Días de Alarma. Crónica de la cuarentena en viñetas

  El encierro derivado del estado de alarma abortó muchos proyectos pero generó otros tantos. El parón laboral, la mente encerrada entre cuatro paredes, la forzosa necesidad de estar con uno mismo más de lo deseado y el panorama de incertidumbre y caos supusieron para muchos una mezcla tremendamente inspiradora. Víctor Coyote, pintor, diseñador gráfico,…

Portada de Días de Alarma, de Víctor Coyote

 

El encierro derivado del estado de alarma abortó muchos proyectos pero generó otros tantos. El parón laboral, la mente encerrada entre cuatro paredes, la forzosa necesidad de estar con uno mismo más de lo deseado y el panorama de incertidumbre y caos supusieron para muchos una mezcla tremendamente inspiradora.

Víctor Coyote, pintor, diseñador gráfico, ilustrador, músico, escritor, realizador de documentales y videoclips y algunas cosas más ( además de mi hermano), intuyó que había dibujos e historias de interés en aquella situación de semicatástrofe y se aplicó a la tarea. “¿Tendrás suficientes lápices?”, le preguntó una amiga a la que le contó su proyecto.

Durante setenta y dos días, Coyote publicaba una viñeta diaria en las redes sociales bajo esta filosofía: “que el pánico no te estropee ningún chiste y que el cachondeo no anule una dosis racional de miedo”.  Estas crónicas diarias han sido recopiladas en un libro que acaba de salir a la luz: Días de Alarma (Salamandra Graphic).

 ¿Dónde y cómo pasaste la cuarentena?

La primera parte del confinamiento, la más suave, cuando aún se iba a trabajar, en mi casa. Después trasladé un estudio básico (ordenador, lápices, materiales de dibujo) a casa de mi novia y allí estuve hasta el final. ¿Cómo? Básicamente, dibujando, tocando la guitarra y haciendo las tiras de Días de Alarma.

¿La idea de hacer estas viñetas surgió como una rutina o ejercicio para hacer el encierro más llevadero o, más bien, como una necesidad de registrar lo que estaba ocurriendo?

Me pareció interesante dibujar algunas cosas que estaban pasando, para luego subirlas a Instagram. Y conforme fui sacando material creció mi interés. A la gente, por la repercusión y los comentarios, parecía que también le gustaban.

Crítica social, análisis sociológico y psicológico, ejercicio filosófico, humor, ironía, recuerdos de la infancia, introspección personal, costumbrismo… Son algunos de los géneros o ámbitos por donde transcurren las historias de Días de Alarma. ¿Eres de los que piensan que las situaciones extremas son como un aparato de rayos X, que nos permite traspasar y ver lo que realmente hay dentro de las personas o las cosas?

No. Las personas se pueden comportar de muchas maneras en diferentes ocasiones. También hay corrientes de comportamiento que hacen que se vean como normales verdaderos actos insolidarios, como pedir comida a domicilio por capricho, haciendo que los riders arriesguen lo que muchos no quieren arriesgar. Aunque es verdad que hay una actitud o voluntad previa que puede influir al encarar determinadas etapas críticas. Hay que ser valiente y saber aguantar para no fastidiar en esos momentos.

¿Qué es lo que más te llamó la atención del Madrid, como ciudad, durante la cuarentena?

Un día vi a unos mendigos que se chillaban sin ningún pudor. Era mediodía, más o menos, en la ciudad vacía. Me pareció una imagen apocalíptica.

¿Inspiran más las tragedias y la incertidumbre que las vacaciones y las reuniones de amigos?

No lo sé. Mary Shelley escribió Frankenstein en 1816, durante un verano que hubo una explosión volcánica en Indonesia que llenó la atmósfera de casi todo el planeta de polvo de azufre. Ese verano, un grupo de escritores pijos (podemos decirlo sin ningún pudor), con Lord Byron al frente, se confinaron en una mansión en un lago suizo. Frankenstein nació de una tragedia vivida a la manera ‘bon vivant’.

No creo que haya que ser un canallita para cantar Rock & Roll, pero los tolerantes/tas tampoco han demostrado mucho ser buenos escritores o pintores.

¿Resultó difícil el hecho de imponerse hacer una historia diaria?

Sólo hay que trabajar en ello. Oía mucho la radio y veía la tele todo el rato para tener información. Eso también me inmunizaba, de alguna manera, contra el desánimo. Era trabajo de documentarse para la tira, aunque no todas las historias han sido sacadas de las noticias. A veces me retrasaba un día y tenía que recuperarlo al siguiente.

La pandemia canceló muchos proyectos de mucha gente. En tu caso fue la publicación de un nuevo disco, con la consiguiente supresión de la campaña de presentación y conciertos.

El disco Las Comarcales salió en febrero. El 6 de Marzo hicimos la presentación en Madrid. La semana siguiente ya no pudimos hacer las presentaciones de Barcelona y Zaragoza. Muchos conciertos que teníamos se fueron aplazando y luego suspendiendo. Los conciertos han sido de las actividades culturales más perjudicadas. Es verdad que son idóneos para los contagios, pero habría que haberlos apoyado con fórmulas más “sosegadas”.

En momentos críticos lo más simple es lo que nunca nos abandona. En tu caso fue el lápiz y el papel (para dibujar), aunque el ordenador también ayude mucho.

Nunca he tenido problema en mezclar lápiz y ordenador, analógico y digital. Es una dicotomía absurda. Ahora dicen que escribir a mano activa determinadas funciones del cerebro que se atrofian con los teclados. Seguro. Durante la pandemia han funcionado tanto los ordenadores como los lápices. Y si los ordenadores se cuelgan, a los lápices se les parte la mina constantemente.

¿Qué piensas del hecho de que los eventos y actos culturales sean los últimos en volver a la normalidad, después de las terracitas, los gimnasios o las casas de apuestas? 

No sé si es así. Los museos han vuelto pronto a la normalidad, porque es fácil limitar su aforo. Las “terracitas” (concepto que odio, junto al del “chiringuito” playero, aunque a veces sea feliz usuario) han vuelto a la normalidad antes con cierta lógica. Al aire libre se contagia menos que en sitios cerrados. El teatro y el cine están volviendo. Las casas de apuestas no sé cómo han vuelto o si lo han hecho. Lo que sí es verdad es que en los vuelos no hay restricciones.

Existe la idea de que el mundo nunca volverá a ser como antes. ¿Si así fuese ( lo que está por ver), algún deseo para la ‘nueva normalidad’? 

El mundo tiene solo una forma de funcionar, que contempla todas las contradicciones y ambiciones humanas, así como la ley del más fuerte en las especies. Hemos creído que somos invulnerables en nuestras majaderías (“no tengo cobertura en esta ruta de treking. ¡Intolerable!”). Pero esas creencias tan específicas de un tiempo y una época no significan nada en el transcurso de nuestro mundo. Este no va a cambiar mucho, aunque se acaben los viajes en fin de semana a Berlín por 7,30 euros.

 

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