Cuando Madrid no dormía

Guía del Madrid de la Movida (Anaya Touring), de Patricia Godes y Jesús Ordovás, es un ejercicio de nostalgia, una mirada a la efervescente capital de principios de los 80. Un recorrido por algunos de los barrios, cafés, antros, galerías de arte o tiendas que aun perduran y que fueron testigos de aquella alergia al ‘normcore’, a lo establecido y a acostarse antes de las 4 de la madrugada.

Rita Abundancia

Jóvenes a la puerta de la sala de conciertos Astoria (1986)

 

Las ciudades, como las personas, pasan por épocas más o menos gloriosas. Y, sin duda, las primeras pueden servir de consuelo o anestesia para transitar lo mejor posible por las segundas.

Mucho se ha hablado de la Movida Madrileña, especialmente con motivo del 40 aniversario de su nacimiento, pero este libro es uno de los pocos que ha tenido en cuenta a algo más que a sus personajes más emblemáticos. En Guía del Madrid de la Movida (Anaya Touring), que acaba de salir a la calle, figuran sus espacios, incluso los menos mencionados y más recónditos, y sus protagonistas de segunda o tercera división, no por ello menos importantes. El libro incluye también itinerarios por los barrios de la capital, entrevistas a figuras de aquellos años y dos rutas escritas por sus protagonistas: la de Almodóvar y la de Alaska.

Patricia Godes, periodista, escritora, traductora, conferenciante y una de las mujeres que más sabe de música en España es coautora del libro junto a Jesús Ordovás, padrino y abogado de la movida desde sus míticos programas de radio. Seguramente, el hombre que más ha escrito y hablado del fenómeno que asoló la capital española en los años 80 y que sorprendió al mundo entero. Hablamos con ellos.

¿Cómo surgió la idea de hacer este libro?

Patricia Godes. La idea fue de Laura López, de Anaya Touring. Ella habló con Jesús y él, que andaba muy ocupado (con otros trabajos sobre la Movida, casualmente), pensó en mí y yo ni lo dudé. Como otras muchas personas del Madrid musical no puedo negar nada a Jesús. Luego resultó que había mucho más trabajo del que pensábamos al empezar, porque decidimos ser muy meticulosos. Bueno, había que ser muy meticuloso y cotejarlo todo.

¿En este ejercicio de nostalgia, hay una evitación del Madrid del presente, tan poco seductor?

Patricia Godes. En mi caso, no. No volvería a un pasado en el que se permitía fumar en los sitios públicos. ¡Ni pagándome!

Pero supongo que todas estas revisiones de la Movida, que están teniendo lugar, obedecen quizás a un momento en que la sociedad española en general necesita efectuar revisiones de nuestra historia: de la Guerra Civil a la dinastía borbónica o toda la historia de las mujeres.

¿Qué ingredientes socioeconómicos, políticos y culturales tuvieron que juntarse para que la Movida fuera posible?

 Jesús Ordovás. En los últimos años de la década de los 70 y primeros de los 80 se dieron una serie de circunstancias que posibilitaron que se abrieran muchos bares musicales (como El Pentagrama o La Vía Láctea), teatros (Teatro Martín, Alfíl, Barceló) y salas de conciertos (El Jardín, Marquee, Rock-Ola). Se crearon nuevas emisoras de radio (Radio 3, Radio El País) dedicadas a apoyar a los grupos que estaban editando sus primeros discos y dando sus primeros conciertos (Radio Futura, Alaska y los Pegamoides, Los Coyotes). En televisión había programas de música (Popgrama, La Bola de Cristal, La Edad de Oro, Caja de Ritmos) y se editaban fanzines y revistas (La Luna, Madrid Me Mata, Madriz); mientras en las calles aparecían chicas con pelos de colores y chicos con crestas camino del Rastro o de algún local de ensayo.

Toda esa efervescencia era posible porque el Partido Socialista gobernaba en Madrid y en toda España y había una sensación de libertad y una creencia compartida de que todo lo que uno quisiera lo podía conseguir. Sin necesidad de tener dinero, experiencia ni padrinos.

Patricia Godes. No soy socióloga, ni politóloga, pero como observadora de la vida urbana opino que fueron esenciales varias cosas. Primero, un cambio generacional. Los niños que llegaron a la juventud en los 80 habían crecido con la televisión. Fue la primera generación que tuvo la enseñanza obligatoria hasta los 14 años, en vez de hasta los 10, y los libros de texto con letras gordas y dibujitos de colorines. Es decir, niños que tuvieron a su alcance más información, más educación y menos represión desde la cuna.

Había también una voluntad de  cambiar la “Spain is different” del tardofranquismo por un país moderno, disimulando las estructuras represivas (sin extinguirlas) y creando una pequeña sociedad de consumo.

Por último, están las características peculiares de la recepción del rock en España: en los años 70 se había generado una tribu urbana peculiar llamada el Rrollo, mezcla de post-hippismo +  teorías libertarias + conciencia social de jóvenes enfrentados a los adultos. La Movida proviene del punk y de la Nueva Ola Madrileña que se desarrollaron dentro del Rrollo pero, al mismo tiempo, sus protagonistas eran la quinta de los más jóvenes que se oponían y querían dejar atrás todo lo de sus hermanos mayores, que ya les llegaba un poco estereotipado y enquistado. Si antes había psicodelia, ahora había Pop, Disco y Tecno. Los pelos largos se sustituyeron por  crew cuts y tupés; el desaliño indumentario por moda y street chic y el machismo carpetovetónico por chicas y maricas. Y a la contracultura se le argumentó con el eslogan: ¡La televisión es nutritiva!

Portada de Guía del Madrid de la Movida (Anaya Touring)

El papel de los medios de comunicación fue vital. Ahora la música es casi inexistente en la tele y las radios se han vuelto muy conservadoras y exhiben muy mal gusto. Seguir la actualidad musical para alguien que no sea profesional del gremio exige una labor casi detectivesca. ¿Qué ha ocurrido ahora para que los medios hable solo de un determinado tipo de música?

Jesús Ordovás. En Onda Dos FM (emisora que únicamente se podía escuchar en Madrid), empezamos a hacer programas de Rock Psicodélico, Nueva Ola, Pop, Rock’n’ `Roll, Folk, Jazz, Soul, Techno y todo tipo de ritmos y sonidos desde 1975 hasta 1980, año en que se retransmitió el Concierto de Canito, desde la Escuela de Caminos de la Universidad. El éxito de esta programación propició que Radio Nacional creara Radio 3 a imagen y semejanza de lo que había sido Onda Dos. Desde entonces, Radio 3 fue un ejemplo de diversidad y calidad en su oferta musical. Hasta que sucesivos directores redujeron equipos de trabajo, despidieron a los profesionales más críticos y apostaron por la comercialidad.

Hoy en día la programación musical se reduce básicamente a dar noticias facilitadas por las multinacionales y a servir de correa de transmisión de las corrientes más comerciales, generalmente anglosajonas y con comentarios políticamente correctos. Buscan aumentar su audiencia por encima de cualquier otra consideración

Patricia Godes. Mi opinión es que el autoritarismo machista de la industria y los medios ha acabado con la afición a la música. Cuando se considera de mal gusto la música que gusta a las marujas y a las niñas y se ridiculiza y demoniza todo lo que gusta a esa mitad de la población a la que, además, solo se le ofrece (voluntaria y conscientemente) productos basura. Cuando lo ‘musicalmente correcto’ se reduce a unas músicas obligatoriamente violentas, duras, irritantes y macarras. Es decir, halagadoras para la masculinidad tóxica, es lógico que, al final, solo compre música el consumidor que necesita proyectarse en músicos con ese perfil. A saber, cuatro gatos prematuramente envejecidos y lastrados de complejos desde la adolescencia.

Patricia Godes, periodista, escritora, traductora y conferenciante.

¿Hubo machismo (o si se prefiere decir, patriarcalismo) en la Movida? ¿Brillaron más las figuras masculinas que las femeninas o los gays? Por ejemplo, en la guía sale una entrevista a Pilar Herranz, una Dj que pinchó en Rock-Ola y que nadie había entrevistado hasta ahora.

Patricia Godes. De Pilar no se ha ocupado nadie antes, porque los periodistas que han cubierto la Movida han hecho mal su trabajo.

Más que en el momento, quizás haya habido más machismo después, en la retransmisión historiográfica de la Movida. Mi recuerdo es que la Movida fue una época de gays y de chicas. Los pintores, cineastas y grupos interesantes y divertidos eran de gays y de chicas o de gente más bien cómplice.

Con el tiempo, he caído en la cuenta de que la España rancia y machista de toda la vida seguía ahí, latente pero soterrada, y que despertó de manera explosiva y vergonzosa con el escándalo de Sabrina en la Nochevieja de 1987 (cuando un pecho se le salió de su top). Para mí, ahí terminó la Movida y el espejismo de una España moderna y progresista. A partir de Sabrina (lo he comentado con algunas amigas), las puertas, si  no se cerraron, sí se entornaron para las mujeres. Confundidos de “liberación femenina” se retomaron los viejos papeles de bruja y seductor y volvieron a resurgir los viejos tabúes, aunque con una cobertura de melaza y muchos subterfugios para tenernos contentas a las mujeres.

Me acuerdo de hablar con Nacho Canut en los 90, ya tardíos, y comentar entre risas que al final los “babosos” habían ganado la partida. En algún momento se había dado la vuelta a la tortilla y los grupos que en los 80 eran secundarios por poco innovadores y old school se convirtieron, de la noche a la mañana, en los más recordados.

¿Qué pensáis de estos dos tópicos sobre la Movida: 1. Los grupos eran muy malos y tocaban fatal. 2. Era un movimiento de pijos, de niños bien?

Jesús Ordovás. Yo fui jurado de los concursos de Rock Villa de Madrid desde 1978, año en el que se presentaron más de 60 grupos, entre los que estaban Mermelada, Zombies, Kaka de Luxe, Pene, Trilogía, Madrid 20 o Paracelso, con El Gran Wyoming. Ninguno de aquellos grupos llevaba mucho tiempo dando conciertos y esa inexperiencia se notaba. Aunque guitarristas como Enrique Sierra o Bernardo Bonezzi ya destacaban del resto y lo demostrarían en el futuro con Radio Futura y Zombies.

Pero yo nunca voté por quienes tocaban su instrumento mejor o peor, sino por las ideas que expresaban, como era el caso de Kaka de Luxe o El Gran Wyoming, que no cantaba nada bien, pero que tenía gracia. Ambos ganaron, con gran cabreo del Mariscal Romero, defensor de los grupos de rock que se tiraban horas y horas ensayando para sonar bien. Pero a mí nunca me ha impresionado un guitarrista o un bajista que hace solos, o un grupo que suena muy bien pero que no dice nada interesante. Así que yo siempre apoyé a grupos que, aunque todavía no sabían tocar bien (la mayoría), tenían ideas. Y no tardaron en aprender a tocar. Ana Curra (que sí había estudiado música) me decía que Eduardo Benavente aprendió a tocar la guitarra en una semana.

Por otro lado, el Mariscal Romero y los grupos de rock que se formaron en Vallecas y en otros barrios del Sur de Madrid se empeñaban en decir que los grupos de La Movida eran pijos, poniendo como ejemplos a Hombres G o Mecano. Pero aunque en esos casos tenían algo de razón, Radio Futura, Aviador Dro, Burning, Alphaville, PVP, La UVI, y otros muchos no tenían nada de pijos. Ese simplismo reduccionista y clasista también lo han utilizado algunos revisionistas que nunca pisaron Rock-Ola .Y que incluso se han atrevido a escribir artículos y libros.

Patricia Godes. Los grupos eran malos porque eran principiantes. En Londres las bandas tenían clubs para tocar cada noche durante todo el año y, al cabo de unos meses, eran máquinas de directo, aunque eligieran hacer la música sencilla y machacona del punk. Aquí les llegó el éxito antes de poder llevar a cabo ese aprendizaje, porque no existía esa escena de clubs musicales, ni público para llenarlos. Desgraciadamente, muchos grupos eligieron las cintas de Revox o contratar a acompañantes antes que esforzarse. También es cierto que no tuvieron tiempo porque todo pasó a la velocidad del rayo.

Respecto a la consideración de los protagonistas de la Movida como pijos, tengo que decir que tenemos un gran problema. No exclusivamente en la música, sino en toda nuestra sociedad. En todos los ambientes musicales de los 80 abundaba la gente proveniente de entornos culturales: hijos de profesionales de televisión, cine, actores, dibujantes, libreros, pintores, poetas. Confundir a la pequeña sociedad culta de la época con niños bien significa que consideramos que la cultura es un lujo y que disfrutarla ha de ser exclusivo de las élites. Una de las cosas buenas de la Movida era la reivindicación, en teoría y de hecho, de que siendo joven e hijo de un camionero tenías todo el derecho a parecer un dandy, escuchar a Schoenberg o Juliette Greco y ser amigo de músicos, pintores y cineastas. Porque lo único que contaba es que supieras hablar de Schoenberg y Juliette y apreciar el arte.

Jesús Ordovás, periodista, locutor de radio, crítico musical y escritor.

Diario Pop, el programa de radio de Ordovás, versus Operación Triunfo. Creo que son dos ejemplos que pueden explicar la forma de hacer las cosas y de darse a conocer los grupos antes y ahora. ¿Qué tiene que hacer hoy en día la gente que se quiera dedicar a la música en Madrid y España?

Jesús Ordovás. En los años 80, los grupos que tenían una maqueta o un disco podían ir a Radio 3 y allí eran entrevistados. Ponían sus canciones y, en ocasiones, grababan en los estudios de la emisora. También podían darse a conocer en los muchos programas musicales que había en Televisión Española. Con el paso de los años y la aparición de nuevos canales de televisión se suponía que iban a tener más posibilidades, pero ha ocurrido todo lo contrario. Solamente hay programas tipo Operación Triunfo, en los que todo está controlado por empresas y managers que buscan la comercialidad y la diversión más hueca y chabacana. Sin ningún otro interés más que el éxito y el dinero.

¿Creéis que Madrid ha cambiado mucho en los últimos años o todavía conserva todavía su espíritu, a pesar de los problemas?

Jesús Ordovás. Madrid sigue teniendo una gran cantidad y variedad de bares musicales (muchos de ellos no han dejado de estar abiertos desde los años 80) y locales grandes y pequeños donde sigue viva la llama de la buena música y la diversión. Aunque algunos gobiernos municipales y concejales, como el inefable Matanzo (que intentó matar la Movida sin conseguirlo) hayan ido poniendo todo tipo de trabas y multas hasta obligar a algunos, como el Suristán o La Boca del Lobo, a tener que despedirse de este mundo y pasar a mejor vida.

Patricia Godes. Ha habido varias etapas desde los 80, algunas de mucha crispación callejera relacionadas con las distintas situaciones económicas que ha atravesado la ciudad y el país. Pienso que la excepción al Madrid en el que ni las ratas pueden vivir, fueron los 6 ó 7 años de lo que llamamos Movida. Hay que advertir que la delincuencia callejera era mayor de lo que ha sido después, con delitos característicos como el robo y atraco de cazadoras de cuero y las peleas entre tribus urbanas musicales, como la que acabó con un muerto a la salida de Rock-Ola.

¿Qué ámbitos de la Movida son los que más han sobrevivido al paso de los años (bares, tiendas, salas de arte, discotecas, asociaciones)? Porque mucha gente se hace a la idea de que esta ruta es casi nocturna (centrada en bares y antros). Por ejemplo, el Rastro (que, como dice el libro, fue donde empezó la Movida) ya no existe.

Patricia Godes. En los 80, la mayor parte de los conciertos eran por la tarde. La mitad del año se entraba con luz de día. La música en directo a altas horas es más de los 90. En sitios como Rock-Ola, había muchas veces sesión de tarde y sesión noche, por eso hay tanta gente menor de edad que recuerda haber ido a ver conciertos. Los sitios de copas eran, claro, nocturnos. Personalmente no solía ir, sino más bien frecuentar casas de amigos, antes o después de conciertos.

En la Guía, se habla de muchos sitios que siguen activos con el mismo o diferente nombre, dado que el permiso de un local es difícil de cambiar. Lo que ha cambiado radicalmente ha sido el panorama de la música en directo por la política del ‘pay to play’ (pagar para tocar, ya que impera la práctica de que los grupos alquilen las salas para tocar en ellas) que también ha hecho que el público de los conciertos sea diferente, casi siempre procedente del entorno particular del grupo que les invita.

Respecto al Rastro, yo recomiendo desobediencia civil y volver a abrir los puestos y tiendas. Aunque sea con mascarilla y con las distancias obligatorias.

Ordovás, tú has escrito mucho sobre la Movida. ¿Qué ha tenido de especial este libro, respecto a otros?

Jesús Ordovás. En Esto no es Hawaii (La historia oculta de La Movida) di voz a varios de sus protagonistas: Pedro Almodóvar, Alaska, Aviador Dro, Santiago Auserón y otros muchos. En La Movida madrileña y otras movidas la situé en su contexto cultural, político y social. Ahora, en la Guía del Madrid de La Movida tocaba hacer un trabajo muy necesario, recopilar toda la información posible sobre La Movida (fotografías, entrevistas, anécdotas, etc) en un libro con mapas y rutas ad hoc; donde cualquiera pueda revivir aquellas fiestas, conciertos y locuras en los mismos lugares donde tuvieron lugar.

¿Con qué parte del gran trabajo de elaborar esta guía disfrutaste más y por qué, Patricia?

Patricia Godes. Además de hablar y trabajar con Ordovás y con Laura, nuestra editora, he disfrutado mucho en la Biblioteca Nacional, cotejando recuerdos e imágenes encontradas en Google o con La Guía del Ocio, que se lee en papel porque todavía no está digitalizada.

¿Una consigna o grito de guerra de la Movida que deberíamos recuperar?

Jesús Ordovás. Tal como nos cantó Ian Dury cuando vino a Madrid, la consigna sigue siendo “Sexo, Drogas y Rock & Roll “; o, como decían los Hermanos Marx, ¡Más madera!

 

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