¿Es el sexo con mascarilla satisfactorio?

La Covid 19 ha puesto al mundo patas arriba y no digamos ya a las relaciones sexuales. Estas adoptan ahora formas menos románticas y hasta de colectivos otrora marginales para evitar los contagios. La perversión es el nuevo sexo vainilla.

Rita Abundancia

No paro de leer artículos sobre cómo tener relaciones carnales sin carne, como disfrutar de la intimidad manteniendo la distancia social o como llegar al orgasmo con mascarilla, guantes (algunos también los incluyen), gel lubricante y gel hidroalcohólico. Y todo esto manteniendo la chispa, la seducción, el juego y la sensualidad. Tarea difícil en la que muchas veces se roza el surrealismo cuando no se sumerge uno de lleno en él. ¿Cómo comer sin accionar las mandíbulas, cómo dormir con los ojos abiertos o cómo hacer deporte sin mover un músculo?

Pero a esta difícil conjunción entre seguridad y sexo no solo se han lanzado los periodistas sino determinados organismos relacionados con la salud en los diferentes países, para aclarar dudas y proponer estrategias a la población, que oscila entre la castidad indeseada y el miedo a morir, ahora que la humanidad parece haber descubierto su condición mortal.

La Agència de Salut de Barcelona ha sacado una guía llamada Sexo y covid-19: preguntas y respuestas. Un manual para las relaciones seguras con medidas como reducir al mínimo los encuentros con personas que no sean la pareja estable y optar por el sexo virtual o la masturbación. Ducharse o lavarse las manos durante 20 segundos, antes y después del encuentro, utilizar mascarillas, usar preservativos u otras barreras para la práctica del sexo oral o anal, evitar los besos a toda costa y mantener relaciones en espacios abiertos o que se puedan ventilar. Recomendación, esta última, que llega cuando el verano acaba y viene el frío. ¡Una pena!, porque de haberlo sabido antes, la gente podría haber sacado más provecho a las playas semivacías de turistas o a los poco concurridos parques naturales.

Es cierto que lanzarse a pelo con algún desconocido es jugar a la ruleta del Covid, pero me gustaría saber qué tanto por ciento de las relaciones que empiezan con mascarilla acaban con ella; o si ésta se va a tomar viento a la primera de cambio, a poco que haya algo de entusiasmo, que es de lo que se trata.

Solo uno de cada cinco ingleses parece dispuesto a ponerse una mascarilla para tener sexo, según revela un estudio de la revista YouGov y RealTime. Un 46% de los entrevistados no se taparían la cara para tener relaciones, aunque a la hora de ligar sí que se muestran más prudentes, ya que un 43% admite que no tendría problemas en conocer a alguien en modo enmascarado (es probable que los problemas vengan después, al descubrir lo que estaba oculto).

“Hay gente de todo tipo y aunque muchos renuncian al sexo con todos estos condicionantes, otros se siente más seguros llevando la mascarilla durante la relación” cuenta Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga, directora del Instituto Iberoamericano de Sexología y presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología. “En esta dimensión íntima del individuo  existe la recomendación de ponerse mascarilla si se tiene sexo con alguien que no sea la pareja estable. Pero yo creo que las personas son, en su mayoría, bastante responsables y cuidan de su salud y de la de los otros. Creo que hay que confiar más en la buena intención de la gente, en el buentrato. No debemos pensar que esta situación será eterna, la pandemia pasará y los besos y los abrazos volverán pero mientras tanto, muchos utilizan la máscara como una prueba. Si conoces a alguien, tienes las primeras relaciones con precaución. Y  luego, si te gusta, existe la posibilidad de hacerse una prueba, para saber si se tiene el virus o no. Aunque el PCR es para el aquí y ahora, porque mañana puedes estar en contacto con alguien e infectarte, pero eso le ocurre también a las parejas estables. Es lo que pasaba con el SIDA, que las nuevas parejas que se formaban se hacían la prueba del VIH antes de quitar el preservativo. Y lo que ocurre ahora, mucha gente antes de empezar a compartir fluidos pide hacerse un cribado de infecciones de transmisión sexual, para sentirse más seguros”.

Hacerse una PCR para tener relaciones sexuales sin mascarilla parece, en principio, algo frívolo que nos recuerda a esos fiestones para ricos a cara descubierta y con previos test, pero me temo que estas pruebas ya se están pidiendo para muchas cosas. Por ejemplo, para viajar y entrar en determinados países. “La dimensión sexual y erótica es esencial para el individuo y para su salud, tanto física como mental”, señala Molero, “no calificaría de frívolo asentar una futura relación sobre una base de seguridad”.

Es cierto que visualizar a alguien con una mascarilla quirúrgica no es muy erótico pero se pueden buscar otro tipo de accesorios que, incluso, añadan morbo y misterio. Si quedas con alguien con el que has chateado en Tinder y lo recibes en tu casa con un mono de látex, en el que solo haya acceso a la zona genital, una mascarilla de luchador mexicano y un látigo o, en su defecto, un palo selfie para tocarlo con la distancia social recomendada y él interfecto no sale huyendo escaleras abajo, es que tienes delante de ti a un hombre (o a una mujer) valiente. ¡No lo dejes escapar!

Sexo kinky y follamigos de confianza

Resulta curioso echar una ojeada a las recomendaciones en materia de encuentros sexuales que hacen los diferentes organismos de los distintos países; porque se llega a la conclusión de que el sexo vainilla no será tendencia en la temporada otoño-invierno que empieza. Por el contrario, se revalorizan las prácticas menos ortodoxas. Incluso las tachadas de aberrantes o pervertidas por muchos, pasan ahora a ser propias de ciudadanos responsables y solidarios.

Por ejemplo, según cuenta un artículo de The New York Times, El New York City health department, ha actualizado recientemente su Safer Sex and Covid-19 fact-sheet, una guía para relaciones sexuales en la pandemia, con nuevos consejos y detalles adicionales. Para empezar, deja claro que la pareja más segura es uno mismo y en el segundo puesto estaría algún compañero de piso. Pero como sabe que la carne es débil, sugiere alternativas menos tradicionales y propone hacerlo de una manera más ‘kinky’ (pervertida). “Sea creativo con las posturas y utilice barreras físicas, como muros con agujeros que permiten el contacto sexual evitando la proximidad de los rostros”. No sé si queda ya alguno de esos antros gays de antaño pero si es así, ha llegado su momento de resucitar. ¿No denunciábamos antes de la pandemia el coitocentrismo? Pues ahora vuelve en todo su esplendor. El otro día hablaba del tema con mi amigo argentino Ezequiel, al otro lado del Atlántico, quien me comentó, “más que una relación eso parece un acoplamiento lunar”. Y si algunos niños durante el encierro soñaban con ser perros para poder salir de paseo a la calle; los amantes de ahora sueñan con ser bonobos y poder copular cara a cara.

Pero el personal médico de EEUU sabe que un periodo de castidad prolongado no siempre es viable, por lo que Julia Marcus, epidemióloga y profesora asistente en el departamento de medicina en la Harvard Medical School propone, a los que quieran seguir teniendo citas, que minimicen los riesgos, lo que se traduce en tener los menores contactos posibles con personas extrañas. Evitar salir de compras o ir a bares o restaurantes sirve para no agotar el cupo de contactos semanales con desconocidos y utilizarlos en el noble arte de ligar. Y, por supuesto, las preguntas a los nuevos candidatos ya no serán sobre sus gustos o aficiones en la vida sino sobre su estado de salud. ¿Se pone la mascarilla siempre que sale?, ¿vive solo o con compañeros de piso?, ¿trabaja fuera o en casa?, convirtiendo la cita romántica en un rastreo en toda regla. “Hay que hablar de estas cosas antes de salir. Tienes que tener una conversación sexual de seguridad antes de besar a alguien”, cuenta Mascus en el citado artículo.

Entre las diferentes directrices de los distintos países, destaca la de Holanda, que aconsejaba a sus ciudadanos sin pareja estable buscarse un ‘seksbuddy’, un compañero sexual o follamigo de confianza con el que se pacte una fidelidad inquebrantable, para las largas noches de invierno, incluso aunque no sea la pareja perfecta.

En Dinamarca, sin embargo, Soren Brostom, director general de la Danish Health Authority, bendice las relaciones sexuales esporádicas. Al parecer, dijo en abril, según recoge otro artículo de The New York Times, “el sexo es bueno, el sexo es salud. Somos seres sexuados y debemos seguir teniendo relaciones, incluso en esta situación”.

Fidelidad, cortejo y lentitud. Valores en alza

En tiempos difíciles, es fácil derivar a los extremos. “En cuestión de sexualidad, las dos posturas más radicalizadas son las de los que siguen con sus prácticas habituales (un poco con la filosofía de ‘a vivir que son dos días’) y luego están los que tienen miedo al contagio y se vuelven muy controladores”, cuenta Francisca Molero. “pero yo me temo que aumentarán estos últimos y esto supondrá un estancamiento en cuanto al avance social, ya que necesitamos poder asumir cierto riesgo para plantear cambios y estrategias nuevas”.

La fidelidad es otro de los valores en alza, más que por moral, por la cuenta que nos trae. “Hay muchas parejas que han roto durante el encierro; pero hay otras que, al verle las orejas al lobo, han intentado reconciliarse y esa voluntad conjunta de los dos, ambos esfuerzos dirigidos hacia un mismo punto, han obrado milagros. Mucha gente ha empezado a valorar lo que tenía”, apunta Molero.

No hay más que echar una ojeada a las tiendas vacías para darse cuenta de que el consumismo vive horas bajas, ya sea porque la gente tiene menos dinero o porque lo reservan para época de vacas flacas. “Esta tendencia se ha trasladado también al mundo de las relaciones”, cuenta esta sexóloga, “como es más difícil tener sexo esporádico, la gente se lo toma con más calma. Se alargan los tiempos, tan cortos, que antes concedíamos a una persona para conocerla y decidir si nos gustaba o no. El cortejo y el flirteo se ejercitan más y creo que eso es algo positivo. La pandemia nos ha obligado a ralentizar, a olvidarnos de la inmediatez y eso nos lleva a profundizar más en las cosas. Yo diría que en un futuro próximo, nos volveremos más intimistas y utilizaremos la tecnología de una forma distinta”.

Si hubiera que hacer un retrato robot del amante adaptado a los tiempos de pandemia, éste podría ser el de alguien con aspecto y ropajes sadomasoquistas, enfundado en látex y con el rostro tapado, pero que practica un cortejo propio de los osos polares y que sueña con besos húmedos, largos y apasionados.

 

 

 

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