Acerca de mí

Cuando estudiaba en la Universidad Complutense de Madrid, un profesor de redacción periodística me dijo que la carrera no era lo mío y me pronosticó que nunca iba a ser una buena profesional. No dudo que su sentencia no me impactó (sino, no estaría ahora recordándola), pero un maestro que daba sus clases al dictado y que alardeaba de suspender a la mayoría de la clase, no era para tomárselo muy en serio. Ni siquiera a esa edad tan frágil.

He estado tentada de hacer en este apartado lo que el empresario y escritor Albert Riba llama ‘currículum fracasional’. Es decir, un repaso a todos los fracasos que uno ha tenido a lo largo de su carrera profesional. Vamos, lo contrario a Linkedin. Pero para entender esta idea hay que cambiar primero el tradicional significado de la palabra fracaso y verla con otros ojos. En el striptease de la existencia, nuestros errores son como esas prendas de las que vamos despojándonos hasta acabar en pelotas, y mostrarnos como realmente somos. La directora de una revista femenina para la que trabajé, y que tuve la desgracia de sufrir, me dijo un día que se encontraba en modo maternal: “Rita, ser buena periodista y escribir bien no es tan importante. Lo suyo es conocer gente y tener amigos. Vivimos en el país de las comiditas”. ¡Cuánta razón tenía!

Hay, en este proyecto, un deseo de hacer un periodismo lento, tranquilo, elaborado, como ya apunta la nueva corriente del slow journalism. Al margen del sistema de producción chino (mucha cantidad y poca calidad) que vive por y para los clicks, y que me recuerda a esa escena de una película de los hermanos Marx en la que se destroza una locomotora al grito de “¡más madera!”, para poder ir más rápido. ¿Nadie ve que si rompen el tren nunca podrán llegar a su destino? Y, por supuesto, están también esas ganas de escribir y hacer esos temas que a los periodistas nos entusiasman y que  proponemos tantas veces a los jefes con la única respuesta: “es que, no lo veo”; en esta profesión que Gabriel García Márquez definió como “el mejor oficio del mundo”.

Para los que quieran un currículum algo más al uso les diré que, a pesar de los pronósticos de aquel profesor, logré licenciarme en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. A lo largo de mi carrera he colaborado en cabeceras como El País, (S Moda, El Viajero), La Guía Repsol, Tapas, Vogue, GQ, Port Magazine, Marie Claire, Elle (revista en la que trabajé como jefa de sección durante seis años), Woman o Faro de Vigo, entre otras.

Se leer, escribir y las cuatro reglas y puedo hacerme entender en buena parte del mundo (hablo cuatro idiomas). A lo largo de mi vida, he trabajado y compaginado el periodismo ( ese oficio tan vergonzosamente mal pagado) con numerosas actividades: camarera, limpiadora, kitchen porter, encuestadora, dependienta de sex shop, profesora de español e inglés. La más estúpida de todas: contar coches en plena calle. En todas ellas he aprendido valiosísimas lecciones. Y también creo firmemente en lo que apuntaba el periodista, historiador, escritor y poeta, Ryszard Kapuscinski, cuando decía “para ser buen periodista, hay que ser buena persona”.

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