada de la televisión y su posterior incorporación masiva en los hogares de los españoles modificó su formato, que sustituyó las noticias por reportajes con un interés más atemporal y fue introduciendo el color. A partir de 1977 el NO-DO, transformado ya en Revista Cinematográfica, destierra el blanco y negro para siempre.

“Tras la muerte de Franco, en 1975, los contenidos empezaron a variar”, cuenta Jaime Moreno. “Se empezó a hablar del constitucionalismo español en la historia, de los partidos políticos, se entrevistaba a los líderes y se hacían programas con cierta apertura, incluso inesperados en su tratamiento. Yo recuerdo que en el año 78, que fue el Año Internacional del Niño, realicé un documental, con ese título, en el que salía por primera vez en nuestro país, en una pantalla cinematográfica, un parto y donde se veía en primer plano la vulva de la mujer y el bebé naciendo. Pues pasó la censura, aunque se calificó para mayores de determinada edad”.

“En los años finales del NO-DO se incorpora también gente de la Escuela de Cine, creativos con talento que aportan una vena más artística, como el director y guionista Antonio Mercero (Verano Azul, Farmacia de Guardia, Crónicas de un pueblo) o el guionista Horacio Valcárcel”, cuenta José Delgado.

El último programa del NO-DO, se llamó Los jóvenes años 60, curiosamente, de nuevo en blanco y negro. Jaime Moreno trabajó en su elaboración al igual que María de la Poza, documentalista, que prestó su voz para la locución, y que entró a trabajar en el noticiero en la primavera de 1975, con 19 años, “gracias a Matías Prat Cañete, el entonces director y la voz inconfundible del NO-DO. Él fue quién me dio trabajo”, recuerda María.

Una excelente escuela y un ambiente de compañerismo

Estos tres profesionales coinciden en el hecho de que el NO-DO fue una magnífica escuela, donde se aprendía el oficio de mano de los compañeros veteranos, todos ellos grandes profesionales.

“No tengo más que satisfacciones de mi etapa en el NO-DO”, cuenta el cámara José Delgado, “era una auténtica escuela de operadores, en un momento en que el operador era un dios, era el que decidía. La política de la casa era que había que grabar poco y lo justo, de hecho no te daban mucha película, con lo que tenías que tener muy claro lo que era importante y lo que no”.

¿Existía machismo en el trato con las mujeres?, pregunto a María. “Si existía machismo en el país, NO-DO no podía ser una excepción; pero había bastantes mujeres trabajando en administración, secretaría o centralitas y también en departamentos técnicos, como montaje negativo. Teníamos horario de mañana y el sueldo no era mucho pero, a final de mes, íbamos con mucha alegría a Caja, donde Conchita Conde nos pagaba el salario en un sobre amarillo. No obstante, la mayoría de los compañeros tenían una mente más abierta que la propia sociedad. Quizás se deba a que el mundo de la comunicación ofrece perspectivas diferentes. Ahí estábamos un grupo de jóvenes intentando romper moldes. Al poco rato de entrar yo murió Franco y se avecinaban grandes cambios”.

El trabajo de María, visionar las películas en la moviola, plano a plano, y elaborar una ficha de cada una con el contenido detallado, le proporcionó clases gratuitas de historia. “Había un lote sobre la Segunda República, que estaba aún sin positivar, es decir, en negativo. De esta manera me familiaricé con los personajes políticos y sociales de la época, de los que nunca había oído hablar. El fondo documental del NO-DO era un auténtico tesoro. Contenía imágenes desde 1896 hasta 1981, entre ellas las primeras grabaciones de los hermanos Lumière. Es la historia de España del siglo XX”.

“Dos años antes de que el NO-DO desapareciera, los trabajadores ya nos temíamos algo así y nos unimos para luchar por nuestros derechos”, recuerda Jaime Moreno, “muchos pertenecíamos a Comisiones Obreras y la plantilla del noticiario, de 73 personas, quería permanecer unida, y eso solo era posible si nos transferían a TVE. Después de cinco años de empeño y negociaciones logramos que los trabajadores del NO-DO pasaran a la televisión. Mi primer trabajo fue coordinar los equipos de la serie España historia inmediata; luego pasé a hacer guiones y realizar capítulos de Vivir cada día, en su primera etapa. También dirigí y realicé En el Ojo del huracán (un programa sobre la presencia española en la Segunda Guerra Mundial), donde reclamé a María de la Poza para trabajar en el equipo. La última serie que dirigí fue Un país en la mochila, con José Antonio Labordeta, que nos permitió recorrer España de forma original y atractiva”.

El cámara José Delgado, acabó también en TVE, en programas como Oficios para el recuerdo o Vivir cada día.

“Éramos un gran equipo”, sentencia Jaime Moreno, “incluso la televisión reconoció la gran calidad y personalidad de los profesionales del NO-DO pero, además, estábamos muy unidos, éramos como una gran familia donde nos ayudábamos unos a otros. En TVE la cosa ya no funcionaba así y había mucha competitividad”.

6+
Sin Comentarios

Deja una respuesta

Tu email no será publicado.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.